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Reportaje especial
Panamá, sábado 30 de diciembre de 2006
 

BALANCE 2006 | ÁFRICA. CRISIS EN REGIÓN SUDANESA.

Desesperanza en Darfur no termina con acuerdo de paz

Esta región pobre y árida es escenario de luchas armadas desde principios de 2003.

La crisis se extiende cada vez más a los países vecinos Chad y la República Centroafricana.

VÍCTIMAS. De arriba a abajo, millones de personas han huido de sus aldeas; las mujeres son víctimas de violaciones y muchos niños mueren de desnutrición. 786616
Redacción de La Prensa
Servicios internacionales

Un acuerdo de paz, planes bien avanzados para una intervención de Naciones Unidas, un gran interés internacional por el problema: en 2006 parecía haber buenas posibilidades de resolver la crisis en la región sudanesa de Darfur. Sin embargo, al finalizar el año el balance es decepcionante.

El Gobierno de Sudán impidió hasta el último momento que la misión de la Unión Africana fuese sustituida por una intervención de paz de la ONU. Los asesinatos continúan. La crisis en Darfur se extiende cada vez más a los países vecinos Chad y la República Centroafricana.

Ante la permanente inseguridad, las organizaciones humanitarias internacionales se van retirando de la región. Nadie es capaz de dar cifras confiables de la cantidad de víctimas. Esta región pobre y árida en Sudán es escenario de luchas armadas desde principios de 2003, cuando un grupo rebelde empezó a atacar blancos oficiales. Los rebeles acusaban al gobierno –dominado por los árabes del norte del país– de oprimir a la población negra.

ESPERANZAS

El acuerdo de paz suscrito en mayo entre el Gobierno sudanés y dos grupos rebeldes había despertado grandes esperanzas. El acuerdo otorgaba a esa región, abandonada a su suerte, una mayor participación en el proceso de toma de decisiones políticas y una mayor participación en la distribución de la riqueza del país africano.

Sin embargo, el acuerdo nació con defectos: solo se había logrado gracias a una masiva presión internacional y causó la división interna de uno de los dos grupos rebeldes.

De antemano se sabía que la misión de la UA, integrada por solo 7 mil soldados, no estaría en condiciones de velar por el cumplimiento del acuerdo de paz. Una y otra vez se discutió la conveniencia de enviar una misión de la ONU a Darfur.

Al principio, el Gobierno sudanés se negó radicalmente a aceptar esta alternativa con el argumento de que la crisis de Darfur era un asunto interno.

Más tarde, algún que otro miembro parecía aceptar la propuesta, pero a más tardar al día siguiente el régimen de Jartum se encargaba de desautorizarlo.

El rechazo del Gobierno sudanés a una misión de la ONU no es una cuestión de principios: desde hace algún tiempo se encuentra desplegada en Sudán una tropa de Naciones Unidas encargada de vigilar el cumplimiento del acuerdo de paz pactado entre el Gobierno y los rebeldes en el sur del país, de mayoría cristiana y rico en petróleo.

INTERESES

Observadores políticos opinan que el Gobierno de Jartum tiene un interés especial en impedir el despliegue de una misión de la ONU precisamente en Darfur. Si son ciertas las acusaciones formuladas por organizaciones defensoras de los derechos humanos que aseguran que representantes de alto rango del gobierno están implicados en crímenes de guerra cometidos en Darfur, es fácil explicar por qué Jartum no quiere aceptar la presencia de observadores de la ONU en esa región.

Y es que el Consejo de Seguridad encargó a la Corte Penal Internacional investigar los crímenes de guerra en Darfur.

Y el líder rebelde congoleño Thomas Lubanga, el primer acusado que será sometido a juicio en La Haya, también fue detenido por "cascos azules".

Naciones Unidas finalmente cedió en el tira y afloja con el Gobierno sudanés al declararse dispuesta a aceptar una "misión mixta" que tendrá un fuerte sello africano, pero no se sabe si la misión efectivamente será desplegada en Darfur ni cuándo.


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