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Reportaje especial
Panamá, miércoles 21 de febrero de 2007
 

CARNAVALES 2007. OPINIONES DIVIDIDAS.

Lo que quedó de la rumba veraniega

La ubicación de toldas y culecos resultó larga para los asistentes y mal dispuesta para los vendedores.

La seguridad hizo un balance positivo de los sucesos de violencia: ‘Nada que no se pudiera controlar’.

LA PRENSA/Ana Rentería
NEGOCIOS. Algunos vendedores tuvieron que pagar 10 dólares para ofrecer sus productos en la vía Transístmica. 810231
Carolina Proaño Wexman
carolinap@prensa.com

Terminaron los carnavales y en la ciudad el aire huele a cerveza, basura y vómito. Ayer martes, último día de la rumba, el ambiente insalubre y fétido de vía Transístmica a las 10:00 a.m. contrastaba con el sabroso aroma de las ollas del sancochódromo, que se preparaba para recibir a los comensales. De mariscadas, saus, yuca y chorizo, además de cerveza y seco, se compuso el resto del menú carnavalesco.

Pero los cientos de puestos ubicados desde la Cervecería Nacional hasta la Caja de Ahorros no tuvieron la misma suerte en la venta. "Nos ha ido muy bien, increíble" repetían los dueños de los apostados cerca de toldos, tarimas o culecos. Pero los que estaban alejados o a la mitad del camino entre los puntos importantes, se quejaron contra la Junta del Carnaval pues, a su juicio, "debió haber rotado de lugar los culecos y toldas para darles la oportunidad a todos los vendedores, porque la gente que está en la tarima no va a caminar tres cuadras para comprar una cerveza".

La mayoría de los rumberos interrogados coincide en que los culecos y la tarima estaban muy separados. Alberto Salazar, padre de familia, se quejó porque "hay que caminar mucho y así no dan ganas". Y agregó Doricelys Castro, "menos con niños pequeños, se cansan de una vez". Pero a algunos les resultó buena la vía Transístmica, "porque es más amplia".

Además, muchos vendedores tuvieron problemas con la seguridad del Carnaval porque "les pedíamos –explica un policía– que no vendieran carne en palito por orden de la organización. Muchos no hacían caso".

La fila para entrar a los culecos, por otra parte, fue interminable, no por lo larga sino por lo lenta, ya que se revisaba a los asistentes hasta sus partes íntimas. Pero a ellas, que estaban de short minúsculo y bikini, y a ellos, que esperaban ansiosos la mojadera, no parecía importarles el atrevimiento de los policías y mucho menos la presencia, en medio de las filas y de pie desde la mañana, de dos esperanzados jóvenes de la congregación Primer Ministerio Mundial en Marcha, que le advertían con un cartel a la acalorada y "pecadora" muchedumbre que "los ojos del Señor te están observando".

(Vea Culecos, karma de los pies)



 
 
 
 
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