| INVESTIGACIÓN. LOS HUMANOS Y LA AYUDA DESINTERESADA
La ciencia del dar
Estudio plantea que la gratitud del hombre es la base del intercambio social y del comportamiento cooperativo.Si una persona no siente gratitud por quienes lo rodean, no siente obligación por ayudar a otros aunque sepa que puede.
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| IDEA. La necesidad de ayudar a otras personas parte de que tan agradecida se sienta esa persona con la vida. 783013 |
Shelmar Vásquez Sween
svasquez@prensa.com
Muchas de las actitudes o acciones que realizan los seres humanos son vista de manera superficial, cuando en realidad forman parte de su capacidad innata para actuar moralmente o no. Por ejemplo, al momento de ayudar a un semejante, no lo hacen sólo porque saben que debe hacerlo, sino porque sus sentimientos lo guían hacia lo que es correcto.
Tales planteamientos —que se dieron a conocer recientemente en la Ciudad del Saber— forman parte de un estudio realizado por los antropólogos Mónica C. Bartlett y David A. DeSteno, investigadores de la Northeastern University.
Estos, quienes llevan más de 10 años estudiando el origen de la gratitud del hombre, presentaron los resultados de los experimentos en los cuales la capacidad de la gratitud para influenciar la disposición a ayudar, está disociada del simple seguimiento de expectativas sociales comunes.
En la primera evidencia experimental realizada encontraron que la demostración del papel de la gratitud como conductora de la ayuda recíproca, identifica una respuesta emocional única diseñada específicamente para ocuparse de un desafío fundamental de la vida humana: fomentar y mantener el intercambio social y económico.
Explicaron que solicitaron la participación de 40 personas comunes para el estudio. A estos después de llenar el formulario, se les dijo que próximamente se le estaría llamando para decirles qué tenían que hacer, pero lo cierto fue que desde que salieron del laboratorio ya estaban formando parte del estudio.
Contrataron a un grupo de cómplices que tenían como fin involucrarse en las vidas de 10 de los que serían objeto de estudio. Los otros seguirían su vida normal.
Estos cómplices tenían el deber de identificar los problemas que sus asignados afrontarán para ayudarlos a solucionar de una manera desinteresada, a riesgo de llegar a obtener resultados indeseables o recibir rechazo por parte de los participantes en el estudio. El otro grupo fue sometido a situaciones difíciles creadas que tuvieron que resolver sólos sin que alguien estuviera pendiente a extenderle la mano.
Llegó el momento en que un grupo de cómplices desconocidos para ambos grupos le solicitaron ayuda.
El grupo que no recibió ayuda, sin pensarlo se negó a ayudar a un completo desconocido, pero los que estuvieron recibiendo apoyo de una persona desinteresada accedieron sin importar que se trataba de tareas laboriosas que requerían de tiempo.
Dado que nunca antes habían visto a la persona que accedieron a ayudar, los investigadores concluyeron que tales acciones no podían ser atribuidas al seguimiento de una norma de reciprocidad, sino que concuerdan con el criterio de que el sentimiento de agradecimiento los hace más dispuestos a atender solicitudes de ayuda.
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