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Reportaje especial
Panamá, viernes 22 de diciembre de 2006
 

NO HAY RESPETO.

De busero a transportista

Juan Ramón Martínez Dettore

El busero que profesional y moralmente pretenda ascender a la categoría de transportista, debe comprender que su obligación es con la seguridad del pasajero. Desde el momento en que el pasajero pretenda abordar el autobús, es obligación del transportista no poner en movimiento el autobús hasta que estén todos sentados, tal como lo hacen los verdaderos profesionales en los países realmente civilizados.

En Panamá, los buseros no respetan, aunque se trate de una anciana, de una dama en estado de gestación, una madre con niños en brazos, un discapacitado, los que abordan el bus, pues ni siquiera los pasajeros se han sentado cuando el busero mira hacia su izquierda, mientras que el "pavo" grita "dale, dale"... y el conductor arranca.

Esta actitud canalla e inhumana ha sido causal de caídas, fracturas, abortos y hasta muertes de pasajeros, peatones e incluso "pavos". Esta situación nos descalifica como país decente e inteligente.

Quizás contribuiría a la toma de conciencia de los burócratas de alto nivel, de esos que hacen las leyes, el hecho de que un día a la semana los diputados, los miembros de la Corte Suprema y el Gabinete, aborden en calidad de incógnitos diversos buses de distintas rutas. Así estos personajes, muchos de los cuales nunca han tomado un bus, podrán sentir en carne propia la canallada y la tragedia que implica viajar en ataúdes con ruedas, con un escandaloso ruido que llaman música, sin extinguidores, con ventanas cerradas y selladas (para que no se nos olvide que estamos en el trópico); puertas de emergencia clausuradas y otras secuencias de actitudes agresivas contra los pasajeros, lo que da mucho que pensar.

Es imprescindible establecer un control mecánico, que limite la velocidad. Igualmente colocar en lugares estratégicos cámaras de televisión, verificando así las actitudes delictivas. Organizar cursos didácticos acerca de los colores amarillo, rojo y verde. Esto es válido para la población en general, que hace gala de su bajo nivel de inteligencia colectiva, precisamente frente a un semáforo.

El autor es periodista y radiocomentarista

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