| DEMASIADA AUTORIDAD PARA EL EJECUTIVO.
¿Dictadura civil?
Jaime A. Porcell
Qué bien disimula ese rostro bonachón que estamos ante un presidente/secretario general del PRD de un poder solo comparable al que ejerció José Remón Cantera en los 50.
Un sistema presidencialista ya faculta al Ejecutivo para nombrar y destituir a más de 100 mil empleados públicos. Añádale la administración de una caja expandida por los ingresos de la reforma fiscal, la loable contracción del desempleo y pobreza, la economía en franca expansión, paz social, además, el triunfo personal del "sí" de la ampliación. Y qué decir de la hegemonía sobre el "partido más grande que ha conocido nuestra historia", como nos recuerdan sus militantes.
Más aún, una postura oficial de respeto al libre juego de ideas, y una gestión en comunicación que implementa de forma profesional el poder persuasivo de los medios y cuyo producto genera buena prensa y mejores encuestas.
Todo lo anterior resulta legítimamente alcanzado. Mas, la influencia sobre una aplanadora legislativa que borra los límites constitucionales entre ambos órganos, eso ya es otra cosa.
Entonces, ¿qué tan cerca estamos de una sutil dictadura presidencial que concentra demasiada autoridad pública en el presidente Torrijos? Todo dependería de la efectividad de aquella función democrática que detiene la concentración de poder, el sistema de "pesos y contrapesos".
Si bien las crisis de Palacio contagian a toda la sociedad, actúan también, como ventanas para observar, qué tanto echa mano del autoritarismo como respuesta. Con la elección del CEN del PRD a vuelta de esquina, en una misma semana el Ejecutivo maniobra para que el Legislativo saque de la Corte la facultad de despedir al jefe de la PTJ, y mientras insinúa reflotar la malograda Sala V, vigila la no elección de un independiente probado en el Conep.
Pero, el check and balance de los medios de comunicación parece luce deslumbrado con Torrijos. Un enjambre de cámaras y micrófonos acecha a Martín, menos pierden pisada a Vivian y su extensa labor social. Tampoco dejan de exhibir al opositor Genaro López con unas copas de más o de apuntar a las divisiones de la oposición.
Figuras cimeras prestadas por los medios para hacer de relacionistas, resultan efectivas para obtener mejor trato noticioso a las crisis de este régimen. Los periodistas más críticos ahora ven en Torrijos "buenas intenciones" mientras endosan los males, a los subalternos.
Las fuerzas empresariales abandonaron la fiscalización del Estado como facilitador de la economía y de la promesa de campaña de contraer planilla, deuda y gasto público. Actúan es como el ideólogo justificador del príncipe.
El contrapeso que toca a una oposición también resulta demasiado aligerado por el desarraigo con los electores. En la propia Asamblea, aquella mantiene una influencia exigua y encaja derrota tras derrota ante la imbatible aplanadora.
Así, no muchas fuerzas muestran solvencia para contrafrenar la autoridad. Un Frenadesso ultraísta pareció llenar el vacío opositor. Pero, sometido al vapuleo intenso de medios asimilados, terminó aislado, y su liderazgo, desvanecido.
El referéndum identificó organizaciones que contrapesaron y, aunque apoyaron la ampliación, consideraron prudente diferenciarse del Ejecutivo al exigir un plan de desarrollo. Allí encontramos a grupos tan disímiles como Así Sí y Martinelli y su Cambio Democrático.
Las fuerzas de Pérez Balladares son quienes no parecen arredrarse y toman posición para la inminente lucha por el control del CEN del PRD, anticipo de la campaña presidencial. "El poder detiene al poder" y la magistrada Dixon, nombrada en el período del "Toro", en un gesto inédito en los últimos 38 años, denuncia la injerencia del Ejecutivo.
El que el Poder Judicial y el mismo Colegio de Abogados hayan denunciado la intromisión, y que el reclamo consiguiese planas por encima del recién firmado TLC con Estados Unidos, demuestra vigencia de los contrapesos. Lo más preocupante resulta que el ciudadano común reitere su indiferencia por los cimientos democráticos sobre todo, cuando los megaproyectos de un gobierno mantienen la esperanza de dar comida.
El autor es investigador de mercado
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