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Reportaje especial
Panamá, miércoles 21 de febrero de 2007
 

POLÍTICA.

¿Oposición?

810296Carlos Guevara Mann

Usted, apreciado lector, va a tener que explicarme la conducta de la oposición política, porque no la entiendo. En una democracia, la oposición ejerce dos funciones esenciales: la orientación ciudadana y la fiscalización de las actividades del gobierno. Ese es el modelo democrático que, procedente de la tradición inglesa, imbuyó los sistemas políticos inspirados por el liberalismo. Su propósito es prevenir el abuso de poder, evitar los errores en la formulación y ejecución de las políticas gubernamentales y mantener y promover las libertades ciudadanas.

Son funciones esenciales, nada despreciables. En nuestro país, sin embargo, pareciera que a los llamados "políticos" sólo les interesa el botín: si no están en el poder para repartirse sus recursos, permanecen más mudos que el Muñeco durante su reciente paseo al septentrión.

Tenemos en Panamá cinco partidos de oposición: cuatro han sido reconocidos por el Tribunal Electoral (Panameñista, Molirena, Unión Patriótica, Cambio Democrático) y el quinto, Vanguardia Moral de la Patria, está por alcanzar su cuota de inscripción. En teoría, cinco agrupaciones deben ser más que suficientes para poner en jaque las tropelías del gobierno. En la práctica, sin embargo, el país arde mientras los dirigentes opositores-como Nerón-tocan la flauta.

Son contadas las excepciones a este deplorable patrón. El ex presidente Endara y Ricardo Martinelli han sido permanentes críticos de la gestión perredista. Algunos miembros del Partido Panameñista y Molirena efectúan pronunciamientos oportunos y fiscalizadores. Sin embargo, en ninguno de ambos casos la estructura partidaria funciona para llevar a cabo las importantes tareas que les competen a los partidos opositores.

Ejemplos hay tantos que ni vale la pena repasarlos. En los días previos al Carnaval, el presidente y los dos vicepresidentes se ausentaron del país, lo mismo que el alcalde del distrito capital. Dejaron el país en manos de una presentadora de televisión, célebre por su incompetencia en el ejercicio de las funciones públicas que antes le ha encomendado su compinche, una que sin ser elegida manda a diestra y siniestra. El país, pues, quedó al garete, mientras quien recibió un mandato popular para dirigir los destinos nacionales por cinco años nos comprometía a sabe Dios qué en el extranjero. ¿Quién se quejó? ¿Qué partido se pronunció ante esa insólita situación? Sólo Ricardo Quijano, de Cambio Democrático (La Prensa, 16 de febrero). ¿Dónde estaban los diputados, concejales y "líderes" de la oposición? Carnavaleando desde temprano o proyectando los ingresos por ventas de licor durante los festejos de Momo.

Ante un acontecimiento tan grave como la imposición del Código Penal, cuyas inconveniencias han sido ampliamente expuestas, correspondía a los partidos de oposición formar un frente sólido para frenar las arbitrariedades del gobierno. Nada hicieron: es más, algunos diputados opositores ni asistieron a los debates en la Asamblea. (Habría que exigir un recuento de votos para ver quiénes votaron a favor y quiénes en contra.) Como resultado, está por convertirse en Ley de la República un proyecto de contenido dañino, sobre todo en lo que a protección de las libertades ciudadanas respecta.

¿Y qué del viaje del presidente a Washington? Si no es por la acuciosidad de Betty Brannan (La Prensa, 15 de febrero), nadie se habría enterado de la presencia del señor Torrijos en el Departamento de Defensa. ¿Por qué no le ha exigido la oposición al gobierno que explique qué acordó el presidente con el secretario Gates? ¿Por qué no han demandado los diputados opositores la presencia del canciller y la ministra de Gobierno en la Asamblea, para que aclaren los pormenores de esa visita?

Nada de eso les importa a los dirigentes de la oposición. Francamente, parece que no tienen la menor idea de cómo debe operar una democracia. Es más, carecen hasta de lo que en el ambiente criollo se llama "olfato político". Para hacerlos partícipes del desprestigio gubernamental-o sea, para terminar de descalificarlos-el PRD se ha dado a la tarea de convocarlos, cada cierto tiempo, a falsas "mesas de diálogo" o a la casa presidencial. Todos corren, como chiquillos atraídos por un caramelo, a la presidencia cuando de allá reciben un llamado telefónico.

Señores (y señora) de la oposición: en las democracias, los mandatos provienen únicamente de la ciudadanía. Y la ciudadanía no los ha elegido a ustedes para que "cogobiernen" ni participen en conciliábulos en la presidencia o en mesas de diálogo controladas por el PRD. Ustedes tienen funciones muy específicas: las de fiscalizar y orientar. ¡Comiencen a ejercerlas!

El autor es catedrático de Ciencias Políticas



 
 
 
 
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