Bienvenidos al país de la sordera política. Donde lo que se dice no tiene nada que ver con lo que se hace. Donde el discurso y la práctica son veredas opuestas. Llena la boca de palabras como democracia, libertad y desarrollo, se nos promete un país del primer mundo con política tercermundista; se atrae a inversores y se cambian normas jurídicas sin consultas; se habla de participación ciudadana y se legisla a punta de madrugonazos y ‘fiestazos’.
El año ha empezado mal en ese sentido. Las disposiciones del Código Penal que se cocinan en la Asamblea son peligrosísimas para la libertad de expresión, y no hacen otra cosa que reforzar la coraza que garantiza la corrupción y la impunidad. Todo un retroceso patrocinado por el PRD, al que, por identidad de objetivos, se le han unido diputados opositores.
Los políticos cuentan con que el Carnaval nos hará olvidar por unos días esta escenificación patética, pero no puede significar que abandonemos la lucha por un sistema político más limpio y más moderno. Si lo hiciéramos, quedaríamos en manos de personajes que, claramente, solo se representan a sí mismos. |