La realidad en las regiones de mayor concentración de pobreza no puede resolverse con un subsidio mensual aislado de la problemática de sus habitantes. Si desplazarse para obtener este incentivo económico impone un sacrificio tan o más duro que la escasez misma, al final el objetivo no se cumple. Ni duradero, ni largo placista ni mucho menos contundente para atacar y resolver las carencias cotidianas.
Se requiere acceso a los servicios que se exigen a cambio del bono; penetración a las áreas y vías adecuadas que permitan que la modernidad, el desarrollo, la salud y la educación, entre otros, alcancen a los más remotos.
Solo con medidas integrales y planes estructurados que respondan a una política de erradicación del aislamiento e integración social podrán esos 35 dólares mensuales tener un propósito que justifique el agotamiento físico que representa su búsqueda hoy día en comunidades como la visitada por Torrijos, quien tal vez ni sabe que su humilde auditorio lo escuchó de pie pues las sillas no vencieron al lodo y a la crudeza del camino, para llegar a tiempo. |