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Reportaje especial
Panamá, miércoles 21 de febrero de 2007
 

POLÍTICA PARTIDISTA.

Carlos, el restaurador

810019Miguel Cossío

El ex presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari, quien sueña con restaurar al PRI, llamó a los editores de Milenio, que abrió sus páginas al debate, y publicó un largo artículo que, bajo el pretexto de construir puentes entre Cuba, México y Estados Unidos, le plantea al gobierno de Felipe Calderón la necesidad de regresar a la tradicional política priista de complicidad con el régimen de La Habana: callar y no condenar.

Carlos, el restaurador, asegura que la lejanía de México con Cuba obedece a la ignorancia y sumisión a Estados Unidos de Ernesto Zedillo y Vicente Fox. Sin mencionarlos, escribe: "El apoyo y el respeto hacia la autodeterminación de Cuba trasciende posiciones políticas domésticas: se ubican en el contexto de la batalla a favor de nuestra soberanía. Entre 1995 y 2006 la política exterior de México respecto a Cuba [...] cambió radicalmente hacia la pretensión de intervenir en los asuntos internos de la nación caribeña".

El texto de Salinas no coloca el debate en el terreno de los principios, sino que realiza una interpretación sesgada de la historia, conforme a su conveniencia política.

Cabría preguntarse por qué Salinas escribe ahora desde su exilio interior. Existen por lo menos tres razones fundamentales.

 Pagar una deuda histórica contraída con Castro en 1988, cuando el dictador cubano le otorgó el plácet como presidente electo de México, por encima del fraude electoral denunciado por el izquierdista Cuauhtémoc Cárdenas, hijo del ex presidente Lázaro Cárdenas y antiguo protector de Castro. Ese voto virtual fue decisivo para congelar durante años a la izquierda mexicana.

Pagar también una segunda deuda con Castro. Fue éste quien entre 1995 y 1998 le ofreció refugio cuando tuvo que huir de México y se convirtió en una suerte de apestado errante entre La Habana y Dublín.

En 1998 le pregunté al ex presidente José López Portillo la razón del calvario político de Carlos Salinas. Aún se le culpaba por la crisis económica y financiera de México de 1994, y su hermano Raúl Salinas pasaba los días en la cárcel, acusado de asesinar a su ex cuñado José Francisco Ruiz Massieu, secretario general del PRI.

López Portillo me respondió que Salinas había cometido un craso error al tratar de sustituir a las clases política y financiera del país por tecnócratas y especuladores. El levantamiento armado del EZLN en Chiapas y el asesinato de su escogido sucesor, Luis Donaldo Colosio, echaron abajo en 1994 el castillo de gloria que como presidente había pretendido construir.

 La tercera explicación me la dio el ex canciller Jorge Castañeda: es un intento de restauración ideológica del PRI. "Algunos priistas y sus aliados del PRD creen que es el momento de dar una batalla por el alma de Felipe Calderón. Quieren arrancar por lo que cambió Fox y, en menor medida Zedillo, en materia de política exterior. ¿Qué mejor ideólogo que Carlos Salinas de Gortari, el último gran presidente autoritario de México? Felipe tiene convicciones democráticas a favor de los derechos humanos. Pero está sujeto a muchas presiones".

A mi juicio, Salinas aboga por una política hipócrita de no intervención en los asuntos de Cuba, desechando el dato de que el más flagrante acto de intervencionismo de México hacia Cuba ocurrió con la expedición armada del yate Granma, bajo la anuencia tácita del presidente Adolfo Ruiz Cortines y con el patrocinio indirecto de Fernando Gutiérrez Barrios, quien fue secretario de Gobernación del propio Salinas años después.

La doble moral y el abuso de verdades a medias del ex presidente contrastan con el hecho de que fue él, y no Ernesto Zedillo ni Vicente Fox, quien abrió en 1993 las puertas de Los Pinos a Jorge Mas Canosa y a Carlos Alberto Montaner, dos figuras del exilio cubano. Carlos Alberto fue testigo del desprecio intelectual de Salinas hacia Fidel Castro. En presencia de su asesor, José Córdoba, Salinas se burló del vaticinio absurdo hecho por Castro sobre el inminente colapso de Estados Unidos

A pesar de todo, uno puede entender la posición del articulista Carlos Salinas de Gortari, un hombre sin muchos principios democráticos, que ahora se presenta como el más antinorteamericano de los mexicanos y defensor de una Cuba soberana. Se acerca la elección del presidente de su partido, el PRI, y no es difícil adivinar que la ex embajadora en la isla Beatriz Paredes es su candidata.

Vaya oportunidad para recordarle a Salinas lo que su sucesor, Ernesto Zedillo, le dijo a Fidel Castro en la cara, el 17 de noviembre de 1999 durante la IX Cumbre Iberoamericana en La Habana: "No puede haber naciones soberanas sin hombres ni mujeres libres; hombres y mujeres que puedan ejercer cabalmente sus libertades: libertad de pensar y opinar, libertad de actuar y participar, libertad de disentir, libertad de escoger esas libertades, que sólo se alcanzan en una democracia plena''.

Firma Press. El autor es periodista



 
 
 
 
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