| ESTADOS UNIDOS.
Saludable debate nacional
Sergio Muñoz Bata
Teniendo la guerra en Irak como telón de fondo, el arranque de las campañas políticas, buscando la nominación de sus partidos a la elección presidencial de 2008 en Estados Unidos, ha puesto a prueba su fibra espiritual en temas como la pobreza, el machismo, el racismo y el liderazgo internacional de este país.
Hay que agradecerle a John Edwards, el ex senador que fuera candidato demócrata a la vicepresidencia con John Kerry en 2004, la impecable formulación teórica de su plataforma política y las implicaciones que esta podría tener en la discusión de temas que por su naturaleza deberían ser impostergables.
Y si bien es cierto que del 2004 el candidato recoge el tema de la pobreza que ha dividido al país en dos naciones desiguales, separadas y diferentes, su nuevo acercamiento al asunto como "el gran imperativo moral de nuestro tiempo", le añade una solidez y profundidad que había estado ausente de debate político nacional desde el planteamiento de "El Nuevo Trato", de Franklin Delano Roosevelt en la década de los años 30.
Siguiendo la misma lógica, Edwards ha planteado que "la manera en la que trabajemos para mejorar la situación de nuestros conciudadanos y de nuestro país será fundamental para que Estados Unidos reestablezca su autoridad moral y recupere la legitimidad de su liderazgo en el mundo".
Lo fascinante de la tesis de Edwards, que se produce en un momento histórico en el que el país empieza a resentir su declinación interna y externa, es que con unos cuantos trazos ha logrado replantear la actividad política subordinándola al ámbito ético como la única vía posible para la realización del bien social. Los principios morales son los que deben informar el bien político, escribió Platón en el Gorgias.
No menos interesante ha sido el debate nacional que ha planteado la posible candidatura presidencial de Hillary Clinton. A pesar de que nunca en la historia de este país ha habido una candidata presidencial tan preparada para el puesto como ella, el enorme problema de Hillary si es que se decide a buscar la nominación será convencer a los miembros de su partido que podría ganar una elección general a pesar de ser mujer; de contar con una legión de enemigos; de su personalidad, que es fuerte y poco cálida; y de su marido, que a pesar de haber tenido una Presidencia estelar sigue despertando encontradas pasiones.
La aparición en el escenario político de un relajado, simpático encantador e inteligente hombre de raza negra llamado Barack Hussein Obama ha generado otro debate nacional de enorme trascendencia. En este caso lo que podría estar a prueba es la persistencia o no del racismo en este país. Aún cuando Obama todavía no ha declarado su intención de postularse a la nominación y haciendo a un lado la evaluación de sus posibles calificaciones para el puesto, el posible candidato apenas fue electo al senado en noviembre, la pregunta que todo mundo se hace es: ¿si Obama ganara la nominación del partido demócrata, podría ganar la Presidencia enfrentándose a un republicano de raza blanca?
Apenas iniciada la contienda, es imposible saber cuáles de los temas que ahora se perfilan como centrales seguirán teniendo validez cuando llegue el momento de la verdad. Mientras tanto, no deja de ser reconfortante que en el país se discutan temas que se han vuelto insoslayables.
El autor es miembro del Consejo Editorial de Los Angeles Times
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