Una ceremonia sin sentimiento
Campo Elías Estrada
cestrada@prensa.com
OPINIÓN. El lunes nos llevamos un chasco en la ceremonia que hizo la Anaprof para premiar a los valores de la temporada 2006. Se distinguió merecidamente a cuatro jugadores que estuvieron galardonados por la organización, en diferentes categorías, pero no se consideró al mejor jugador del año o jugador más valioso."Son unos ordinarios" me contestó uno de los correctores de este diario que respira fútbol por los poros cuando le conté el suceso.
En este tipo de acontecimientos se puede prescindir de cualquier premiación menos la del jugador más valioso. Ese es el momento que todos los asistentes a la ceremonia esperan. En otras palabras, este premio es el clímax del acontecimiento. De no premiar al mejor, entonces que no hagan la ceremonia, porque sería como ir a un matrimonio donde no hay novia o a una fiesta sin música. Eso incomoda porque hasta los tiempos de Bruno Tamburelli se hacían. Las ceremonias de clausura eran ceremonias en toda la extensión de la palabra. En ese aspecto, cómo se extraña al colega Camilo Jipsion. En los tiempos de Jipsion y Osvaldo Blackman no había todo el patrocinio que hay ahora, imagínense si en esos tiempos hubiese estado la empresa Cable & Wireless.
Eran otros tiempos, que yo siempre llamo la época en blanco y negro, diferenciándola con la actual, la de colores, por lo de la tecnología, los patrocinios y los avances de este nuevo siglo.En otros tiempos los directivos le daban importancia a estas ceremonias, los cierres de temporada eran con broche de oro, sin dinero como ahora, pero con mucho lucimiento. Siempre se le daba importancia a los jugadores y, por ende, no podía faltar la figura del jugador del año. La actual junta directiva y las dos anteriores no le dieron la importancia del caso a este renglón. Al jugador hay que darle un incentivo, así no haya un automóvil de regalo, como en los días de Juan Carlos Delgado (eran tiempos pobres), pero hay que darle aunque sea un pequeño cheque, porque lo que vale es el detalle. Omitir el más valioso da a pensar que en el torneo ningún jugador mereció tal distinción. Y no es así.
Para La Prensa, por ejemplo, la figura del colombiano Héctor Nazarith fue determinante y con justa razón lo distinguimos como el jugador del año 2006 de Anaprof. Las razones sobran. Miremos.Nazarith fue un caso especial, tuvo un año redondo y un gran rendimiento, jugó en las dos finales del año y las ganó con diferentes equipos. En el Apertura, defendiendo los colores del San Francisco, fue determinante en el triunfo sobre el Plaza Amador; y en el Clausura, con el Tauro, también fue pieza importante en la obtención del título ante el Árabe Unido. No pudo jugar la súper final con el San Francisco por enfermedad.Aparte de Nazarith, hubo jugadores de buen rendimiento como el juvenil Gabriel Torres o Manuel Torres, del San Francisco, Reggie Arosemena y Rolando Escobar, del Tauro, que muy bien pudieron haberle peleado la distinción del mejor del año a Nazarith.Otra premiación que se omitió el lunes fue la del mejor entrenador, sin dudas, para Gary Stempel.Me parece que es hora de que el señor Luis Arias, como presidente, intente rescatar los valores que se han perdido dentro de la Anaprof y uno de estos es con su clausura. Por favor, denle la importancia que le dieron sus antecesores. Es solo imaginación y sentimiento.
El autor es periodista
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