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Reportaje especial
Panamá, jueves 18 de enero de 2007
 

CUANDO ES DEMASIADO TARDE.

La exhibición de las mujeres maltratadas en los medios

Griselda López

"Me va a matar, él me ha dicho que me va a matar".

Me cuenta un reconocido comunicador y estudioso del tema que una mujer insistentemente llegó a una corregiduría panameña, con este estribillo, durante días y semanas denunciando el maltrato y la amenaza a que era sometida, pidiendo auxilio y protección. Las autoridades la escucharon cansados por la retahíla, hasta que un día les llamó la atención su ausencia. En efecto, su compañero cumplió con la amenaza: la asesinó sin importarle las consecuencias ulteriores.

¿Cuántas mujeres no han elevado este grito desesperado sin ser escuchadas? Sabemos el resultado cuando la noticia sale en los medios.

¿Es suficiente la presentación de una mujer que en su corta vida ha acumulado una serie de agresiones marcadas ferozmente en su cuerpo ante los medios de comunicación, amenazada ante el público, y las autoridades por su compañero, quien, además, persiste y persistirá hasta cuando cierre el ciclo de violencia que él mismo inició con un desenlace fatal para su víctima?

¿Es suficiente la presentación ante las cámaras de una mujer que cuenta el abuso a que fue sometida, violada y además expuesta ante los medios que reiteran una y otra vez su sufrimiento y además la exponen a la burla de su comunidad? Los medios no solo tienen el deber de informar a la población acerca de la violencia contra la mujer, sino estimular al debate público sobre el tema y darle seguimiento a casos que han tenido una relevancia y saber cómo la justicia actuó al final. Es preocupante que la estadística de las mujeres maltratadas en Panamá, asesinadas por sus compañeros sea mucho mayor que la de España.

La violencia presentada en los medios puede llegar a mucha gente, en tanto que la violencia real posiblemente no. Los medios pueden emplear muchos recursos artificiales para aminorar o amplificar sus efectos emocionales y sociales. Hay que ejercer el periodismo investigativo, darle seguimiento al drama cotidiano que viven miles de mujeres y no quedarse simplemente en la enunciación de la noticia.

Las diversas modalidades de agresión y abuso contra la mujer se ven expresadas diariamente en los hogares panameños atravesando el círculo de la violencia que, en la mayoría de los casos, suele dejar una o varias víctimas, círculo en donde hijos, hijas y familia quedan dolorosamente atrapados.

Estas agresiones se agudizan por crisis generadas debido a marginalidad, pobreza, bajo nivel educacional, desórdenes conductuales y problemas de autoestima del victimario. Es bueno señalar el patrón patriarcal que impone determinadas conductas sociales a los seres humanos, así como que las leyes y normas de convivencia han sido por décadas creadas para la supremacía del hombre sobre la mujer.

A veces uno escucha con alarma decir a algunos hombres, autoridades entre ellos, que los hombres también son maltratados de una forma ligera e irresponsable. Es cierto. Pero hay un problema de estadística, de números de casos, de cantidad de asesinatos, de mujeres heridas o mutiladas, que nos indican que este es el sector que más abusos recibe.

Por otro lado, el abuso y el maltrato contra la mujer afecta enormemente no solo su salud, sino también la de sus hijos o personas de su entorno. Un número cada vez mayor de estudios acerca de la salubridad indica el aumento de los efectos negativos de la violencia en la familia. Pero ya no es válido decir, "yo sé que él la maltrataba" y no denunciarlo. Existen los recursos para ello, sin que el o la denunciante se vea involucrado/a. Es un deber social proteger a nuestros semejantes.

Nosotros, los periodistas, debemos desarrollar nuestra empatía, ponernos en el lugar de esas mujeres, darnos cuenta de las consecuencias que el hecho de exponerlas públicamente por buscar el rating suele ocasionar en las mujeres humildes. Pongámonos en el lugar del otro y de la otra. El asunto no es solamente de ética, sino de sensibilidad, de moral y salud pública, de solidaridad humana, de simpatía y empatía, de hacer nuestra la causa de los atropellados y atropelladas, y de la cantidad de niños y niñas huérfanos que quedan a la vez, sin padre y sin madre.

La autora es periodista



 
 
 
 
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