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rgrimaldo@prensa.com EL GRANO. Daniel Craig es la película. Tan simple como eso. Después que vea Casino Royale, haga este ejercicio mental: Sustraiga a Craig y ponga a cualquier otro actor —si gusta al archivado Pierce Brosnan— y verá que no es lo mismo ni es igual. PERSONAJE. Como prometió el director Martin Campbell, en el filme No. 21 del agente 007 habría "más personaje, menos gadgets" (aparatos). Y qué bueno que fue así. A final de cuentas el público quiere identificarse en algún nivel con el protagonista de una película y esto se logra por el guión del ganador del Oscar, Paul Haggis (Crash, Million Dollar Baby), y la intensa interpretación de Craig. TRAMA.James Bond acaba de recibir su licencia para matar. A pesar de que M (Judi Dench) lo reprende por haber metido la pata, Bond no hace caso y empieza a seguirle la pista a Le Chiffre (Mads Mikkelsen), un banquero de terroristas. El conflicto principal se presenta cuando Bond debe ganar un juego de póquer con Le Chiffre para impedir que este obtenga el dinero que sin duda se usará para fines no santos. CREDIBILIDAD.Además de un "héroe" creíble, Casino Royale tiene un villano creíble y creo que radica en que su motivación de que necesita ganar el juego porque teme por su vida es más plausible que aquellas del pasado que tenían que ver con destruir/conquistar el mundo. Y las pocas escenas que muestran los gadgets son más efectivas porque ya no se hace la fanfarria previa con Q. Simplemente se muestran cuando Bond los necesita y esto le da un elemento de sorpresa. COMO QUE NO.La que no convence es la actriz francesa Eva Green que encarna a Vesper Lynd, la funcionaria del Tesoro británico que acompaña a Bond al juego de póquer. Casino Royale fue la primera novela de Ian Fleming sobre el agente 007, y en ella se establece porque Bond es como es, y particularmente cómo la relación con Lynd lo marca. Sin embargo, en pantalla la relación logra funcionar porque Craig convence, no porque Green haga un trabajo excepcional. La muy bonita Green aparte del maquillaje fuerte y los escotes, no ofrece una interpretación de impacto. Con Craig, Bond ya no es el niño bonito de antes. Ahora se muestra como nos imaginamos es un espía de verdad: dedicado a la misión, atlético y violento, pero a la misma vez no tan endurecido que no tiene sentimientos. Al concluir el filme, que para algunos puede ser un poco largo, se quiere ver más de Craig. Además en Vivir
• Seduce y arrasa
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