| DE PRINCIPIOS Y VALORES.
Idolos de Barro…
Daniel R. Pichel
dpichel@cardiologos.com
Debemos enseñar a nuestros hijos que la vida avanza basada en ilusiones… Son esas mismas ilusiones las que nos empujan a trazar caminos y nos permiten alcanzar metas. Dependiendo de qué tan estructurado sea nuestro pensamiento, podremos considerarlas a corto, mediano y largo plazo o simplemente verlas como la fuerza que nos mantiene en movimiento hacia nuestro destino. Si no tuviéramos ilusiones ni sueños, sería aburridísimo limitarnos a existir para solo transitar por este planeta durante algunos años (un período infinitesimal si pensamos en lo que representamos en la historia). Han sido quienes se han trazado metas ambiciosas, los que han propiciado los más importantes avances en todas las ramas del conocimiento. Por eso, hay que tener expectativas "altas" (pero realistas) que nos mantengan "empujando la carreta" hasta el día que le toque a los demás evaluar nuestro tránsito por aquí y sus verdaderas consecuencias.
"El alma", como le llaman algunos, puede entonces ser vista de muchas maneras. Los creyentes piensan que es algo etéreo que tomará su camino hacia un lado u otro del "eje de la y" basado en lo que ha sido nuestra conducta terrenal. Otros, la entendemos de manera más pragmática como la bitácora que queda una vez que "pateamos el balde". Si lo merecemos, estaremos en un "cielo" que consiste en esa opinión positiva que se tendrá de nosotros. El infierno, será lo contrario. La ventaja de este método es que permite que cada quien esté "arriba o abajo" (otra decisión arbitraria) según quién lo analice. Por eso, es que casi nunca escucharemos a nadie decir: "seguramente mis padres están quemándose en el infierno". Así, no debemos tener la menor duda de que la mujer de Pinochet (por usar un ejemplo reciente) piense que su querido Augustito está sentado a la derecha (o en el regazo) de "su señor", mientras muchos otros creemos que seguramente estará echando una partida de dominó con Franco, Saddam y Milosevic mientras disfrutan el calorcito de una chimenea industrial. Ah, pero como el ser humano siempre encuentra una manera de solucionar sus problemas "saliéndose por la tangente" existen también la "misericordia" y el "perdón" que se convierten en las herramientas perfectas para que todo el mundo, por malo que haya sido mientras lo aguantaron sus contemporáneos, pueda acceder al "paraíso" al margen de que todos estemos convencidos de que, "por sus méritos y ejecutorias", debiera pasarse la eternidad hirviendo entre la yuca y el ñame de un buen sancocho, mientras Lucifer les ajusta el punto de sal.
Pero, para no desviarnos de la idea, muchas de esas ilusiones y metas que nos trazamos están matizadas por personas que conocemos (o de quienes nos enteramos) durante nuestra vida y que nos permiten diseñar lo que será nuestro "libreto" y lo que consideraremos bueno o malo. A veces, estos role models son un familiar, un amigo, un personaje de la historia, un maestro, un socio o simplemente una de esas personas que se cruzaron en nuestra vida por pura casualidad, pero que dejaron una huella permanente. En ocasiones, sin darnos cuenta, nuestra admiración llega a ser tal que olvidamos sus defectos y les "perdonamos" fallas menores porque sus principios y valores están muy por encima de esos deslices mundanos que no tienen importancia diluidos en su mar de bondades.
Pero, así mismo, existe la contraparte o "role model negativo". Ese es muchas veces tan importante (o incluso más) que el otro. Suelen ser igualmente: familiares, personajes, profesores, socios o "contactos casuales" cuyas conductas y valores son tan diametralmente opuestas a lo que aprendimos como correcto que representarán justamente "lo que no queremos ser". Pueden ser bolas de protoplasma que ponen el dinero y los valores materiales muy por delante de los principios éticos (si es que alguna vez supieron qué es eso), gente que viola reglas y traiciona a cualquiera con tal de alcanzar sus objetivos o incluso quienes demuestran con sus acciones que no existe el respeto, la amistad ni la confianza pues, si la situación lo amerita, se pisará a quien haga falta con tal de alcanzar una meta. Son aquellos que presumen con orgullo el haber dejado a su paso un cementerio donde yacen todos aquellos que "osaron" ponerse en su camino.
Pero a veces, -como decía Pedro Navaja- "la vida nos da sorpresas" y estos dos personajes se encuentran, convirtiéndolo a uno en testigo circunstancial del evento. Aunque sea difícil de aceptar, se aprenden importantes lecciones. El resultado de ese encuentro es impredecible y nos permite conocer realidades que muchas veces nos sorprenderán. Lo que uno da por descontado es que el "ídolo" actuará según lo que damos por un hecho: Pondrá sus "valores primordiales" y "principios" que lo convirtieron en nuestra "imagen a imitar" como su estandarte, sin importar lo que diga o piense nadie. Lo triste es cuando, en contra de lo esperado, los ídolos simplemente dan la espalda y pretenden hacer ver que las cosas no son tan terribles o, lo que es aún peor, justifican o defienden lo que siempre criticaron. La consecuencia inicial es una gran desilusión que, a la larga, nos permite comprender que no todo lo que brilla es oro. Así mismo, nos tocará muchas veces enfrentarnos a la disyuntiva de ver si torcemos nuestro camino para aceptar algo que no nos complace pero "nos conviene" o si simplemente reacomodamos a la gente y comprendemos que hay ídolos dorados gracias a una finísima capa áurea que, apenas los sometemos a una leve prueba de resistencia, muestran la verdadera materia prima.
Pero lo realmente importante (y la lección que debemos dejar a nuestros hijos) es que los principios y valores básicos que se aprenden y "fijan" desde pequeños no deben dejar nunca de ser nuestra brújula. El mejor legado que podemos dejar a nuestra descendencia es un apellido "limpio" que no produzca sonrisas, expresiones o muecas irónicas al ser mencionado.
Todo esto, sin importar cuántas veces nuestros "ídolos de barro" nos defrauden y nos hagan recordar que no todo es lo que parece.
El autor es médico cardiólogo
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