| GOBERNABILIDAD.
¿Es Venezuela una democracia?
I. Roberto Eisenmann
En un artículo publicado por La Prensa este 13 de enero, el analista político costarricense Óscar Álvarez explica con meridiana claridad que para definir si un país es democrático o no, hay que distinguir claramente entre el acceso democrático al poder (elecciones) y el ejercicio democrático del poder.
Sin duda que la Democracia es inconcebible sin elecciones libres y pluralistas, pero esto no basta para categorizar a un país como democrático. Recordemos que Adolfo Hitler y Alberto Fujimori llegaron al gobierno a través de elecciones democráticas, al igual que lo ha hecho Hugo Chávez Frías; lo importante es si posterior a las elecciones existe un ejercicio democrático del poder. Este ejercicio democrático depende del pluralismo ideológico que, tal como lo describe Álvarez, "se caracteriza por el respeto, la tolerancia, la libre expresión de las distintas ideas, doctrinas, creencias, valores y opiniones". ¿Es el cierre de un medio electrónico de información -por difundir opiniones contrarias a las del gobernante- un ejercicio democrático del poder?... y cuando el sistema interamericano llama la atención sobre la violación de ese derecho fundamental, ¿es un ejercicio democrático el llamar "pendejo" a su Secretario General por "entrometerse en asuntos internos", ignorando que en materia de los derechos humanos fundamentales ya es aceptado universalmente que no existen fronteras?
¿Es un ejercicio democrático del poder mantener un Órgano Legislativo controlado en un 100% por el Ejecutivo, y además lograr que le aprueben legislar por Decreto Ejecutivo y permitir la reelección indefinida?... ¿es un ejercicio democrático del poder hacer listas de los que votaron en contra del gobernante para hacerles imposible el ejercicio de su ciudadanía independiente?... ¿es un ejercicio democrático del poder que los órganos Judicial y Electoral estén 100% controlados por el Ejecutivo?... ¿fue un ejercicio democrático del poder el haber podido despedir al vicepresidente días después de las elecciones y sustituirlo con el presidente del Tribunal Electoral? No. Venezuela, a pesar de la indiscutible victoria electoral de Hugo Chávez, no se puede considerar Democracia; tengámoslo bien claro. Además, ¿tiene posibilidades Hugo Chávez de sustituir a Fidel Castro como líder de la Revolución Socialista de las Américas?... creo que pocas. Recordemos: Fidel Castro, figura mítica, hace una revolución con un puñado de hombres contra una cruel y sangrienta dictadura batistiana. Hugo Chávez procura dar un golpe militar a un gobierno democrático elegido por el pueblo… y luego llega al poder como víctima de un sistema político corrupto e insensible, por la vía electoral. Lo de Fidel, gústenos o no nos guste (y yo soy de aquéllos a quienes no nos gustó), fue una verdadera y legítima Revolución; lo de Hugo Chávez es más bien un revolcón de retórica para justificar una neodictadura. Su "popularidad" en el continente es únicamente resultado de su "diplomacia de chequera" (al buen estilo de Taiwan); no hay tal lealtad de ideas y abrazos de "hermanos", sino una interesada mano extendida por la necesidad. Sabemos todos que la limosna no produce sino odios al final del camino.
Si Hugo Chávez fuera sincero en su "camino al Socialismo" lo haría acentuando la democracia venezolana que en su momento histórico fue ejemplo en las Américas. Lo haría ampliando el pluralismo, la libertad de expresión, la participación… asegurando la separación de poderes y dedicando al Estado a levantar ese 40% de la población que es pobre, que fue precisamente lo que ocasionó el fracaso de los políticos tradicionales hoy desaparecidos. En vez de Socialismo, Chávez plantea una agitada carrera hacia un pasado ya comprobadamente fracasado. Existe hoy en Venezuela una Oposición nueva y fresca que logró el apoyo electoral del 40% de la población, con un liderazgo claro que merece respeto y consideración, importante elemento en un legítimo y real "camino al Socialismo".
Pero desafortunadamente para Venezuela y para el continente, pedirle Socialismo Democrático a un autócrata es como pedirle peras al olmo.
El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana.
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