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Panamá, martes 9 de enero de 2007
 

INOPERANCIA.

Colapso de instituciones del Estado

Roberto Motta

Desde hace mucho tiempo he venido observando y experimentando la inoperancia de la mayoría de las instituciones del Estado. Los trámites y procedimientos resultan a todas luces obsoletos, ya que muchos se remontan a la época de la colonia en esta era del conocimiento.

Las instituciones del Estado, contrarias al ritmo de los cambios que experimentamos, se mantienen con las mismas viejas y arcaicas estructuras que fueron diseñadas para una época que ya pasó. A manera de ejemplo, podemos mencionar los dos accidentes recientes que costaron la vida de un sinnúmero de panameños. En primera instancia, el caso de la sustancia dietileneglicol, que causó la muerte a más de una centena de inocentes compatriotas.

¿A qué se debió este accidente?, sencillamente a la negligencia y falta de controles de calidad del laboratorio responsable de preparar los medicamentos para suministrarlos a los usuarios del Seguro Social. Si uno observa las fotos de las instalaciones de ese laboratorio, da la sensación de ser un taller de reparación de autos de segunda. No había los equipos adecuados, y mucho menos la limpieza y controles de calidad necesarios para la preparación de medicamentos.

Nos preguntamos, ¿de quién fue la culpa? A mi juicio, la culpa es de las personas responsables; desde el director hasta el encargado del laboratorio, que fallaron por acción u omisión. Las deficiencias que se detectaron en el laboratorio vienen de varias administraciones atrás que hicieron caso omiso para corregir las graves deficiencias que en innumerables ocasiones fueron denunciadas.

¿Por qué si eran de conocimiento de las autoridades no se corrigieron? Sencillamente, por la desidia, la excesiva burocracia, la politiquería y sobre todo por las graves deficiencias de la estructura administrativa de la institución que se asemeja a un monstruo de cien cabezas. A menos que se lleve a cabo una reingeniería profunda de su estructura, la institución tarde o temprano acabará por colapsar.

Hace unos meses, visité el cuarto de urgencia del complejo hospitalario de la Caja de Seguro Social, con el fin de asistir a una señora de 91 años, muy allegada a nuestra familia, que había sido llevada por sus familiares por graves quebrantos de salud. Al entrar al cuarto de urgencia, encontré un completo caos. Los pacientes desde cortados por riñas hasta con padecimientos graves del corazón estaban ubicados en pasillos y corredores, sin la adecuada asistencia médica. A la señora la encontré tirada en una camilla con el resto de los enfermos que allí se encontraban. Al no poder localizar al doctor que la había examinado por estar ausente de su trabajo, en ese momento tomé la decisión de trasladar a la señora a una clínica privada, que al examinarla se le recluyó de inmediato a un cuarto de cuidados intensivos por cuatro días. Me pregunto, ¿qué hubiese pasado si no la hubiese traslado a un hospital privado? Hoy de seguro no estuviese con nosotros. ¿Hasta cuándo podemos seguir tolerando este pésimo servicio a los asegurados?

En cuanto al incidente del bus en que murieron 18 inocentes panameños, tengo informes de que la venta del refrigerante, que fue la causa del incendio, fue prohibida en Estados Unidos hace algunos años. A esta anomalía, le sumamos que el bus carecía de una puerta de emergencia, requisito indispensable para la seguridad de los usuarios. Además de que el conductor tenía 90 o más boletas y no sé cuántas condenas por manejo desordenado.

Aquí también observamos otra institución estatal que está llamada a regular y ejercer los debidos controles para la mayor y mejor seguridad de los usuarios y que no lo hace. Para mí, estas dos situaciones recientes constituyen solo la punta del iceberg del caos existente en la mayoría de las instituciones del Estado.

También deseo manifestar mi preocupación por el auge de las construcciones urbanas. Es inconcebible que se permita la construcción de edificios de 80 a 100 pisos a lo largo de la Ave. Balboa, un área que no tiene la infraestructura y menos las condiciones para hacerle frente a estas estructuras. Muy pronto veremos el colapso del tránsito vehicular como el de los servicios de luz, agua y alcantarillados que no están adecuados para hacerle frente a este fenómeno. Esto también lo podemos extender a Punta Pacífica y San Francisco, donde a duras penas se podrá transitar.

Nos preguntamos: ¿van a colapsar también estas iniciativas? Porque las entidades que deben regular estos sectores no tienen ni el interés ni la voluntad, estructura organizacional, ni los instrumentos adecuados para regular el desarrollo de los mismos. Visualizo, a corto plazo, una paralización total del tráfico vehicular en la ciudad, que va a traer como consecuencia el retroceso de las actividades económicas vitales para el desarrollo del país.

Si hablamos de seguridad, ni se diga, los robos, los tumbes de droga y la impunidad transitan en forma descontrolada.

Si observamos otras instituciones, como el Ministerio de Educación, tienen grandes problemas por la inoperancia de sus sistemas administrativos, que le impiden brindar el servicio que estudiantes y educadores reclaman. Así pudiésemos seguir mencionando cada una de las demás instituciones que adolecen de los mismos problemas con muy raras excepciones.

Todos estos desastres se dan en vísperas de la expansión del Canal de Panamá que está llamada a brindar un mejor y más eficiente servicio a sus usuarios. La administración del Canal ha estado revisando y modernizando sus esquemas administrativos. Además, está capacitando a su personal en las prácticas más modernas de la administración, acorde con la era del conocimiento en que vivimos. A manera de ejemplo, en los últimos tres años se han graduado 95 funcionarios con maestrías en administración de empresas del Incae, la primera escuela de negocios de América Latina por los últimos cuatros años. De muy poco nos servirá, si muchos de los recursos que generará el Canal para el país, no se pueden gastar y mucho menos invertir adecuadamente.

Ya es hora de que los políticos y funcionarios de todas las instituciones del Estado y de la sociedad civil decidan de una vez por todas, que urge hacer cambios para transitar hacia la modernidad, ya que, de no hacerlo, de seguro seguiremos siendo testigos del colapso de cada una de las instituciones en perjuicio de las presentes y futuras generaciones de panameños.

El autor es empresario



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