| SE PERDIÓ EL SENTIDO DE LOS VALORES.
¿Qué nos pasa a los panameños?
María Luisa de Aramburú
Recientemente, en una reunión con amigas de antaño hablábamos de cómo han cambiado los tiempos en nuestro país, en cuanto a valores (se refiere) principalmente. Nos preguntábamos si sería posible rescatar los valores perdidos. De allí salieron a relucir, como que no, todos los temas actuales que estamos viviendo en Panamá: que pueden resumirse en la falta de ética, honradez, seriedad, responsabilidad, honestidad, sinceridad, y poníamos como ejemplo las recientes tragedias (en temas tales como), el Seguro Social, transporte público, los serios problemas con la educación, la construcción o destrucción de nuestra ciudad y muchos otros temas que sería interminable mencionar aquí, pero que nos agobian día a día.
Para concentrarnos en los hechos más recientes, veamos el tema del Seguro Social. ¿No les parece que la ausencia de valores antes señalados han sido parte importante del problema? Si tan sólo hubiese un Manual de Operaciones confeccionado por personas pensantes y expertas en el tema, para que cada vez que se cambia de director o de ministro, el siguiente tenga por dónde comenzar o continuar, siguiendo los parámetros establecidos de un trabajo con conciencia, con parámetros definidos, sin tratar de que cada nuevo director o ministro descubra la pólvora; buscar soluciones innovadoras, propias de un país como Panamá, creativo, joven...
En cuanto al tema de la educación, ya no tienen los maestros la dedicación ni la vocación, con pocas excepciones, de enseñar, de guiar, de formar; los maestros de antaño querían a sus alumnos como si fueran sus hijos, a los de hoy en día no les importa ni con sus alumnos ni con sus hijos, van a trabajar para no dejar de recibir su cheque a fin de mes, no hay entusiasmo alguno por aprender. Vemos salones enteros fracasados, niñas embarazadas, un ausentismo que asusta, una desidia que atonta. Los maestros le echan la culpa a los padres; los padres a los maestros; ambos culpan a los gobiernos, pero en verdad todos tenemos la culpa.
La construcción y el transporte público digamos que comparten varias similitudes; muchos edificios y pocos estacionamientos/mucha gente para pocos buses. ¿Pero que se hace para solucionar el problema? Se crean comités, se crean leyes, se ponen plazos por aquí y por allá, se trata el problema a medias, temporalmente. Sin embargo, no se ataca desde su raíz. Las leyes no se cumplen, los comités no resuelven. Ya otros países como Canadá, Francia, hasta Chile, tienen sistemas que podríamos imitar, solo se trata de traer expertos en los temas y tomar decisiones concretas e inmediatas, se trata de actuar. Basta ya de gobiernos que solo piensan en su momentánea legislación; ¿por qué no ver el bienestar de nuestro país a largo plazo?
Propongo que se comience por donde se debe comenzar... exigiendo a la justicia que haga justicia, a penar a los que incumplen la ley, a ordenar nuestras prioridades como país. Si somos capaces de planificar obras gigantescas como el nuevo juego de esclusas, ¿cómo es que no podemos cambiar el sistema de transporte, mejorar nuestra educación, tener un sistema de salud pública del cual enorgullecernos...y, sobre todo, que no seamos capaces de impedir que destruyan nuestro entorno? Una moratoria de la construcción para poder evaluar la forma desmedida en que se están construyendo edificios por doquier, sería la medida más apropiada. Un sistema de buses nuevos, ordenado, con horarios, choferes con cierto grado de educación y requisitos que cumplir. Una fiscalización firme del sistema educativo.
Un gobierno debe ser firme, directo y ejecutor. Todos juntos lo podemos lograr; se trata de trazarnos metas definidas, pensando en el bienestar, salud, dignidad y felicidad de todos, no sólo en intereses propios; ahora es cuando Panamá, defiende lo que tenemos, honremos la memoria de nuestros compatriotas muertos por la desidia, corrupción, el juega vivo. Somos un país libre donde debemos "sin miedo" expresar nuestro sentir.
Si todos cooperamos, todos habremos ganado.
La autora es ciudadana panameña
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