|
EL EJEMPLO QUE LE DAMOS A LA JUVENTUD.
Injusticias y parásitos de la política
Francisco Sánchez Cárdenas
La Navidad no es una época muy oportuna para escribir de la forma en que hoy lo hago. Algunos dirán que soy duro, pero no hay nada más duro y suave, transparente e infranqueable a la vez, que la verdad. Otros dirán que es mi verdad. Los detractores asalariados y defensores de oficio, del estado actual de cosas, tratarán de descalificar lo que aquí planteo, argumentando que no tengo derecho a opinar por haber participado en gobiernos, que según ellos, no hicieron nada. A ellos, desde ya, les digo que lo que sí es malo es haber crecido dentro del poder, haber participado dentro del gobierno, luego ostentar el poder real y demostrar que no se aprendió nada.
El panameño tiene un gran espíritu patriota, de superación y de amistad. A pesar de los gobiernos, los políticos y de una minoría que vive del cuento, existe una mayoría que ha logrado con su esfuerzo desarrollar este pequeño gran país. Sin embargo, el miasma que corroe a esos a esos grupos, ha logrado penetrar, como un cáncer, a casi toda la sociedad creando el imperio de lo que graciosamente llamamos el juega vivo panameño.
Es injusto que exista más de un 49% de personas viviendo en la más espantosa de la pobreza y que algunos niños mueran de hambre y otros padezcan de desnutrición crónica. Que cada año nuestra niñez asista a escuelas rancho o no tenga la escuela y los maestros que se merecen y que tampoco reciban la atención médica a que tienen derecho. No es justo que nuestra juventud no tenga la oportunidad de superación necesaria para que sean ciudadanos que con esfuerzo y dignidad sepan levantar a sus hijos y proteger su hogar. Es inhumana la ausencia de una verdadera seguridad social que proteja a nuestros ancianos. Es inaceptable la inseguridad pública que vivimos. Es una falta de respecto con el pueblo que este tenga que levantarse a las 3 y 4 de la madrugada para ir a su trabajo en un sistema de transporte que el 23 de octubre demostró lo infernal que es y que el gobierno ha prolongado por tres meses más.
No es cristiano que los enfermos de este país tengan que madrugar para obtener una cita médica o para hacerse un examen de laboratorio y que tengan que esperar meses y años, por una intervención quirúrgica. Tampoco es justo que los que acuden en busca de salud fallezcan porque alguien trajo un veneno que otros, sin controles adecuados, lo compraron y lo utilizaron para hacer medicinas envenenadas que repartieron por todo el país. No es justo que existan panameños viviendo en casas indignas para un ser humano. Es una falta de consideración el que tengamos que movilizarnos en una ciudad que se ha vuelto insufrible por la insuficiencia de vías adecuadas o por odiosos tranques de vía.
Son tantas las cosas injustas que no habría espacio para continuar mencionándolas.
Se crea pobreza cuando los pueblos tienen gobiernos con funcionarios cuya preocupación es el salir de los puestos con riquezas. No hay equidad cuando el ejecutivo tiene el objetivo, la estrategia y la dirección de hacer riquezas personales. Habrá corrupción, desviación de los valores cívicos y politiquería electoral, cuando un país tenga más diputados de los que necesita y con suplentes y diputados del Parlacen innecesarios que les preocupa el hacerse ricos y reelegirse en las próximas elecciones. El futuro se hace incierto cuando a los encargados de hacer justicia les preocupe el mantenerse en el puesto y por lo tanto no crearse problemas con los poderes económicos y políticos y de esta manera tener opción de riqueza o de un nuevo mandato en el sistema.
El horizonte es muchos menos esperanzador cuando la llamada sociedad civil y los partidos de oposición callan, por conveniencia política, los grandes escándalos y su aspiración es a reemplazar a los que están en el poder, para ellos hacer lo mismo y hasta peor. La desesperación aumenta cuando la clase económicamente poderosa, olvidando su responsabilidad social le preocupa el ganar exageradamente, poniendo en peligro todo el sistema.
Pero la desesperanza es más dolorosa cuando los partidos políticos, baluartes de la democracia se desdibujan y no cumplen con su papel dentro de la democracia. Los partidos políticos deben ser la reserva moral, trabajadora y patriótica de la patria. No somos ilusos y sabemos que, mientras exista pobreza, los pueblos harán mal uso de los partidos políticos, ya que estos son otra de la esperanza que tienen los más necesitados, pero le corresponde a sus dirigencias canalizar esa esperanza hacia la constitución de un país con oportunidades para todos.
Cuando las dirigencias de los partidos políticos son ocupadas por abogados que no han sabido triunfar en el foro, médicos que no curan ni un resfriado, economistas que ni la simple economía del hogar saben llevar, arquitectos e ingenieros que lo que levantan se cae, agrónomos que no ha sembrado ni un palo de mango y comerciantes fracasados se va creando una casta de parásitos de la política que no tienen otro futuro que el de vivir de la misma a cualquier precio convirtiéndose, por subsistencia personal y cobardía política en los yes man, dando origen a la politiquería electoral, la traición, los arreglos, las alianzas insospechadas y el permanente mutar y cambiar de partido.
Ese es el ejemplo que le damos a la juventud que piensa que esa es la forma normal de hacer política y fortuna y "esto no es así", en la política deben estar los mejores y los partidos políticos deben ofertar, dentro de la democracia, a los mejores, para que los pueblos escojan a los más preparados, con vocación para la búsqueda de las soluciones a los problemas de las mayorías.
No todos los profesionales, comerciantes, sindicalistas, obreros, ricos, pobres y eclesiásticos tienen esa vocación.
El autor es médico y delgado del Partido Revolucionario Democrático
|