|
CUESTIÓN DE FE.
Homenaje a la adversidad
Jolene de Samaniego
Alguien una vez me dijo: "Los problemas son bendiciones". Entonces la miré fijamente y respondí: En ese caso ya yo estoy beatificada.
Llama poderosamente la atención a reflexionar sobre cómo ha sido nuestra vida en el transcurrir de los años. Descubrimos en ciertas ocasiones, que hemos vivido sin vivir el momento. Le hemos dedicado más tiempo a lamentarnos sobre las cosas que nos suceden o han sucedido por el simple hecho de sentir lástima de uno mismo para después preguntarse: ¿por qué a mí ?
Tengo que admitir que existen personas que saben cómo afrontar determinada situación o problema, eso es algo que con la práctica se hace una habilidad. Otras caen hasta lo profundo y no ponen de su parte para salir adelante, piensan que todo se ha perdido. Necesitan mucho apoyo para sobreponerse.
Los problemas, las situaciones, las circunstancias que nos ocurren o suceden, en la mayoría de las veces, son buscados por nosotros mismos; por nuestras actitudes hacia determinada situación, por el poco importa, la falta de previsión y sobre todo la falta de "fe". Otras circunstancias suceden simplemente porque Dios así lo quiso y fue su voluntad. Las cosas no pasan por casualidad. Las cosas pasan porque tienen que pasar. De repente, por estar cegados en el momento, no vemos con claridad el mensaje que ese problema o situación nos presenta. Pueden pasar días, meses, incluso años sin poder comprender el ¿por qué a mí? Cada uno de nosotros, en nuestra conciencia, sabremos en su justa dimensión el grado de afectación que nos ha dejado. Depende de cada uno levantarse y seguir el camino.
Es un tema muy profundo que nos pasaríamos toda una vida tratando de averiguar las diferentes razones y no tendríamos una respuesta concreta. Los problemas son enseñanzas constantes a las que hay que darle seguimiento y sacar el mejor provecho.
Gracias te damos "Dios" por los problemas; porque sin ellos nuestro propio mundo estaría monótono. Gracias a ellos aprendemos a levantarnos después de una caída. Gracias a ellos maduramos y crecemos más de manera espiritual como individual. Gracias a ellos conocemos el dolor. Gracias a ellos nos hacemos más sensibles hacia la desgracia ajena y no dejar de pensar que todos estamos expuestos a sufrir un percance en algún momento.
No hay que perder la "fe". Son pruebas que tenemos que superar para ser mejores y no volver a cometer los mismos errores varias veces. Dios sabe porqué hace las cosas. Confíemos en Él. No se desespere. No fuerce las situaciones queriendo que las cosas se resuelvan a su manera y lo más rápido posible. De repente, nuestro Señor tiene otros planes.
Lo invito a que saque un "tiempecito" y medite sobre este tema. Si no lo ha hecho, le aseguro que le ayudará.
La autora es docente
|