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Reportaje especial
Panamá, miércoles 21 de febrero de 2007
 

Ideas de liderazgo

Las adicciones no prohibidas

810016David Fischman
negocios@prensa.com

OPINIÓN. Imagine que ha trabajado arduamente en un proyecto importante para su empresa, con plazos muy cortos y muchos obstáculos. Ha dedicado los fines de semana ‘de su familia’ para poder cumplir su meta con las justas. ¿Qué pasará después? Si usted es como muchos ejecutivos, buscará desesperadamente otro proyecto para continuar trabajando con urgencia.

Según Stephen Covey, la urgencia es una adicción común en las empresas. Vivir en urgencia tiene consecuencias negativas como estrés, desbalance y angustia.

Pero, como toda droga que genera adicción, también tiene una serie de gratificaciones. Nos hace sentirnos útiles, necesarios e importantes, y nos ayuda a escapar y olvidar realidades duras, como conflictos personales y problemas familiares. Otra adicción es la televisión. Una estadística revela que un niño pasa 14 mil horas estudiando en el colegio en primaria y secundaria. En ese mismo período pasa 18 mil horas viendo televisión.

Ver televisión en exceso destruye nuestra imaginación y capacidad de crear. Nos convierte en espectadores pasivos, mermando nuestra iniciativa. Finalmente, la televisión transmite, generalmente, violencia y miedo. Sin quererlo, asistimos a ‘clases’ de valores negativos a través de la programación. Otro ejemplo es el de los juegos electrónicos. Niños y adultos pasan horas enfrente del computador entrenándose para matar.

Cada vez las muertes tienen más realismo, muestran sangre y permiten oír gritos de sufrimiento. Nuevamente, en estos juegos, se refuerza la violencia y el miedo.La adicción de moda es internet. Adultos y niños pasan horas conectados a la red. Internet puede ser una herramienta educativa y de investigación extraordinaria, pero los sitios más visitados son los de entretenimiento y pornografía. Finalmente, existen otras adicciones destructivas no tan generalizadas en la sociedad, como la adicción a comprar –especialmente ropa para sentirnos valorados y queridos–, o la adicción a socializar; cuando sentimos la imperiosa necesidad de ir de comida en comida conversando con ‘la gente’.

Todas estas adicciones nos llevan a buscar nuestra felicidad fuera de nosotros. Son un mecanismo de escape cuando no queremos mirar adentro. Nos convertimos en seres dependientes de objetos o terceras personas para ser felices. Es como tener una mina, donde el cobre está en el exterior, pero el oro está a más profundidad. Nos podemos entretener explotando el cobre, pensando que es lo mejor que podemos conseguir, sin profundizar en nuestra mina para encontrar el oro que hay en el interior. Andamos por la vida con muletas y sillas de ruedas para caminar. Pensamos que las necesitamos y que sin ellas no podríamos movernos. Pero la realidad es que tenemos la capacidad de caminar y hasta correr, sin depender de objetos externos. Lo mismo nos ocurre con las adicciones que he mencionado. Pensamos que nuestra felicidad depende de ellas, pero es una ilusión.

Lo peor de todo es que descuidamos a nuestros seres queridos por la adicción.Cuentan que un joven encontró que una de sus vacas estaba suelta, sin la soga que la amarraba. Al no encontrar la soga, fue a buscar consejo de su padre. Éste le aconsejo amarrarla imaginariamente al establo y actuar como si tuviera la soga. El hijo así lo hizo. Al día siguiente, la vaca sin soga seguía donde la amarró imaginariamente. Cuando soltó a todas las vacas que estaban realmente amarradas, la única que no se movía era la vaca con la soga imaginaria que, en su mente, pensaba que todavía seguía amarrada.Muchas veces los seres humanos somos así. Estamos amarrados por sogas imaginarias, a una serie de adicciones destructivas. Tenemos que romper estas ataduras mentales y buscar adentro nuestro la verdadera felicidad.

El autor es miembro de Beyond Leadership Group y vicerrector de Innovación y Desarrollo de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas www.leadercli.com



 
 
 
 
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