| UNA PRIORIDAD PARA LA BUENA SALUD.
Verano, siesta y funcionarios
I. Roberto Eisenmann, Jr.
De todos los cientos de artículos de opinión que he escrito desde que hice mis pininos como articulista en 1980, el artículo que más comentarios produjo no tuvo nada que ver con aquellos a los cuales les dedico mucho tiempo cerebral sobre la política, la sociedad, el pasado, el presente y el futuro de nuestra nación, sino aquel que escribí sobre la siesta hace ya muchísimos años.
Yo, como ya es sabido, no perdono la siesta (sobre todo si es en hamaca)… y ahora que entró la sabrosa brisa norte del verano, la siesta en mi monte adquiere una prioridad tal que recurro a las inventadas más allá de la tradicional del mediodía. Son ellas la siesta pos-desayuno, la pre-almuerzo y la pre-cena. Tengo una mesita al lado de mi hamaca preferida donde siempre habitan cuatro o cinco libros variados, un marcador amarillo (siempre leo marcando por mi pobrísima memoria)…. y no tengo mucho más que pedirle a la vida. Me levanto luego de cualquier siesta, siempre motivado por alguna idea presentada en alguna forma más clara (dicen que la originalidad es sólo una presentación diferente de viejas ideas ajenas), entonces paso a mi "Pensarium" donde me dedico a escribir con la esperanza de que alguien como usted me lea y que la gotita cayendo constante sobre la roca algún día produzca los cambios deseados.
Pues bien, los médicos gringos, siempre los de más avanzada tecnología, hace algunos años "descubrieron" que la siesta es buena para la salud. ¡¿habrase visto semejante descubrimiento de la tecnología médica moderna?!
Lina Vega, esa buena amiga periodista de La Prensa, me envió hace algunos días una nota de EFE escrita desde Bangkok, Tailandia. Dice así: "la administración de Bangkok, la capital de Tailandia, fomenta la siesta entre funcionarios durante la jornada de trabajo, al comprobar que esta típica costumbre española mejora su rendimiento laboral. A eso del mediodía y por turnos los funcionarios capitalinos pueden echarse la siesta, que suele ser de unos 30 minutos, en un dormitorio especialmente habilitado del edificio público.
En el dormitorio, donde los teléfonos celulares están prohibidos, una música relajante y velas aromáticas ayudan a los empleados a conciliar rápidamente el sueño. Según el jefe del Distrito Metropolitano la experiencia de la siesta está aumentando la capacidad de trabajo de los funcionarios y contribuye a reducir errores por la falta de concentración. Especial atención a la siesta le han dado a los conductores del servicio público de transporte con el fin de reducir el riesgo de accidentes".
Siempre he pensado que los restaurantes tendrían un éxito multiplicado si para las horas pos-almuerzo pusieran a disposición de sus comensales un Salón de hamacas.
En lo que se refiere a buena parte de nuestros funcionarios burocráticos, para ellos deberíamos –a la inversa de como ocurre en Bangkok– establecer unas dos horas al día que podríamos llamar de "trabajo intenso", porque las otras seis pareciera que ya las dedican a la siesta muy nuestra: aquella en que se duerme con los ojos abiertos.
Y Ud... ¿qué piensa de esto, amigo lector(a)? … (puede pensar en una respuesta una vez terminada la siesta).
El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
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