| CRISIS SANITARIA.
Para prestar salud con eficacia y eficiencia
Josué Morales M.
Al leer los diversos artículos publicados en distintos periódicos, que hacen referencia a la crisis de salud que tiene más de 30 años, veo que a los panameños nos ha faltado interés y, sobre todo, conocimientos adecuados para solucionarla.
La teoría y experiencias previas no son suficientes para la incorporación e integración en el sistema sanitario de nuevas técnicas clínicas y estrategias asistenciales, si no vienen avaladas por datos demográficos, epidemiológicos y acerca de su eficacia y eficiencia.
La solución se encuentra en un sistema de salud que integre todos los niveles asistenciales, donde la clave sea la promoción y prevención, basando este sistema en las necesidades generadas por nuestros cambios demográficos y perfil epidemiológico; este sistema tendrá niveles asistenciales de tipo hospitalario, extrahospitalario con médicos familiares de cabecera, para dar respuesta escalonada a las diferentes situaciones de enfermedad o necesidad de las personas, en un área de salud determinada.
Para explicar un poco más, todo se iniciaría con la atención primaria de salud que no es más que la atención de la salud materno-infantil, que incluye la planificación familiar, promoción del abastecimiento de alimentos y de una nutrición adecuada (para evitar, entre otras enfermedades, la diabetes), suministro apropiado de agua potable y de servicios sanitarios básicos, inmunización, prevención y control de las enfermedades endémicas locales (dengue, entre otras), tratamiento apropiado y oportuno de las enfermedades y lesiones comunes, provisión continua de medicamentos esenciales y programas que garanticen un envejecimiento activo y saludable.
En cuanto a los hospitales, se deben desarrollar en función del tipo de demanda. No podemos tener un modelo de hospital para todo tipo de paciente, pues es imposible que un hospital que atienda desde celulitis hasta trasplantes, desde pacientes auto validos hasta pacientes totalmente dependientes, que realice labores de curación, rehabilitación y cuidados paliativos, lo haga de manera eficaz y eficiente (los hospitales que hacen de todo tienden a desaparecer en el mundo desarrollado).
La solución está en poner a funcionar distintos niveles de hospitales en función de la demanda de servicios (institutos súper especializados, hospitales de convalecencia y rehabilitación funcional, hospicios, entre otros).
Otra realidad de nuestros hospitales es que fueron diseñados en momentos donde teníamos menor expectativa de vida, menor prevalencia de enfermedades crónicas y otro tipo de tecnología.
Hoy observamos la coincidencia de varias patologías en un mismo individuo (el 25% de los adultos de más de 65 años tiene 4 o más enfermedades), mayor tendencia a la cronicidad de las mismas, mayor prevalencia de situaciones de discapacidad y dependencia, mayor consumo de fármacos, estancias hospitalaria más prolongadas, mayor necesidad de cuidados continuados, mayor utilización de recursos sociales porque la familia en ocasiones no puede atender por sí sola los requerimientos de los pacientes si no recibe apoyo de programas y servicios como la asistencia domiciliaria, la tecnología y recursos terapéuticos en salud son más costosos.
Toda esta situación parece no mejorar, ya que a través del tiempo la tendencia es aumentar los costos derivados de la tecnología sanitaria y a esto se le suma el aumento continuo de los adultos mayores que han vivido en este carente servicio de salud.
Lo que sugiero es anticipar y abordar las consecuencias sociales, económicas y en la salud, del envejecimiento demográfico y del alto costo de los insumos y tecnologías con una reestructuración profunda de los servicios sociales y de salud en base a lo anterior, llevando esto a la cartera de servicios, organizar mejor los sistemas de atención, recordando que entre menos hospitales necesita la población, más sana es la población.
El autor es médico geriatra
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