| NEGOCIOS. Lamentos y maldiciones es lo que les quedó a los vendedores.
‘Si Minghtoy viene, la linchan’
Vendedores de comida y licor que pagaron cupos en la ruta del Carnaval se quejan de que les mintieron.
A los vendedores no se les permitió la carne en palito, porque era un arma potencial, pero sí hubo balas.
| LA PRENSA/Víctor Arosemena |
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| ASEO. Aunque había botes de basura cada 10 metros en la ruta del Carnaval capitalino, los visitantes prefirieron botar la basura en la calle. Las brigadas de limpieza laboraron de forma permanente.810209 |
Lucero Maldonado
lmaldonado@prensa.com
Son las 7:30 de la mañana del martes de Carnaval y el primer turno de limpieza de la ruta en la Transístmica lleva hora y media intentando recoger una alfombra de confeti. El viento lo lleva y trae a su antojo junto con el olor a orines que se despierta con el asfalto caliente.
A pocos metros, los baños portátiles son una náusea constante pero justo a su lado, algunos preparan la comida.
Dentro de los pequeños toldos roncan los vendedores sobre cartones en el piso. Otros han instalado una carpa de camping sobre la acera.
Los vendedores
Entre los que amanecieron sin dormir cuidando lo que sería su "minita de ingresos", hay caras largas y quejas por doquier: "no me dieron ni la tolda ni la tina de la cerveza", dice Ernestina Chacón. "En la cervecería Nacional me dijeron: fue al azar, no le tocó, y me dieron el celular de Hernán Linton, el encargado, pero no responde".
Este diario contactó a Linton, pero dijo que por teléfono no daría ninguna declaración.
Ernestina tuvo que comprar una tolda y comenzar a vender para recuperar su inversión de 800 dólares: un medidor de luz 80 dólares; 150 para la junta de Carnaval; 10 a los bomberos; 10 a la Tesorería Municipal; Aseo 6; Ministerio de Salud 5 y 40 por dos carnés (salud y manipulación de alimentos), más lo que vendería. Aunque Ernestina porta dos carnés de salud, a un metro de su improvisada tolda (diseñada para ser enterrada en césped y que ella sujetó con piedras a la calle), una docena de baños portátiles a 25 centésimos por "cada necesidad", le dañó la venta.
Para no pagar "el cuara", los visitantes decidieron usar un muro adyacente a los baños para aliviar los efectos fisiológicos del alcohol. "Hombres y mujeres, hasta 10 al mismo tiempo andaban en esas", según relataron sus dos hermanos que la ayudaban, y por supuesto la gente les decía que no quería comer ahí. "Y es que esto nos pasó a varios; si Mingthoy [Giro, presidenta de la Junta del Carnaval] viene, la linchan", afirmó.
El lunes, dos policías vinieron a cuidar el muro-baño. ¿Sirvió el reclamo de Ernestina? "Yo no reclamé, pero como orinaban por fuera y perdían los 25 centésimos, los llamaron".
Como primeriza en esta vuelta, para ella las fallas fueron: había muchos puestos y el lunes permitieron la entrada de vendedores ambulantes; no dejaron vender carne en palito porque era un arma (se intentó poner la carne en palos de paletas pero no gustó), y no se les explicó que la propia Cervecería sería su competencia.
Aquí no trabajaremos más
"Mingthoy nos mintió", dice Jazmina Morán, dueña de un cupo, quien se quejó porque cambiaron la ruta de la reina. Lo mismo alegó Atanasiades Sánchez. Según ellos, en la reunión de los compradores de cupos con Mingthoy, ella indicó que las carrozas irían desde Plaza Edison hasta El Ingenio, "pero arrancaron desde Felipe Rodríguez. Por aquí no pasaron y eso nos perjudicó".
Y para comenzar el baile con el pie izquierdo, el sábado se fue la luz desde las 8:00 p.m. hasta las 5:00 a.m. en los puestos cercanos a la tarima principal, contó Daniel Morán.
Con gesto de preocupación, el vecino de puesto, Atanasiades Sánchez, mostró la factura de compra de 3 mil 195 dólares entre cerveza y agua: "No he vendido ni la mitad de esa suma y hoy es el último día".
Frente al puesto de Victoria Imendia sí pasaron las reinas "pero no las vio nadie". Le daba tristeza ver que, de día, cuando pasaron las carrozas, solo estaban los vendedores y algunos visitantes.
Ella tomó un cupo para apoyar a sus hijos (estudiantes de medicina y arquitectura) que querían ser emprendedores. Según Imendia, la organización del Carnaval falló porque "la ruta fue muy larga; por la ubicación no hubo afluencia de turistas; el cargo del medidor y el permiso de luz fue costoso; hubo cambios en las entradas y largas filas; y nadie dijo que cobrarían los baños".
(Vea Cuando una escoba es la pareja del baile)
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