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Panamá, lunes 8 de enero de 2007
 

CUANDO DE PROMESAS SE TRATA.

Ojos que no ven

Berna D. Calvit
bdcalvit@cwpanama.net

Escribir sobre lo que acontece en Panamá estando fuera del país a veces no resulta bien y como acabo de bajarme del avión, mejor espero unos cuantos días para ponerme al día. No es lo mismo leer las noticias nacionales en internet que estar aquí y enterarme de los quién, cómo, cuándo y por qué; de lo que piensa el ciudadano común que usa la radio como recipiente para depositar opiniones sin tapujos. Los eficientes y veloces servicios de información extra oficial son los que, generalmente, ofrecen los detalles de cómo se cocinó el "tamal" que nos ponen en el plato del día. No tengo claro cómo fue, o quien inició el último escarnio al que nos sometieron los señores diputados en la vergonzosa disputa con que cerraron el año varios miembros (no miembros y miembras, como dijo una diputada) del escasamente augusto cuerpo legislativo.

Tal como veo el asunto, lo de los manotazos, palabrotas y empujones es como la ronda infantil que dice: "Yo no fui, fue Teté, pégale, pégale que ella fue". Este asunto terminará como otro incidente sin consecuencias u otra investigación que quedará en el limbo (casos Cemis, diputado contrabandista), simples fogonazos entre oposición y gobierno. Lo que sí tengo claro es que la diputada Mireya Lasso no gana, sino pierde, al tener como paladín, pegado como un chicle, al notorio diputado campeón paviolo peso pesado, Sergio Gálvez; sumar este mal ejemplo de político a Vanguardia Moral de la Patria, como si de una valiosa adquisición se tratara, es como para salirle huyendo al partido del ex presidente Endara. Mala nota para don Guillermo, un político que lleva adelante un discurso que se contradice con un padrinazgo que no lo prestigia y que indica que con Gálvez lo que importa, no es su conducta, sino los votos que le aportaría en el circuito que representa. En otras palabras, "Haz lo que yo digo, no lo que yo hago".

Tres semanas lejos de Panamá fueron como tomar una bocanada de aire fresco (aunque el que me tocó era réquete frío); la distancia me refresca el pensamiento y hasta el pesimismo que a veces me ataca se hace más leve y distante. Estando fuera del país se llevó a cabo la ejecución de Saddam Hussein. Algo de cierto hay en el refrán "Ojos que no ven, corazón que no siente". El método para castigar a este sangriento tirano llevó nuevamente al tapete la pena de muerte y a que la horca fuera calificada, por muchos, como indigna e inhumana; creo, no obstante, que no se hubiera despertado tanta crítica y revuelo de no haber sido, porque el mundo pudo ver, gracias a unas tomas fotográficas clandestinas, al sátrapa iraquí con la soga al cuello y ya muerto. Estaba yo en Washington cuando murió el ex presidente de los Estados Unidos, Gerald Ford; a la vez que se ensalzaban sus virtudes, no faltaron censuras a Ford por haber ordenado no divulgar, hasta después de su muerte, sus críticas a Bush y su gobierno por su intervención en Irak; así, entre pompas fúnebres con todos los honores, pero también con acusaciones de hipocresía y cobardía política, fue despedido el sucesor del presidente, Nixon, el del llamado escándalo Watergate; perdonar a Nixon tuvo que ver con que Ford perdiera ante Jimmy Carter la carrera por la Presidencia, ejemplo de que hay países en los que conceder inmerecidos indultos y perdones cuesta caro. Que no es el caso de Panamá.

En el Washington Post apareció una noticia que me gustaría ver publicada algún día, refiriéndose a los funcionarios panameños. Pues resulta que a los funcionarios gringos, incluidos congresistas, les encanta la buena vida a expensas de la ubre gubernamental. Y les dijeron ¡hasta aquí! Se acabaron los almuerzos de $70, té y galletitas a $14 en sitios de lujo, "picaderas" de $27 por persona, y el transporte en limosinas; las reuniones en hoteles rumbosos, a la vuelta de la esquina de las oficinas de los funcionarios, se harán en las instalaciones de las instituciones y nada de encargar caros caprichitos gastronómicos para hacer más llevadera la sesión de trabajo; solamente dispondrán de café, té y gaseosas; que se olviden de caros coffee breaks y de brindis con champán para celebrar al final de las reuniones. Y el hospedaje en hoteles caros pagado por el gobierno, solamente se autorizará si un desastre natural o una emergencia nacional lo requiere. Dice la noticia que mientras discutían cómo manejar los fondos de programas de salud y contra la pobreza, estos señores se habían estado dando la gran vida con esos mismos fondos. Yo diría que por acá es lo mismo, pero peor.

¿Cómo será el 2007 para los panameños? La economía nacional muestra mejoría, pero seguimos esperando que mejoren otros aspectos (corrupción, Asamblea Legislativa, educación). Este año no será todo lo bueno que debería ser si Torrijos y ¡todo! su equipo (y digo todo porque algunos...) no logra acercarse más a lo que prometió. "El gobierno no se ha hecho para la comodidad y el placer de los que gobiernan", dijo el Conde Mirabeau, político y escritor. Algo que los políticos olvidan con facilidad.

La autora es comunicadora social



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