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Reportaje especial
Panamá, lunes 19 de febrero de 2007
 

TERRoRISMO.FAlTA DE LIBERTAD DE EXPRESIÓn.

Myanmar: dictadura y sonrisas

Una brutal junta militar aterroriza a la población desde hace 45 años; se trata de un territorio aislado.

La oposición democrática fue la ganadora de los comicios, pero los militares nunca transfirieron el poder.

DPA/ Thomas Roettin
Sonrisas por doquier. La amabilidad es una de las grandes características de los habitantes de Myanmar.809431
YANGÓN, Myanmar / DPA

Hay un país en el que uno de los pasatiempos favoritos de los turistas es contar las sonrisas de los lugareños, posiblemente los hombres y las mujeres más amables del planeta.

Es la misma nación en la que una brutal dictadura aterroriza a la población desde hace 45 años. Se trata de un territorio tan aislado, tan contradictorio, que ni siquiera su nombre está claro para el resto del mundo que sepa de su existencia, claro.

El Estado que antes era Birmania y ahora se llama Myanmar es un lugar tan exótico que los hombres visten faldas, las mujeres llevan los negocios, casi todos salen a la calle con maquillaje blanco en la cara y casi nadie sabe cuál es la capital del país.

"¡Yangón! por supuesto. ¿Cuál otra?", responde, erróneamente, la inmensa mayoría de los ciudadanos consultados. Tal es la falta de información que circula dentro de las fronteras que casi nadie se enteró todavía de que la enorme Yangón (la ex Rangún) dejó de ser la capital en diciembre de 2005, cuando el Gobierno definió entre sombras que, desde entonces, su sede administrativa sería Pyinmana, una discretísima ciudad del centro geográfico.

SINOPSIS

Una breve sinopsis de la realidad socio política de Myanmar ofrece datos horrorosos: una abominable junta militar controla el país desde 1962. Y en estos últimos 45 años, el Gobierno sólo permitió que se realizaran elecciones generales una vez, en 1990.

La oposición democrática fue la arrolladora ganadora de los comicios, pero los militares no sólo nunca transfirieron el poder, sino que además inhabilitaron, detuvieron, desterraron o asesinaron a más de cien políticos civiles elegidos.

No hay que ser un estadista para comprender que pudo tratarse de una táctica de la junta para identificar a los cabecillas opositores y deshacerse de ellos. De hecho, la birmana más famosa, Aung San Suu Kyi, Premio Nobel de la Paz en 1991, aún sigue detenida en su casa de Yangón.

La condena del mundo occidental es total. En 2003, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, anunció un embargo absoluto, por lo que las empresas de tarjetas de créditos y bancos debieron salir del país.

En 2005, el primer ministro británico, Tony Blair, aprobó el boicot turístico al país.

Y en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, los organizadores les prohibieron la entrada a los representantes del Gobierno birmano que querían ingresar a Grecia.

SOBREVIVENCIA

Si Myanmar aún sobrevive con respirador artificial es porque sus vecinos India y, en especial China, miran con ojos voraces sus reservas submarinas de petróleo, al parecer las más significativas de Asia.

También son significativos los ingresos por la venta de opio: Myanmar es el segundo exportador del planeta, sólo superado por Afganistán.

Su otro podio mundial no es más halagador: según datos de 2004, comparte junto a Chad y Haití el segundo puesto en los mayores índices de corrupción, sólo superado por Bangladesh.

"Para nosotros, los turistas son como estrellas en la noche. Sólo esperamos que una parte de esa luz nos ilumine un poco", expresa un birmano anónimo en Bajo el dragón, un libro escrito por Rory McLean, y que sintetiza magníficamente la armoniosa relación entre sus compatriotas y los pocos turistas que aterrizan en Yangón (que, por otra parte, como las fronteras terrestres están cerradas, constituye casi la única manera de ingresar a este enigmático y aislado país).

TURISMO Y POLÍTICA

"Nosotros nos referimos a los extranjeros como invitados", explica otro de los ciudadanos que aceptan hablar a cambio de no divulgar su nombre auténtico. "Nos fascina recibir gentes de otros países, nos hacen muy felices. Por eso, cuando vemos algún viajero en la calle, los saludamos con alegría", agrega.

Pero de política no se puede hablar ni siquiera bajo condición de prometer el anonimato del interlocutor: "Es muy peligroso. Y aparte, ¿qué podemos decir de nuevo? Ustedes, los extranjeros, ya saben lo que pasa aquí".

LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Porque, además de la total falta de libertad de expresión, las penurias se multiplican: en las grandes ciudades, la luz eléctrica suele funcionar sin sufrir más de uno o dos apagones diarios.

Pero en los pequeños pueblos no hay más de cuatro horas de electricidad por día.

¿Internet? Es casi un milagro encontrar un locutorio en Yangón (directamente imposible en el norte del país), aunque de encontrarlo tampoco servirá de mucho, ya que no se puede chequear hotmail, yahoo ni gmail. La censura es absoluta.

Y aunque no se distinguen los niveles de miseria insoportable que pueden verse con facilidad en la contigua India, la pobreza en Myanmar es crónica.

Pese a todo, si se tratara de una competencia deportiva de sonrisas, los birmanos golearían a los europeos con pasmosa facilidad. La gente no se desespera por necesidades materiales (imposible satisfacerlas) y el budismo, omnipresente, ayuda a desapegarse de las cosas.

DATOS DEL PAÍS

. SITUACIÓN: El Estado que antes era Birmania y ahora se llama Myanmar es un lugar tan exótico que los hombres visten faldas, las mujeres llevan los negocios, casi todos salen a la calle con maquillaje blanco.

. SOCIOPOLÍTICA: Myanmar ofrece datos horrorosos: una abominable junta militar controla el país desde 1962.

. EXTRANJEROS: Algunos locales incluso reaccionan con sonoras carcajadas cuando se cruzan con un extranjero; incluso, en el aislado norte los turistas suelen ser tratados como celebridades.



 
 
 
 
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