| BUSH EN URUGUAY.
La otra América
Danilo Arbilla
Repentinamente el presidente George W. Bush se enteró que América Latina también existe.
En su último discurso sobre el estado de la Unión, en enero pasado,no la citó ni una vez y en los cinco anteriores mensajes solo lo hizo en el de enero del 2001; el anterior al 11-S. El propio subsecretario para la región, Thomas A. Shannon admitió poco después que no se debería esperar del presidente una "gran iniciativa" hacia al continente latinoamericano.
Sin embargo, en estos días se anuncia para marzo próximo un periplo presidencial que incluirá Brasil, Uruguay, Colombia, Guatemala y México. El presidente Bush quiere que el 2007 sea "un año de compromisos" con AL y de "trabajar juntos" con los nuevos líderes políticos de la región, según fue la explicación de Nicholas Burns, subsecretario de Estado adjunto para Asuntos Políticos.
Hay analistas que lo ven como un intento para contrarrestar la influencia de Chávez y éste, por supuesto, no la deja pasar: afirma que esa gira tiene como propósito "aislar a Venezuela" y ya de paso aprovecha para hablar de la "mano asesina, la garra ensangretada del imperio…".
¿Y cómo le irá a Bush con esta iniciativa? ¿Logrará algo o sólo conseguirá aumentar el desprestigio que ha acumulado a lo largo de su gestión?
Para empezar, en Uruguay, donde permanecerá menos de 48 horas, del 9 al 11 de marzo, el PIT-CNT, la poderosa y progubernamental central de trabajadores, prepara un gran acto de masas, bajo la consigna de "Fuera Bush", para repudiar su presencia en el país. Juan Gómez, alto dirigente de la Central, opina que Bush es un "genocida" que viene al Uruguay para "pescarlo" del resto de Latinoamérica y porque está muy preocupado por el "papel de Venezuela en el continente".
Al que le va a resultar difícil desempeñar su papel de anfitrión es al presidente uruguayo, el izquierdista Dr. Tabaré Vázquez. Su ministra de Desarrollo Social, Marina Arismendi, calificó al mandatario norteamericano de "excecrable, asesino y belicista", sin que ello mereciera observación o aclaración alguna por parte del Gobierno. Arismendi insistió y dijo no estar arrepentida de lo expresado, y además el Partido Comunista, al que representa en el gabinete de Vázquez, emitió un comunicado en el que identifica a Bush como el "Hitler del siglo XXI".
Según lo que se sabe, Bush no pisará la capital uruguaya durante las treinta y pocas horas que estará en el país. Será alojado en la residencia de campo de la presidencia, a unos 250 kilómetros de Montevideo. Allí verá a algunos ministros, -no a todos y menos a aquellos que no pueden disimular la antipatía que le tienen, que son varios-, y abordará con Vázquez los temas de interés común a ambos gobiernos, e incluso, si hay tiempo, es posible – ya que comparten la misma afición- que vayan un rato a pescar.
Con este programa -que motivó un editorial del semanario Búsqueda titulado "Escondiendo a Mr. Bush"- se evitarán disturbios y malos ratos o visiones para el visitante y su comitiva.
Parece difícil que Bush saque algún rédito de esta visita. Más allá de las declaraciones y los "compromisos" que se expresen, es muy aventurado pensar que la realidad y el tiempo confirmen los entusiasmos del flamante embajador estadounidense Frank Baxter, quien en alguna medida hace acordar a su colega John F. Maisto, cuando era embajador en Caracas al comienzo de la era Chávez.
Bush -con el argumento de que se trata de una visita "oficial" pero no "de Estado"- no irá a la Suprema Corte de Justicia ni al Congreso, donde, sin dudas, tiene más amigos que en el Gobierno. No se sabe aún si tendrá algún contacto con su viejo amigo, el ex presidente Jorge Batlle, a quien ayudó mucho durante la crisis financiera que azotó al Cono Sur en el 2002. Batlle, quien en estos días acusó al gobierno de Vázquez de no respetar las leyes ni la constitución, debería interesarle al visitante como "otra campana" para oír.
En principio este hecho sirve para mostrar los desaciertos o apresuramientos de la política de EU en la región y a la vez las contradicciones y ambigüedades del Gobierno uruguayo cuya imagen resalta positivamente cuando se le compara con los de Kirchner y Chávez, pero que está muy lejos de acercarse al de Chile, como a veces lo hacen aparecer algunos analistas y colegas.
El autor es periodista
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