|
POLÍTICO, ADMINISTRATIVO Y TÉCNICO.
Los pilares del desorden del transporte
Carlos Eduardo Galán Ponce
El primero es netamente político y se origina en el año 1970, cuando al dictador de la época, en una de sus salidas descabelladas, se le ocurrió que el transporte de pasajeros selectivo y colectivo debía estar en manos de sus conductores, patentándolos con la ridícula frase de "este es su machete y bien pendejos son si se lo dejan quitar" –no se lo han quitado, aún lo utilizan para controlar el incremento de la población– y me imagino que si la muerte no lo hubiera sorprendido, cada piloto de aire y mar hubiera recibido también "su machete" y el mismo caos existiría hoy en todos los medios de transporte. El sistema trajo consigo a los actuales palancas y pavos, el negociado de la compra y venta de "cupos", su expedición como prebenda política, el enriquecimiento de los primeros militares directores de la ATTT y las regatas donde cada "palanca" pugna por el número de pasajeros que le permita pagar la tarifa al dueño del "cupo" y que le quede algo para comer, sin que cuenten las víctimas que queden a su paso.
Este desorden puede solucionarse sin negociados con compañías colombianas, autorizando a empresas privadas locales a operar unidades apropiadas con conductores calificados y a sueldos justos que sientan la tranquilidad de saber que el sustento a sus casas no depende de la presión que conlleva el actual sistema. Ejemplo es la ruta David-Panamá-David, desastre nacido en la misma época dictatorial como un privilegio exclusivo de un grupo de transportistas bajo el nombre de Utranschiri; un surtido de unidades catastróficas, con pasajeros de pie o sentados en los pasillos soportando los clásicos desórdenes y groserías, hasta que se autorizó la operación de las líneas privadas Padafront y 5 Estrellas con modernas unidades al mejor estilo empresarial, forzando la competencia a Utranschiri ha remozarse con equipos nuevos y a mejorar su trato y su eficiencia y hoy día los usuarios reciben un servicio satisfactorio.
Otro pilar canceroso es netamente administrativo y lo plantó la burocracia de las empresas aseguradoras en la mente indolente de las autoridades, inventando la "placa única", dizque para controlar el robo de autos, sin capacidad para pensar que una cosa es un registro nacional de automóviles y otra es su inscripción en el sitio de operación y que lo único que produjo fue eliminar los prefijos que identificaban fácilmente cada provincia y vaciar las escuálidas arcas de los municipios del interior del país al hacer el impuesto de circulación inherente al municipio de registro original del auto y no al lugar de residencia del propietario. En EU, donde las cosas son lógicas, si mudas tu residencia a otro estado, tienes 30 días para canjear tus placas por las de tu nuevo domicilio y además, en el estado de Virginia, por ejemplo, el título de propiedad de un auto presenta en su parte inferior dos recuadros desprendibles que son una copia a escala del documento, para poder separarlo y portarlo en el auto, qué sencillo. Pero aquí en el cuarto mundo, hay un contrato por 8 millones de dólares para, en parte, modernizar este documento incluyendo una foto del carro. ¿Te imaginas la sabiduría de un agente de tránsito que no pueda cotejar un auto con su descripción en el título?
El otro pilar es más técnico y comienza a develarse con la tragedia del autobús 8B 09 que si bien pone en el ojo de la tormenta al transporte colectivo, desata una conmoción solo por el elevado número de víctimas y por haber trascendido la tétrica escena en vivo a los medios internacionales, porque las mismas autoridades no se inmutaron cuando en la ruta David – Panamá, un autobús de doble piso, diseñado para transitar en carreteras totalmente despejadas, se estrelló contra un árbol de los que crecen casi sobre la vía en el tramo David – Santiago y todos los pasajeros que iban en los puestos delanteros del piso alto murieron aplastados contra las ramas del árbol. El informe oficial fue tan absurdo, que no vale la pena comentarlo, pero el incidente fue prontamente olvidado pues las víctimas no llegaron a 18 y CNN no estuvo en esta olvidada carretera.
La presión popular lanzó a las autoridades a la calle, pero con tan poco profesionalismo que se dedicaron a fiscalizar detalles insustanciales en las condiciones mecánicas de las unidades rodantes, sin ir a las verdaderas causas del peligro que representa para toda la comunidad una gran parte de los vehículos tanto del trasporte de carga como de pasajeros que ruedan por nuestras vías y que tiene su origen al permitir la introducción al país de unidades que no guardan las mínimas normas de seguridad. Y no son solo los autobuses, aquí nos descargan todo tipo de automóviles, de todas las marcas y de todos los orígenes, tanto para uso familiar como comercial, que al menor impacto quedan reducidos a un bolillo que amortaja a sus víctimas y cuya venta está prohibida en países con regulaciones en la materia –de allí la frase "con especificaciones americanas"–. Agrega a esta situación hechos como permitir que se utilicen camionetas familiares (SUV) como carros funerarios, a sabiendas de que pueden explotar recalentados aportando compañeros a su ocupante original. Tampoco te sorprendas ver circulando automóviles con el timón al lado derecho y pregúntate cómo hacen para rebasar otro auto en carreteras de dos carriles.
Los "diablos rojos" son indestructibles porque son autobuses construidos para el transporte de escolares en un país que cuida a sus niños, pero Dios nos libre un día de un accidente aquí con un "busito" de los que se utilizan para el transporte escolar, que no son más que las inermes furgonetas de láminas del mínimo calibre, hechas para el reparto urbano de mercaderías, con ventanas y asientos suplementarios rebosantes de niños inocentes pero eso sí, pintadas de amarillo como exigencia primordial de la ATTT. No se puede siquiera hablar de seguridad en el transporte terrestre mientras no se exija a los vehículos que ingresen al país normas como, frenos ABS, materiales de inflamabilidad retardada, capacidad de absorción a impactos, barras de seguridad en puertas y techos tipo "jaula" y un grado de reacción en la "prueba del venado" –que probablemente la ATTT no sabe ni lo que es– y mientras eso no ocurra, las promesas y lamentos de las autoridades se van a esfumar con el tiempo y continuará su desinterés y su incapacidad, o los intereses económicos involucrados, o una combinación de ambos, impidiendo cualquier acción correctiva. Si se trajeran expertos de EU, donde tuvo su origen el autobús siniestrado y le siguieras su ruta de adaptaciones hasta su incineración, en el camino encontrarías las verdaderas causas de la tragedia, pero claro que es más cómodo "limpiarse" con aquel que olvidó un fusible.
El autor es ingeniero agrónomo
|