| Fiesta en la cárcel de mujeres. Lágrimas en los reclusorios de hombres.
Navidades en prisión
Reclusas arreglaron sus ‘hogares’ y cocinaron para celebrar la Navidad con una alegre fiesta.
En las cárceles para hombres solo hay silencio y lágrimas, mientras que los custodios se divierten.
| LA PRENSA |
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| ESPERANZA. Durante una misa realizada en el penal, las internas se lucieron con un repertorio de música navideña que encantó a todos los presentes.786327 |
Roberto López Dubois
rlopez@prensa.com
Las reclusas de los diferentes pabellones del Centro Femenino de Rehabilitación se preparan, desde días antes, para la celebración de las fiestas de diciembre en los diferentes hogares que conforman el penal.
Para bregar con el sentimiento de tristeza motivado por el alejamiento de sus hogares, lo que tradicionalmente ha sido el detonante de intentos de fuga o desórdenes internos, las autoridades organizan un mes de diciembre muy movido.
"Hemos tenido como 18 actividades este diciembre desde juegos deportivos y misas hasta el homenaje a las madres y la cena navideña", asegura Esterlin Roque, una nicaragüense que purga su pena en Panamá.
"Estoy detenida desde 2001, y según la ley del hombre debo salir en un par de años, pero sé que Dios me ayudará y el 2007 será mi año", agregó.
Ayer nada más, las reclusas fueron visitadas por personal de la Defensoría del Pueblo. Hubo una misa celebrada por el padre Rafael Siú en la que participó el coro conformado por internas, que cantaron como ángeles, especialmente el padrenuestro, durante el cual se agarraban las manos unas a otras.
En las afueras de la pequeña capilla, Jennifer Esquivel observaba sentada y comentaba lo triste que se encontraba por no haber podido acudir ante el juez el día 7 cuando fue citada, porque no había un vehículo para llevarla.
"Fui detenida por un hurto simple, que tiene una pena de un año, llevo 16 meses y solo tenía que ir al juicio para quedar en libertad, porque pagué mi condena", asegura.
MÚSICA, COMIDA Y BAILE
Pero, aunque este no ha sido su mes, al preguntársele sobre la Navidad, de la cara de aflicción que tenía aflora una sonrisa. "El 24 pasamos todo el día limpiando el hogar, adornando y pintando, mientras que otro grupo se dedicaba a cocinar", dijo.
Ese día al caer la tarde comenzó la fiesta, en la que hubo de todo: música, comida y baile. Las risas y alegrías siguieron hasta las 9:00 de la noche cuando hubo que acabar la fiesta por "órdenes superiores".
Entonces las reclusas recogieron todo. Una limpieza rápida y a la cama... donde muchas rememoraron a sus familiares, especialmente las que tienen hijos, y recordaron la difícil situación por la que atraviesan, que las mantiene fuera de sus hogares porque han perdido el derecho a sus libertades civiles.
CUESTIÓN DE SEXOS
En las cárceles de hombres las cosas son mucho más duras. Uno de los reclusos, que pasó la Navidad de 1998 detenido, explicó que la situación es muy triste.
"No me hagas recordar eso, fue horrible, terrible, solo de intentar recordar me hago daño", asegura.
Una pausa y sigue: "Estábamos allí en el piso, mi mamá me llevó pan, dulce y un pollo, porque ese día dejan llevar comida de más. Cada uno comparte lo que tiene y nos felicitamos en voz baja mientras se asoman las lágrimas en los rostros, especialmente entre los extranjeros que ese día ni siquiera reciben la visita de sus familiares", explicó.
Todo esto sucede en silencio, mientras se escuchan las carcajadas y celebraciones de los custodios.
"Lo único que te alienta es saber que algún día saldrás de allí y te encontrarás con los tuyos", concluyó.
Hacinamiento, el principal de los problemas
Panamá no es un país que escapa a la realidad de la crisis que se vive en las cárceles latinoamericanas.El hacinamiento, un mal que se repite en los penales de Latinoamérica, alcanza el 60% en Panamá.
Los registros oficiales de la Dirección General del Sistema Penitenciario del Ministerio de Gobierno y Justicia indican que la capacidad total de los 40 centros de reclusión del país es de 7 mil 332 presos, pero hay más de 11 mil individuos privados de libertad purgando sus penas en los penales panameños. No solo está el problema del espacio físico sino también que el aumento de reclusos encarece los costos de alimentación.
El Gobierno ha destinado una suma que supera los 7 millones 290 mil dólares solo para la comida de los recluidos en La Joya, La Joyita, El Renacer, Tinajitas, centros Femenino de Panamá y Colón, Nueva Esperanza, y las cárceles públicas de Colón y La Chorrera. El contrato, que empieza a partir del primero de enero de 2007, tiene vigencia hasta el 31 de diciembre de 2009.
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