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Reportaje especial
Panamá, viernes 12 de enero de 2007
 

¿QUÉ ESTÁ PASANDO EN PANAMÁ?

Un grito de alarma...

Horacio Bustamante

Cuando se llega a Panamá y se mira hacia abajo por la ventanilla del avión, el espectáculo que se presenta ante los ojos del viajero hace pensar que se está aterrizando en una ciudad del futuro. Esos gigantes de cemento que siguen aumentando día a día, creando miles de apartamentos, son el eco de un conglomerado de hombres de negocios, turistas y jubilados extranjeros que han escogido nuestro país para invertir, visitar o retirarse por las numerosas ventajas que les ofrece.

Pero quienes llegan a Panamá no tardan en darse cuenta que si bien nuestra capital es una de las más avanzadas de América, en lo que a desarrollo habitacional se refiere, es también una de las más atrasadas de nuestro continente por su infraestructura vial y su desorganización total en el transporte y el tránsito urbano.

Basta saber lo que nos espera cuando todas las mañanas salimos a la calle. Innumerables tranques ocasionados por conductores irresponsables, quienes bloqueando cruces y vías sin ninguna educación, se sienten dueños y señores de las calles.

Demasiados cruces sin semáforos, aparatos que técnicamente están fabricados para regular la circulación y cuya ausencia obliga a los guardias de Tránsito a reemplazarlos sin poder ocuparse de los infractores ni ponerles las boletas que tantos se merecen.

Buses que debieran estar fuera de servicio por su estado lamentable circulando a cualquier velocidad, con ruidos ensordecedores y emanaciones de gases que envenenan el ambiente.

Pasos de cebra casi inexistentes y huecos en las calles que nadie denuncia ni nadie repara.

¿Como es posible que no haya más preocupación en un tema tan grave como este si se tiene en cuenta que los límites de nuestra capital y su superficie son siempre los mismos para un parque vehicular de 600 mil unidades motorizadas y una entrada de alrededor 40 mil vehículos al año, según las últimas estadísticas?

La imponente masa de rascacielos que va a elevarse sobre una ciudad paralizada es el contrasentido más absurdo que se puede imaginar.

Pero no sigamos con esta lista amarga y más bien hablemos de las soluciones.

En primer lugar, para descongestionar la capital y evitar el caos a corto plazo, hay que hacer algunas obras viales.

Como se ha hecho en muchas ciudades del mundo, hay cantidad de aceras que se pueden angostar sin expropiar ninguna propiedad privada. La vía España tiene varios tramos a lo largo de toda su extensión. Una gran solución son los pasos elevados como el de Punta Paitilla o el de San Miguelito y que serían de gran descongestionamiento en cruces como el de Calle 50 con Vía Brasil. Si bien ya se contempla algo de esto en el presupuesto de 2007, Dios quiera que se cumpla.

Pero hablemos del transporte urbano, la más importante solución para que nuestra capital se convierta en una ciudad que nos favorezca a los ojos del mundo y que sea una de las más bellas y modernas de América.

Desde 1998 se vienen haciendo estudios en este sentido que en ese entonces no progresaron porque el Gobierno de turno prefirió darle prioridad al Puente Centenario y no a la modernización de nuestra capital.

Sin embargo, cuatro opciones eran las posibles para el Transporte en Panamá. Estas eran: Los buses articulados, el tren ligero, el monorriel y el metro. Este último quedó casi descartado por el alto costo de su construcción.

La preferencia se le atribuyó al tren ligero por sus múltiples y excelentes ventajas.

El tren ligero tiene una infraestructura cuya utilidad se estima de 100 años con una durabilidad de más de 30 años. Reúne las condiciones de ser silencioso, limpio, y al desplazarse con energía eléctrica no contamina el ambiente como los transportes a base de combustibles, produciendo ingresos por la no emisión de carbonos por períodos de hasta de 20 años, según el Acuerdo de Kioto.

El tren ligero supera en calidad a los buses y puede competir con otros sistemas en el precio del pasaje, pues el costo de la inversión de la operación y el mantenimiento del tren ligero es menor que la misma de los buses. También se puede planear su incorporación al actual sistema de buses.

El tren ligero tiene una capacidad que puede sobrepasar los 250 pasajeros y puede llegar de la periferia de Panamá al centro de la ciudad en la mitad del tiempo que el bus articulado.

Tras estas consideraciones, cabe señalar que una vez instalado el tren ligero se pueden aplicar en nuestra capital lo que se ha efectuado en Santiago de Chile que son dos de las razones que han convertido su tránsito vehicular en uno de los más fluidos del mundo. En primer lugar, la licitación de gran número de calles para los buses atribuyéndoles permiso de circulación a aquellos que ofrecen mejores buses nuevos o usados, con pasaje más barato y con mayor frecuencia de paso.

En segundo lugar, la prohibición de circular un día en la semana a los vehículos cuyas patentes terminen en dos determinados dígitos. Esto no perjudica a quien le toca su día de restricción, pues para desplazarse tiene el tren ligero y una buena red de buses y los taxis que ese día no tengan restricción.

Es necesario que este tema sensibilice a las autoridades competentes y lo consideren como un asunto técnico vital descartando toda filosofía o política que pudiera trabar la instalación del tren ligero. Se trata también de establecer un equilibrio social que le dé a la clase humilde, que se desplaza por nuestra ciudad con tanto sacrificio, una mejor calidad de vida en un transporte decente como siempre se ha merecido.

Finalmente, como panameño, ex embajador de Panamá y gran amigo de su padre, el general Omar Torrijos Herrera, quiero hacer una llamado especial al señor presidente de la República de Panamá, señor Martín Torrijos E., para que se le dé gran prioridad al tema que acabo de tratar por la calidad de vida de sus habitantes, la modernización de nuestra capital y la grandeza de Panamá.

El autor fue embajador de Panamá



 
 
 
 
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