| CONTRAPUNTO.
Los lobos de ayer, ¿ovejas hoy?
Luis A. Sánchez M.
Antes de entrar en materia es preciso aclarar que no es mi intención polemizar con nadie al escribir estas palabras, muy por el contrario, espero contribuyan positivamente a corregir los problemas, injusticias y desigualdades que diariamente ocurren en Panamá. Probablemente habrá quienes me tilden de rencoroso y/o revanchista al leer estas líneas, sobre todo por dirigirme de manera directa y tajante a la persona quien motivó a que me decidiera a escribirlas. Sin embargo, confío en que sabrá aceptar mis planteamientos con la madurez y humildad con que todo buen ciudadano debe hacerlo cuando es sujeto de una crítica constructiva.
Así, pues, quiero referirme al artículo Injusticias y parásitos de la política, escrito por el Dr. Francisco Sánchez Cárdenas, publicado por este diario el pasado 4 de enero de 2007. En principio deseo manifestarle al Dr. Sánchez que concuerdo plenamente con él cuando plantea que "No hay nada más duro y suave, transparente e infranqueable a la vez que la verdad". Por lo tanto, considero que las cosas deben decirse como son, cuando son, de frente y a quien sea. No importa si es mi hermano o mi hijo, o el vecino o mi compañero de trabajo, sea quien sea debe ser criticado, eso sí, constructivamente, cuando cometa errores y elogiado cuando tenga aciertos. La verdad siempre debe prevalecer, pues como dice el adagio "La mentira es coja y pronto se alcanza". En ese sentido creo conveniente aclarar que no debe tener usted dudas sobre su derecho a opinar; como bien usted lo define ese es un derecho por el que lucharon muchos panameños por 21 años. Lamentablemente ese derecho nos costó muy caro, pues fueron muchas las vidas que se perdieron en la lucha, son muchos los que todavía están desaparecidos y somos muchos los que aún estamos ansiosos por justicia para todas esas personas. Continúo haciéndome eco de sus palabras y una vez más coincido con usted en cuanto al espíritu patriota, de superación y amistad que caracteriza al pueblo panameño, de hecho yo agregaría una característica más de nuestra idiosincrasia: El perdón. Si, así es, hoy día los panameños y panameñas hemos perdonado a todos los que con su presencia, silencio y omisión apoyaron las atrocidades de la dictadura militar. Hemos perdonado, mas no olvidado.
En lo personal, sigo esperando un mea culpa de parte de aquellos que participaron de esos gobiernos, de hecho un "lo siento" hubiese sido suficiente. Pero tal parece que eso es como pedirle papayas a un palo de mango, muy por el contrario pareciese que añorasen aquellos años. Todavía tengo en mi mente la imagen del ministro Ricaurte Vásquez, ufanándose en un programa de opinión local, de lo orgulloso que se sentía de haber sido colaborador de la dictadura. ¿Qué es esto, por Dios? ¿Cómo puede alguien sentirse orgulloso de haber colaborado con gente que no solo desfalcó al Estado por 21 años, sino que asesinó y torturó a panameños y panameñas?
No entiendo cómo pretenden justificar lo injustificable, defender lo indefendible, argumentando que no todo fue malo durante la dictadura, porque lograron el tan cacareado Tratado Torrijos – Carter. Créanme, señores, que no hay tratado que valga más que una sola de las vidas que tomaron Torrijos, Noriega y sus compinches. No hay tratado que valga más que uno de los cientos de miles de minutos de tortura a que fueron sometidos miles de panameños, porque expresaron no estar de acuerdo con las arbitrariedades del régimen. Es gracias a esos panameños y panameñas que ofrendaron sus vidas, que usted tiene el derecho de opinar libremente, pese a haber crecido en el poder, participado en gobiernos que no hicieron casi nada bueno y sí mucho de malo, ostentado el poder y demostrarnos hoy día que lo único que aprendieron fue a burlarse del pueblo panameño. He aquí la génesis del imperio de lo que graciosamente llamamos el juega vivo panameño. Era la única manera de subsistir, con el tiempo la necesidad se hizo costumbre y la costumbre cultura.
Sin embargo, la vida es bondadosa y siempre nos ofrece una segunda oportunidad. Personalmente creo con firmeza en la capacidad de los seres humanos de enmendar sus errores. En ese orden exhorto al Dr. Sánchez a que su crítica sea más objetiva, menos tímida, más directa. Atrévase a decirle al presidente Torrijos y su séquito las cosas como son, cuando son y de frente.
Todos en este país sabemos y estamos conscientes de lo injusto que es el que más del 49% de la población viva en condiciones de pobreza, que es injusto que tengamos hospitales sin medicinas, ni equipos, que es injusto que niños y niñas mueran de desnutrición en un país en el que se ha anunciado hubo un crecimiento económico superior al 6%. Pero más injusto me parece el hecho de que el señor presidente, siendo consciente de esta situación, no termine de pasear y se siente de una vez por todas a trabajar por este país.
¿No le parece todavía más injusto que ante cualquier problema o eventualidad, el presidente lo resuelva nombrando una comisión que nunca ofrece un resultado satisfactorio? ¿No le parece injusto que tengamos una Asamblea Nacional, donde la gran mayoría de sus integrantes son realmente imputados, ya sea por sacar cigarros y licores de la Zona Libre, para donarlos a su circuito, o por hacer licitaciones millonarias amañadas para comprar lap-tops, y encima de todo eso tengan el descaro de donar B/.40,000.00 del pueblo panameño a la Teletón a título personal? ¿No le parece injusto que pese a que el pasado 23 de octubre de 2006 murieron más de una decena de personas víctimas del ineficiente sistema de transporte, aún haya allegados del Gobierno pensando en hacer negocios con los buses articulados a sabiendas de que existen otras tecnologías más eficientes y económicas?
En síntesis, considero que es usted el más indicado para hacerle el llamado a la cordura que en este momento necesita el señor presidente, porque este país no aguanta una tragedia más. Es usted el llamado a decirle que con estas acciones no solo se perjudica él, sino todos los miembros de su colectivo.
A manera de conclusión, quiero compartir una experiencia que viví hace unos meses cuando le comenté a un amigo extranjero sobre mis dolencias lumbares. ¿De qué te quejas?, me increpó. Tienes en tu país a uno de los mejores neurocirujanos de Latinoamérica, el Dr. Francisco Sánchez C.
Créame que me sentí más orgulloso que nunca de ser panameño, ojalá pueda decir y sentir lo mismo de su persona como político y, por qué no, como estadista, algún día.
Eso realmente me enorgullecería mucho más.
El autor es ciudadano panameño
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