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Reportaje especial
Panamá, viernes 12 de enero de 2007
 

TRÁNSITO.

Reglamento nuevo: ¿para qué?

Jaime Maduro

Como de costumbre, en Panamá esperan a que haya una tragedia para luego actuar. Hemos tenido, desde que el general Torrijos tuvo la brillante idea de quitarle los buses a compañías serias y darle los buses a sus choferes, el peor sistema de transporte del mundo. Ellos han sido tan negligentes e irresponsables, que han causado, no solo pérdidas de vidas, sino un sistema que ha colapsado.

El que tiene que usar un bus, sabe que va a ir incómodo, inseguro y en la mayoría de los casos, sudando copiosamente, además de tener que aguantar el ruido de la tronera, la corneta y el sistema de sonido. Los que no los usamos, tenemos que aguantarnos las troneras y cornetas todos los días y a toda hora.

Por falta de vigilancia policial, los conductores, tanto de transporte público, como privado, hacen lo que les venga en ganas. Cruzan líneas dobles, no hacen el alto, se pasan luces rojas, van en contra de la vía, no obedecen señales muy claras de no girar hacia cierta dirección, en fin, un caos.

El tránsito, bajo nueva dirección, produce un nuevo reglamento. ¡Qué bien! Pero a los distinguidos diputados les importa tres pepinos el problema y posponen la discusión hasta el mes de marzo.

Con todo lo que las autoridades han dicho, cualquiera espera que haya policías, tanto de tránsito como regulares por todos lados poniendo boletas a los que incumplan los reglamentos. Pero, por supuesto, brillan por su ausencia. Usted los ve cuidando reparaciones de calles o eléctricas, a veces dirigiendo el tráfico (lo que hacen es causar más tranques), o parados bajo la sombra viendo para cualquier lado, menos para la calle.

Con la nueva licencia, dicen, podrán controlar las boletas y quitarle puntos a los conductores. Pero si ni siquiera pueden cobrar los millones que tienen de morosidad, ¿cómo van a cobrar las nuevas boletas que pongan, si es que las ponen?

Las autoridades hablan de penalizar al que hace ruido. La pitadera que se produce cada vez que el tráfico es lento o se detiene, es insoportable. Todavía no he visto a una autoridad multando o llamando la atención.

Las intenciones son buenas, pero sin coordinación y verdaderos deseos de solucionar el problema, seguiremos igual.

Yo, generalmente, soy optimista, pero me cuesta mucho serlo en este caso. Espero estar equivocado.

El autor es jubilado



 
 
 
 
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