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Reportaje especial
Panamá, viernes 22 de diciembre de 2006
 

SISTEMA DE SALUD.

Único no significa integrado

Pedro Ernesto Vargas

Para nosotros los médicos, el costo es trivial, lo importante es restablecer la salud y vencer la enfermedad. Para los pacientes o sus familias, "cueste lo que cueste" y "hacer lo que haya que hacer" -entendido como, hacer todo o no dejar de hacer nada- definen su actitud frente a la tecnología y lo que esperan de los cuidados médicos. Para el gobernante, el médico tiene y vela por sus pacientes, pero el gobernante o el político tienen y velan por los ciudadanos, entendiendo por ello, que, primero todos y solo después, cada uno.

Este es el marco ideológico donde se encuentran, se enfrentan y se desencuentran los médicos, los pacientes y las autoridades sanitarias. Un marco denso donde, no pocas veces, todos los interlocutores son sordos y ciegos. Lo único que no somos es mudos.

Un sistema de salud como el que tenemos, donde la responsabilidad de gerenciar las medidas y las facilidades sanitarias tiene que ceder a demagógicas posturas de solidaridad o a pobres políticas administrativas de equidad, es sumamente costoso. En el período entre los años 2000 y 2003, los gastos en salud que colocaron a Panamá en el 4º lugar en el Índice de Desarrollo Humano en el continente americano (solamente detrás de Canadá, Cuba y Estados Unidos), sumaron, entre las dos instituciones, que hasta ahora se responsabilizan de los aspectos sanitarios del país, dos mil quinientos diez y nueve y medio millones de balboas ($2,519.5 millones), o, alrededor de ochocientos ochenta y ocho punto cuatro millones, anuales ($888.4 millones). ¿Seguimos los médicos pensando que el costo sanitario es trivial? ¿Siguen los pacientes solicitando toda la tecnología disponible y la no disponible o están satisfechos con lo que reciben? ¿Cree el gobernante y las autoridades sanitarias que ese 4º lugar, orienta o desorienta?

Para nadie es un secreto ni es una infamia asegurar que el sistema sanitario nacional está desprestigiado, está en crisis y que no ha sido gratuita esta fortuna. Su politización es tan grosera como absurda, pero, más serio y preocupante, su politización es inmoral. No es ético burlar ni hurtarle al ser humano su contrato fiduciario con la medicina y el médico, en el momento más vulnerable al que lo exponen la enfermedad y la muerte. En este dantesco espectáculo, no queda otra cosa que, para reformar profundamente el sistema sanitario del país y la actitud profesional de los médicos y otros miembros del equipo de salud, crear una nueva entidad administrativa y ejecutiva de la actividad de salud pública. Una entidad donde se honren la solidaridad, la equidad, la eficiencia, la calidad y el humanismo. No se trata, pues, de una integración de servicios de salud.

Tanto el Ministerio de Salud como la Caja de Seguro Social tendrán que ir cediendo paulatinamente, a esta nueva autoridad: facilidades, recursos tecnológicos y personal. Igualmente, ambas instituciones recrearán los instrumentos financieros que aseguren un financiamiento flexible y sostenible para que se haga imperceptible la segregación de fondos privilegiados de fondos no privilegiados, y, para que cada ciudadano, sin distingos de ninguna índole -ni por suertes o fortunas- se sienta con los mismos derechos y los mismos deberes, con respecto a su salud y la de sus conciudadanos.

El otro aspecto que es necesario aclarar es el de la eficiencia con calidad. Y, allí debemos hacer especial énfasis cuando discutimos los aspectos de la atención médica. Los ciudadanos, sin excepción ninguna, quieren una atención médica humanitaria, primero, y, luego, pero no divorciada ni alejada, de calidad óptima, que es lo que garantiza seguridad y recuperación de la salud perdida, con el menor riesgo posible de equívocos. No importa cuán inflamatoria sea la arenga sindical o gremial, esto hay que obligarlo. El profesional de la medicina que tema a esta reforma puede ir cogiendo sus tiliches e irse a otras fronteras o a otra actividad. El sistema único lo va a ir sacando del camino -sin botadera, como ya comienzan a circular cual noticia, algunos grupos que se oponen a velar por la calidad profesional del equipo de salud- porque el sistema único exigirá rendición de cuentas en el ejercicio de la práctica y de la actualización de conocimientos.

El sistema único facilitará la educación médica continuada y la investigación clínica, y calificará con probados métodos científicos, los conocimientos, las habilidades y los comportamientos de todos sus profesionales. La estabilidad profesional no dependerá de un nombramiento, de una amistad o una deuda, ni de una medida de fuerza gremial o política, sino de un rendimiento contable y una probada integridad en la práctica humanitaria y científica de la medicina. Tan importante como ingresar al cuerpo médico o de salud de las instituciones será el mantenerse dentro de ellas. A nadie que se haya comprometido a trabajar ceñido a lo que señale su contrato se le obligará diferente, pero se le obligará a cumplir con lo contratado.

Hay que crear un sistema sanitario nuevo y único, autónomo e independiente, donde la gerencia administrativa y la atención médica y sanitaria se puedan cuestionar sin temores, se puedan calificar, se puedan enmendar y mejorar, y donde su financiamiento sea eficiente, flexible y sostenible. Un sistema donde la consulta a los ciudadanos, a sus usuarios, sea permanente y tan puntual como cuando se necesite, para tomar medidas de salud pública que afectarían a todos sin deterioro de la calidad. El bien común tiene su mejor momento y mientras el médico honra no hacer daño, las políticas de salud deben maximizar los bienes y entender que la equidad en salud pública no es repartir por igual bienes de salud, sino ofrecer por igual la oportunidad de conservar y recuperar el bienestar sanitario.

El autor es miembro del Grupo Técnico de Garantes para las Reformas al Sistema de Salud


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Dos lados de la misma moneda: I. Roberto Eisenmann, Jr.
Para prestar salud con eficacia y eficiencia: Josué Morales M.
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