| SOCIEDAD.COMERCIANTES DE LA ZONA PIDEN MÁS SEGURIDAD.
El sobreviviente barrio chino
En la calle Carlos A. Mendoza, donde el calendario tiene 13 lunas y huele a pato asado, los comerciantes chinos siguen aferrados a la época gloriosa en la que el barrio era próspero y seguro.
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| Las nuevas generaciones ya se fueron. Los más viejos se quedan compartiendo la nostalgia del barrio. 808461 |
Eliana Morales Gil
José Quintero De León
panorama@prensa.com
No es tan grande ni glamuroso como el de Nueva York, pero el barrio chino de Panamá tiene su propio encanto.
Es un pedacito de Oriente incrustado en el corregimiento de Santa Ana, que durante décadas ha luchado por sobrevivir. Allí donde el calendario tiene 13 lunas y donde el olor a pato asado impregna el ambiente, los viejos comerciantes no se rinden ante una época marcada por la tecnología y los centros comerciales.
Tampoco les importa que los edificios de la Carlos A. Mendoza empiecen a languidecer y que sus nuevas generaciones comiencen a partir.
Aurelio Chen, por ejemplo, ha sido testigo de las buenas y malas épocas del barrio donde ha estado durante los últimos 28 años. Es el dueño de Casa Chen, un negocio que es punto de referencia en la zona y que tiene toda la magia y el misterio de Asia.
BUENA PRIMERA
Sin aire acondicionado ni anaqueles lujosos, en la tienda de Chen se consigue desde semillas de lotus hasta las más exóticas porcelanas chinas. Por estos días, las puertas del lugar están vestidas con poemas en mandarín que hablan de mejores tiempos y una primavera feliz y próspera.
Tan próspera como en la épocas en que los chinos se dieron cuenta de que su fuerte no estaba en las faenas de la construcción del ferrocarril de Panamá y empezaron a sembrar hortalizas en las afueras de la ciudad para venderlas en el mercado. El negocio fue tan exitoso que se mudaron a las viviendas aledañas, y así el sector se fue llenando de abarroterías, restaurantes, lavandería y barberías. Así nació el barrio chino, ese que está entre la Avenida B, Salsipuedes, la avenida Eloy Alfaro y la calle Carlos A. Mendoza.
Todo eso está en la memoria de Chen, hijo de uno de esos migrantes que llegaron al país en busca de fortuna, a comienzos del siglo XX.
–¿Y qué espera del Año del Cerdo?
–Más seguridad para el barrio, dice Chen con voz amable y brillo en los ojos.
Seguridad es también lo que espera Manuel Chong, un joven de 25 años que trabaja en la rosticería Mey Mey, el negocio de su padre, que está a pocos a pasos del templo Yan Woo, donde se venera a Kuan Kung, que según la tradición popular china es el protector de los inmigrantes, Dios de los medicamentos y resuelve las dificultades. Chong hace parte del escaso grupo de jóvenes que queda en el barrio. La mayoría ahora está en El Dorado, donde los negocios florecen a medida que la comunidad crece.
Más adelante, en la peluquería Nueva China, Kelvin Choa espera el turno para cortarse el pelo. "El año nuevo está por llegar y hay que esperarlo como debe ser", dice mientras le sirve de traductor al dueño del negocio que se llama Chang, pero que asegura que a veces le llaman "Michel".
Las tijeras de Michel no descansan. Con la llegada del Año del Cerdo los clientes se multiplican. En las aceras del viejo barrio, donde hay entre 20 y 30 comercios, los transeúntes se toman su tiempo para escoger nabos frescos, que simbolizan buen augurio, los mejores pescados, para la abundancia, los fideos chinos para la larga vida y la cebollina para la eternidad.
Pero en la calle aún permanecen la Casa del Té, la Casa Juan Sui, el Nuevo Hung Sheng, el té del Dr. Wang, la mayorista Sung Wah, la Clínica del Dr. J. Chial, y otros, que se niegan a mudarse a El Dorado.
Aurelio Chen cree que el cerdo le traerá mejor suerte al barrio, tanto así que hoy espera con ansias al dragón que bailará frente a sus comercios para llamar a los buenos espíritus. Luego se despide con una frase occidental que incita a regresar. "Choi kin", (hasta la vista) y ríe.
El cerdo de fuego traerá la paz
A pesar de que no será fácil, astrólogos chinos predicen que la paz se consolidará.
Ayer, domingo 18 de febrero, comenzó el nuevo año lunar para muchos millones de chinos en todo el mundo. Según su calendario, es el año 4704 que corresponde, según el zodiaco chino, al del cerdo de fuego o jabalí.
En las calles de China y Taiwan predomina el rojo, los farolillos y letreros en las puertas de los negocios, así como calendarios con la efigie del cerdo. Los letreros indican "buena suerte" y "primavera", en tanto que el color rojo busca asustar a Nian, el demonio del año nuevo.
La costumbre es limpiar muy bien la casa, lavar la vajilla, botar los trastes inservibles para esperar un año limpio y próspero. Si se puede, se pagan las deudas y los caballeros aprovechan para cortarse el cabello. En la cocina, las mujeres harán platillos especiales, pues se trata de una fiesta que promete paz y prosperidad.
En el viejo Barrio Chino de Santa Ana, como en el nuevo de El Dorado, se presenta una delegación de estudiantes del Centro Cultural Sun Yat-sen, quienes interpretan las danzas del león y del dragón, tan espectaculares y tan coloridas para ahuyentar los malos espíritus, acompañados del tañido de platillos de metal y de tambores, sin dejar por fuera los estallidos de cientos de cohetes.
‘Kun-hsi’, felicitaciones
Según astrólogos chinos, el Año del Cerdo parece que traerá la ansiada paz para algunos países que están en conflicto. En vista de que el cerdo es un proveedor del hogar, aseguran que este año se percibirá una tendencia a acomodarse, a equilibrarse, a nutrirse, a dar o a recibir ayuda. Quienes nacieron bajo el signo del cerdo (1911, 1923, 1935, 1947, 1959, 1971, 1983, 1995 y 2007) son fuertes, impulsivos y leales; dinámicos, pasionales y enérgicos. Aconsejan darle libertad a personas que dependen mucho de ellos y a regular la ayuda generosa que le dan a todo el mundo.
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