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Panamá, viernes 5 de enero de 2007
 

ECONOMÍA.

Panamá, con bases llenas

Rubén Lachman Varela

Es difícil establecer fechas precisas en este parangón. Si la globalización fuese un juego de béisbol, se me ocurre que tenemos las bases llenas, pero que estamos perdiendo 3 a 0; que estamos en la novena entrada, y que llevamos 2 outs y 2 strikes.

Estamos en el año 2007, y a pesar de que nuestro país tiene enormes oportunidades, también parece que podemos perderlas por las razones equivocadas.

En el contexto histórico, son evidentes las primeras carreras en nuestra contra: a título de ejemplo, la antigua "Zona del Canal" no tenía un propósito comercial y los puertos eran extremadamente ineficientes. El ferrocarril terminó en ruinas, dejamos de ser un centro de compras para países vecinos, en tanto que la Zona Libre de Colón perdía competitividad; las bases norteamericanas se fueron desmantelando sin obvios ingresos alternativos; el oleoducto dejó de trasegar petróleo y, en algún momento, entre estas calamidades, el país fue invadido.

Ahora es claro que nuestro país cuenta con muchas oportunidades para su desarrollo, y con mucha satisfacción se puede afirmar que hemos alcanzado importantes logros. Es así como logramos llenar las bases en este juego imaginario. El Canal se va a ampliar y de seguro generará toda una serie de efectos encadenados o multiplicadores; el desarrollo portuario es, por decir lo menos, espectacular; el turismo, en todas sus modalidades (ecológico, de compras, de playa, residencial, etc.), acentúa su impacto en toda la economía y, en términos generales, el crecimiento económico es envidiable desde la perspectiva de cualquier nación del mundo; pero… ¿Nuestra próxima movida será el tan ansiado cuadrangular, o un out? El out se lo podemos deber a la educación, al sistema judicial, o a cuanto cuello de botella para el desarrollo resalta a la vista. Veamos un ejemplo simple, que debe en verdad preocuparnos: en Panamá se construyen edificios que se venden especialmente a extranjeros. Ésta es una de las fuerzas motoras de nuestra actual economía. En verdad, existen dos claros motores: el conglomerado del Canal, y la construcción vinculada a la inversión extranjera. Si no estalla ninguna burbuja, o los extranjeros no se sienten timados porque no pueden circular por la ciudad de Panamá, prepárense para una población de más de un tercio de extranjeros, con alto poder adquisitivo en el distrito de Panamá. Esto es porque lo que se desarrolla es un "turismo residencial", fenómeno que he estudiado durante los últimos años, y la oferta actual sólo puede satisfacer una demanda externa. No hay suficientes panameños para comprar 294 torres en la ciudad de Panamá (sí, ya resté una torre).

Ahora bien, de todos los proyectos inventariados, menos del 5% está terminado (no necesariamente ocupados), más o menos el 50% está en construcción, y ya no hay suficientes calles para que los habitantes de estas edificaciones y las del resto de la población urbana viva en civilización. Ni siquiera estamos hablando de los tradicionales cuellos de botella, como la falta de energía eléctrica o agua. No estamos abordando el tema de que la bahía está totalmente contaminada, etc. Algo tan sencillo como las calles necesarias, así como las aceras para que circulen los habitantes de la ciudad, algo tan elemental, por lo que deberían estar apostando los que están realizando sus inversiones en Panamá, simplemente no existe.

Si se observa el tráfico de la ciudad de Panamá, es fácil concluir que es casi imposible no tener un accidente. Continuando con la madeja urbana, desde el año 2000 han muerto, como mínimo, 150 compatriotas en casos en los que han estado envueltos los "Diablos Rojos" (el 90% de los muertos fueron personas que cruzaban la calle, caminaban por la acera o esperaban en una parada). Y cuando desgraciadamente fallecen dieciocho juntos, entonces, de una vez por todas, es que se va a resolver el problema. Se da un plazo, éste se amplía, y la sensación es de que no ha ocurrido nada.

Creo que fue Borges el que una vez comentó que cuando uno echa por la puerta a los monstruos, éstos regresan por las ventanas con sus peores parientes. Los vientos crean tempestades, y un sencillo análisis de la evolución del transporte colectivo nos lleva a concluir, sin gran esfuerzo, que estamos frente a un lumpensistema de transporte que todos pensábamos que había explotado, y que aparentemente se le ha vuelto a rellenar el cráter con lodo. Sé quién inventó los "cupos" sin pensar en el futuro. Pero los monstruos no descansan, y pronto aparecieron los "pavos" y toda clase de homínidos parlantes que sólo Kafka, Edgar Allan Poe y García Márquez hubieran imaginado en una tremenda borrachera. Por todas las ventanas entran monstruos. Para que se tenga una idea de la magnitud del problema, en la ACP laboran unos 10 mil efectivos; y se afirma que existen 8 mil "pavos", recientemente elevados a la categoría de "secretarios". (¿Se imaginan a un conductor y su secretario arreglando un autobús del "Chicago Transit Authority" en "Lake Shore Drive"? ¿Se imaginan ustedes en el metro de París o New York "pavos" colgando de los coches?

A todo esto, ¿quiénes son los integrantes del equipo contrario, al que tenemos que meterles el cuadrangular y ganar el partido? Somos nosotros mismos.

El autor es economista



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