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ROMA.
El caso Wielgus y sus consecuencias
Carola Frentzen
El papa Benedicto XVI no mencionó el domingo en su rezo del Angelus en la plaza de San Pedro ni una sola palabra relacionada con el terremoto político que, con epicentro en Varsovia, había sacudido a la Iglesia católica apenas una hora antes.
Ni siquiera en su saludo a los peregrinos polacos se oyó una sola vez el nombre de "Wielgus". Y eso pese a que el caso del arzobispo de Varsovia, que dimitió ayer tras la revelación de sus contactos con los servicios secretos comunistas, mantiene ocupado al Vaticano ya desde navidades: el mismo Papa es el único que aún no se pronunció al respecto.
Sin embargo, Benedicto no debe estar contento con el desarrollo del asunto. "Seguramente le habría gustado ahorrárselo, especialmente después de la polémica que ya explotó tras su discurso en la Universidad de Ratisbona", comentó Orazio La Rocca, vaticanista del diario La Repubblica.
¿Y ahora qué? ¿Qué pasará con las relaciones entre el Vaticano, la Iglesia polaca y los clérigos que bajo el régimen comunista trabajaron como espías? El portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, explicó el posible escenario ya el domingo en un comunicado: "el caso Wielgus no es el primero ni posiblemente el último en el que personalidades de la Iglesia serán acusadas en base a archivos de los servicios secretos del antiguo régimen", escribió.
La primera cabeza rodó ya ayer, al presentar también su dimisión el prelado de la Catedral de Wawel en Cracovia, Janusz Bielanski, por motivos similares a los de Wielgus. Según un reporte del periódico Il Messagero, hasta el 15% de los sacerdotes polacos habrían tenido relaciones con los servicios secretos comunistas.
Pero eso no es bastante. Para los observadores, Joseph Ratzinger está enfadado sobre todo porque fue mal o insuficientemente informado. Y eso, comentaron los analistas, dejó al Papa en una situación delicada, más aún cuando el 21 de diciembre el Vaticano emitió un comunicado en el que decía que la Santa Sede había analizado todas las circunstancias de la vida del nuevo arzobispo de Varsovia antes de su nombramiento, también aquéllas que afectaban a su pasado.
"Eso significa que el Santo Padre tiene completa confianza en Stanislaw Wielgus, a quien le confió conscientemente la misión en la archidiócesis de Varsovia", añadió el documento.
"¿Qué es lo que realmente sabía el Papa? ¿Cuánto le contó el arzobispo al Papa sobre su colaboración con los servicios secretos?", se preguntó también La Rocca. Incluso peor que el hecho de actuar como espía es que Wielgus u otros altos cargos de la Iglesia polaca hayan ocultado al Papa grandes partes de la verdad, escribieron varios diarios. "Habrá consecuencias personales. Alguien debe pagar por esto", advirtió el analista polaco y viejo amigo de Karol Wojtyla, Adam Boniecki.
"Tras las primeras informaciones, el Papa asumió que Wielgus era sólo un obispo con 39 libros escritos, un intelectual como él mismo", dijo Boniecki. Cuando Benedicto finalmente se enteró de la verdad, probó su capacidad para reaccionar con dureza y rapidez, añadió.
Otros observadores también están convencidos de que Wielgus no tomó la decisión de dimitir completamente solo. "El Vaticano le empujó a dar este paso", aseguró ayer el vaticanista de Il Corriere della Sera, Luigi Accattoli.
DPA
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