| TRANSPORTE PÚBLICO.
Reto para enfrentar de manera integral
Mitzela Ángel
El desarrollo experimentado por Panamá en los últimos años ha puesto a este país cara a cara con nuevos retos. Se trata de un desarrollo espectacular, y seguramente coincidiremos en que, por la misma razón va exigiendo, cada día, nuevas formas administrativas, nuevos enfoques, y que, lejos de paliativos temporales o habituales remendones, requieren de soluciones integrales.
El transporte público es uno de esos retos, expuesto con dramatismo sobre la mesa del Estado, después que en un bus de la ruta Mano de Piedra-Corredor perdieran la vida, el año pasado, 18 personas, entre la agonía y el espanto que supone un incendio del que no se puede escapar.
Pero el hecho en sí terminó por resumir una serie de deficiencias de las que otrora han hablado un sinnúmero de articulistas, radiocomentaristas y hasta programas de opinión en los canales de televisión: el exceso de pasajeros, el estado mecánico de los buses, las relaciones contractuales entre conductores y transportistas; las rutas que cubren, la excesiva velocidad y el trato descortés que se brinda a los pasajeros, en fin, un número plural de anomalías que demuestran que el transporte público no puede seguir siendo administrado de la misma manera que lo ha sido hasta ahora.
Por ejemplo, los buses de transporte público no pueden seguir siendo una amenaza en la vía para los autos pequeños, cuyo número ha crecido considerablemente. No pueden seguir siendo una amenaza ni por cuestiones de velocidad ni de tamaño. Conversaciones sostenidas con un número plural de conductores, hombres y mujeres, dan cuenta del espanto que provoca un diablo rojo en Vía España, cuando, en su afán por alcanzar una luz verde en el semáforo, incrementa su velocidad y, sumado al peso que tiene, pasa de manera rotunda junto a cuatro por cuatro, un sedán o uno de estos últimos modelos de miniautos, que si bien ahorran gasolina, parecen un patíbulo con ruedas. Solo el golpe de aire del "diablo rojo" mece a su antojo al miniauto.
A ello habría que sumar la cuestión del medio ambiente. Sé que en su mayoría los conductores han experimentado la desesperación que provoca un auto situado en la parte delantera, con tubos de escape defectuosos, echando humo por todos lados. Parece el Apocalipsis sin derecho a respirar. ¿De qué herencia hacia las futuras generaciones se puede hablar en esas condiciones?, ¿qué clase de pulmones les estamos regalando a los ciudadanos?
No preciso una medida, pero cualquiera que tomen las autoridades, no puede, no debe ser a medias. Las propuestas en tal sentido deben consultar el conjunto de irregularidades que se desprenden de un modelo agotado, y que por demás pone en juego la salud colectiva de la ciudadanía. Claro que en esa toma de decisión debemos participar los ciudadanos, pero aquellos que han sido elegidos, precisamente para velar por asuntos como este, tienen la obligación de garantizar que el nuevo modelo de transporte público en Panamá verifique de manera integral señalamientos como los hecho anteriormente.
Un tema como este no incluye solo a Panamá. En América Latina, dado el crecimiento de nuestras economías y nuestras poblaciones, se experimenta cada vez con mayor urgencia la necesidad de estos cambios que, parciales, no ayudan, sino que agravan los problemas. Varios son los países que tienen planteado este reto. No importa la medida que se tome, si es integral, seguramente que podremos vencer este desafío de la mejor manera.
La autora es ciudadana panameña
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