| VALORES DE LA SOCIEDAD.
Madres y padres
Roberto Arosemena Jaén
La comunidad humana es el resultado de mujeres y hombres decididos a mantener la estirpe actuante y pensante más evolucionada de los seres vivientes.
Panamá es una comunidad humana con esas mujeres y esos hombres. Quiero recordar, ahora que tanto se publicita la corrupción, la incapacidad y el enriquecimiento indebido, a Fermín Azcárate Crespo, a María Lombardo Grimaldo y a Marta Stella Clemant de Vallarino. Tres personalidades que se construyeron en base a su esfuerzo personal, a su entusiasmo mental y a las circunstancias transformadoras en que les tocó vivir. Los tres son panameños de muchas generaciones que existieron a lo largo del siglo XX y que murieron en la primera década del XXI.
Cada uno diferente: María, una maestra que ya en 1930 era señalada por el editorialista del Panamá América como una luchadora por la justicia y la moral pública, y en 1999, con cerca de 100 años me exigía acompañarla a votar en las elecciones populares. Fermín, un pensador que ya en 1942 recibía el premio Ricardo Miró con la novela Vida y a finales del 2006 publicaba su última antología, Panamá, su andar por el tiempo. Marta Estella, una madre de familia que ya en la década de los cincuenta caminaba por el viejo barrio de San Felipe educando a los niños y a las niñas, junto a las mujeres de la Acción Católica y todavía, entrado el año de 2007, seguía caminando para exterminar el maligno flagelo del cáncer.
Los tres tenían fe en la vida mejor, los tres creían que el mundo podía llegar a ser el reino de Dios y los tres participaban de la heroica expectativa de pertenecer a una patria grande, digna y soberana.
Fermín era el teórico de la verdadera historia de la nación panameña. De ese pueblo que surge de la unión de sangre y de cultura desde los tiempos de Santa María La Antigua del Darién y que tiene sus dos momentos emblemáticos, uno el 28 de noviembre de 1821 y otro el 9 de enero de 1964. Esas dos fechas por la independencia y la soberanía nacional resumen el proyecto histórico y político de los panameños. Proyecto traicionado por la falsa historiografía inventada por el país que se hace llamar Colombia desde 1886 y repetida servilmente por los historiadores del patio. Por este auténtico esquema historiográfico vivió y murió el sabio Azcárate.
María era la mujer panameña que llegó del empobrecido Coclé, en la primera década del siglo XX, se educó de maestra y luego en los cuarenta llegó a ser licenciada de la Universidad de Panamá. Levantó la bandera de la libertad de enseñanza frente a los gobiernos de turno. Fue despedida del Ministerio de Educación en 1941 y en 1951. La primera vez se negó a pagar el 5% de su salario al partido gobernante. Consideraba que esa práctica nefasta de los gobiernos liberales debió ser erradicada por Arnulfo Arias, ya que formaba parte del programa político de Acción Comunal. Luego en el período torrijista, volvió a adquirir notoriedad por sus incisivas y persistentes cartas enviadas a los ministros de Gobierno y Justicia.
Marta Stella es un personaje que no necesita mayores señalamientos de un amigo personal que le daba seguimiento a sus labores sociales y que recibía de su parte apoyo moral en las actividades políticas donde participaba. Siempre se identificó con mi mamá y mis tías, amigas de su activismo en pro de las actividades sociales y comunitarias de la Iglesia católica. Por esos vínculos antiguos recibí a Marta Stella como parte de la familia Jaén y Jaén. Admiré su intensa emotividad en todas las iniciativas que llevaba a realización. Más que una mujer de ideas fue una mujer de realizaciones. Su patria era importante, pero más importaba lo que ella podría ofrecer. Tenía a su familia y tenía a su hijo Alberto a quien veía como un potencial para contribuir con el bienestar de la nación panameña. En esta dimensión de participación no pude acompañarla. Los asuntos de la política son más complejos que los asuntos familiares. Con todo, Marta Stella era un espíritu grande que sabía hacer diferencias entre sus intereses y el respeto a las decisiones de los demás.
La patria se forja del hierro de estas personalidades que no cayeron en la tentación del desánimo ni en la indiferencia del que aprende a jugar vivo.
El autor es abogado
|