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Reportaje especial
Panamá, domingo 17 de diciembre de 2006
 

INGRATITUD. EL FINAL DE LA VIDA DEL LIBERTADOR FUE AMARGO.

Raíces

Tras 176 años de la muerte de Bolívar

Nuestra fotografía de hoy, nos muestra la inauguración del monumento a Simón Bolívar en la plaza que primero no tuvo nombre porque el espacio originalmente y según hemos leído, estuvo ocupado por modestas casas de habitación, que fueron trasladadas a fin de que aquello, quedase transformado en la plaza conocida como de San Francisco, nombre que conservó hasta que pasó a llamarse Plaza de Bolívar, el cual aún conserva hoy y que esperamos no se vaya a cambiar. No hemos podido averiguar la fecha del día exacto de la citada inauguración, pero debió ser entre el 22 y el 26 de junio de 1926. El monumento fue develado por el presidente Rodolfo Chiari, siendo obra del escultor español Mariano Benillure y es quizás el único en el que el Libertador aparece vestido de civil.Al fondo se ve parte de las tres casas pertenecientes a la familia Heurtematte y que en aquellos tiempos eran ocupadas por la familia de don Enrique Márquez, su señora Silvia Briceño y familia, y antes por la familia Moreno, a la cual pertenecía Mike, nuestro ilustre ex canciller y buen amigo, además en la casa del medio y también en el piso alto, vivió la familia de Ramón Felipe Acevedo y después la de Julio Zachrisson (padre), al lado habitó el magistrado de la Corte Suprema licenciado Herrera.En los pisos bajos y en la esquina con la calle 3ª vivían varias señoritas (¿estudiantes?), una de ellas de apellido Tapia y al lado la familia Jiménez Donato.A nuestra mano izquierda vemos la iglesia de San Francisco, con sus nuevas torres diseñadas por el arquitecto Leonardo Villanueva Meyer, le sigue nuestro hermoso Teatro Nacional, obra del arquitecto italiano Genaro R. Ruggiere, el mismo que diseñó el Palacio de Gobierno, que es la edificación que alcanza a aparecer de último.Nótese la gran cantidad de personas que asistieron a la inauguración. Se ven unos pocos marinos venezolanos venidos para la ocasión y el heterogéneo público luciendo los sombreros tan utilizados antes y conocidos entre otros nombres como "galleta". Y volviendo a Guillermo Márquez Briceño, hoy será el orador oficial en un acto en recuerdo del Libertador, que se celebrará a las 10:00 a.m. en la Sala Capitular del Ministerio de Relaciones Exteriores. 778091

El 17 de diciembre de 1830, a la una en punto de la tarde y rodeado de muy pocas personas, muere en la quinta de San Pedro Alejandrino, en el puerto colombiano de Santa Marta, el libertador de cinco repúblicas, Simón Bolívar.

Tenía 47 años de edad. La causa de su muerte se atribuye a una tuberculosis pulmonar, pero teniendo en cuenta la falta de diagnósticos científicamente respaldados en esas épocas, es muy poco lo que puede confirmar esa aseveración.

En todo caso, su muerte prueba una vez más lo despreciable que puede llegar a ser nuestra injusta y olvidadiza humanidad.

Él quería ir a finalizar sus días a la tierra que lo vio nacer, Venezuela, y que fue casualmente la primera por la cual batalló para conseguir su liberación del reino español, pero ni siquiera pasaporte válido tenía para poder entrar a su país natal.

Cuando abandonó a la capital de Colombia, país el cual quiso tanto, la gente por la calle inhumanamente le gritaban; "¡longanizo!" con lo cual lo comparaban con un demente que vagaba por aquella ciudad vestido de militar.

El gobierno venezolano hasta pensó en incautarle las minas de Aroa, única propiedad familiar que le quedó. Y la casa de su hermana María Antonia amaneció un día con las paredes manchadas con una infame cuarteta que decía así: "María Antonia no seas tonta, y si lo eres no lo seas tanto; si quieres ver a Bolívar, anda vete al camposanto".

¿Y por qué ese odio que llegó hasta pensar en asesinar al hombre que dejó todos sus enormes bienes materiales, que se jugó su vida en incontables ocasiones para luchar contra el poderío español con "soldados" mal remunerados, si acaso lo eran, mal alimentados, mal vestidos y con armas inadecuadas?

Pues porque comenzaron a surgir en los territorios liberados por él, individuos que querían tener todo bajo su control, porque sus nuevos políticos estaban muy lejos del ideal que su desinteresado libertador había planeado para ellas, porque su idea principal era la de eliminar las castas. Todo tipo de esclavitud y de privilegios peligraba.

Fue entonces cuando fue aprobada por el Congreso su presidencia vitalicia, que lo hizo convertirse, mas no fue ese su anhelo, en un dictador, cuando lo que él quería era que no se desmoronara lo que había conseguido con tantas luchas y sufrimientos.

Y de allí el aborrecimiento de alguna parte de sus conciudadanos y su renuncia, su alejamiento de lo que nunca tampoco había deseado.

Y así sin un centavo en su bolsillo, sin una merecida pensión, o una sencilla vivienda fue a terminar su triste vida en la finca de un ciudadano español, hermano perteneciente a la patria contra la que él había triunfalmente luchado.

Terminemos pues con aspectos de menor trascendencia de su vida, nos referimos a algunas de las damas que trataron de contentar su existencia, aun cuando tampoco por diversas circunstancias en forma permanente y adecuada.

Y que quede constancia de que no lo hacemos por mera frivolidad, sino a título informativo.

Se casó siendo muy joven con María Teresa Rodríguez y Alaiza, quien murió a los 8 meses del matrimonio.

Su otro gran amor lo fue Manuela Sáenz, que le salvó la vida la noche que en el Palacio de San Carlos en Bogotá, intentaron asesinarlo.

Otros romances calurosos, pero breves los mantuvo con Fanny de Villars, Aminta Lenoit, Josefina Machado, Julia Cabrera, Manuelita Mendoza, Francisca Z. de Gamarra (la Capitana) y nos faltaron muchas más.

Del Congreso Anfictiónico cuyo centenario se cumplía el día de la inauguración del parque y que tiene mucho que ver con Panamá, ya que Bolívar veía a nuestra capital como el centro político de la América (ya se ha hablado de este punto en varias ocasiones).

Excusen pues esta crónica del libertador tan corta y deshilvanada y que deja mucho para mencionar.

Textos: Harry Castro Stanziola
Fotografías: Ricardo López Arias
Comentarios a vivir+@prensa.com


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