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Reportaje especial
Panamá, viernes 29 de diciembre de 2006
 

REALIDADES.

Democracia, un sistema contaminado

Donaldo Sousa Guevara

La dimensión ambiental comprende todo lo que existe, incluido el sistema político, el cual incide en el ambiente y la vida; en particular las motivaciones psíquicas que impone el mismo, determinan la conducta del individuo en la sociedad, es así que el fuerte estímulo hacia el lucro y el poder que representa la acumulación de capital, es lo que determina la conducta de todos y la sociedad democrática, la cual, al ser excluyente en la toma de decisiones, es también excluyente en la repartición de la riqueza, generando así impactos negativos en la calidad de vida, por lo tanto, ella misma está contaminada y genera contaminación, es decir, es el mismo sistema democrático el origen principal de la contaminación y el daño al ambiente y la vida.

Al concentrar el poder discrecional en pocos individuos, en un poder que decide y ejecuta a la vez, y con fundamento a las motivaciones psíquicas señaladas, los poderes del Estado y los individuos que los componen, responden esencialmente al sistema, por lo tanto, la pobreza, la corrupción, el crimen, los intereses individuales, las injusticias, los daños al ambiente y la vida, están también sistematizados y así el sistema no permite que la ciencia y el conocimiento en función de la vida digna, prevalezcan.

La democracia, a pesar del despegue de los mercados y del crecimiento económico, no ha logrado los objetivos acordados universalmente, desde reducir la pobreza, hasta proporcionar educación elemental a todos los seres humanos. De acuerdo con el Proyecto de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas, la democracia liberal actual concentra el capital en pocos individuos, ampliando la brecha entre los ricos y los pobres del planeta, lo cual de por sí, es un imacto ambiental adverso de incalculables proporciones.

La realidad, como expresamos en el libro La Biocracia, es que el sistema actual está totalmente contaminado y produce crimen, corrupción, pobreza y todas las secuelas de dicha contaminación, debido a la motivación psíquica de hacer dinero, que rige la conducta de todos en el sistema, en especial de los que tienen el poder político, que son fácil presa del poder económico, de manera que el poder discrecional que tienen se pliega al poder económico, de donde se desprenden, en gran medida, los impactos adversos al ambiente que produce el sistema, esta es la realidad que estamos viviendo en todos nuestros países.

Podemos extendernos con múltiples ejemplos de los actos de destrucción del ambiente, el crimen, la corrupción, expresar el carácter excluyente de este sistema, que genera pobreza aún en las "mejores democracias".

Lo anterior explica por qué se encuentra en estado crítico la calidad de vida y la dimensión ambiental del planeta; se requiere entonces de un salto de calidad histórico positivo, mediante el establecimiento de un sistema político con fundamento bioético, un sistema participativo decisorio permanente, que le otorgue a la ciencia y el conocimiento en función de la vida digna, la mayor fuerza política posible: un sistema biocrático.

El autor es presidente de la Asociación Ecologista Panameña

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