La historia, a veces malquerida por nuestra juventud, tiene lecciones inapreciables, pero también nos hace recordar esos valores que cada vez más echamos de menos. Los trágicos sucesos del 9 de enero de 1964 nos legaron invaluables enseñanzas que hoy día tienen una validez asombrosa.
Una de ellas es el coraje y la valentía que demostraron los políticos de entonces, que olvidaron sus diferencias y en la hora crítica trabajaron hombro con hombro para exigir a la gran potencia el respeto que todos los panameños nos merecemos por el simple hecho de ser humanos. Qué decir de la ciudadanía, que se arrojó a las calles para defender nuestra soberanía y dignidad, aun a costa de su propia vida.
Lecciones que parece que hay que recordarles a nuestros dirigentes de hoy, políticos, estudiantes y obreros, cuya gallardía –salvo contadas excepciones– solo es comparable con la miseria del espíritu egoísta y ladino. Los mártires de enero dieron su vida por mucho más que eso. |