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Reportaje especial
Panamá, domingo 17 de diciembre de 2006
 

TRATADO DE LIBRE COMERCIO.

Antes de que nos deje el tren

781012Betty Brannan Jaén
laprensadc@aol.com

Washington, DC. -El reinicio este fin de semana de las negociaciones para un acuerdo de libre comercio (TLC) con Estados Unidos me recuerda uno de esos partidos de fútbol donde uno de los equipos se ha distraído dando vueltas inútiles y en los últimos segundos del partido se da cuenta –finalmente– de que solo queda tiempo para hacer un último intento desesperado de meter el gol que necesita.

Desesperación es la palabra que yo usaría para describir una ronda negociadora anunciada abruptamente a los pocos días de Navidad y bajo amenaza de que si Panamá quiere su TLC, es now or never (ahora o nunca). Como me comentó un observador en noviembre, si Panamá no cierra estas negociaciones antes de fin de año, "se les irá el tren". Pensé que con las complicaciones de la época navideña, no sería posible siquiera convocar una ronda, menos aún completar el acuerdo, pero sí concertaron la ronda y ahora –quedando pocos segundos en el reloj– tienen oportunidad para un último tiro desesperado hacia un gol.

¿Por qué se perdió tanto tiempo? Casi un año entero se perdió entre la ronda previa en enero y la actual, en unas negociaciones que están andando interminablemente desde abril de 2004.

No hay claridad sobre lo que causó la demora. Mi entender –y este diario así lo ha informado– es que inicialmente hubo problemas muy graves sobre el tema de inspecciones sanitarias a las exportaciones estadounidenses de alimentos, pero que luego, el gobierno de Martín Torrijos decidió poner las negociaciones "en el congelador" hasta 2007 para que el TLC no entorpeciera el referéndum canalero. Alejandro Ferrer, ministro de Comercio e Industrias, negó esto en mayo, diciéndome que lo que había demorado el cierre de las negociaciones era el cambio en la jefatura del USTR. Es cierto que en abril, el presidente estadounidense George W. Bush trasladó al entonces jefe del USTR, Rob Portman, al cargo de director de la Oficina del Presupuesto y nombró a Susan Schwab como remplazo. También es cierto que Schwab era la tercera persona que tomaba las riendas del USTR durante las negociaciones con Panamá (la primera fue Robert Zoellick), lo que probablemente causó estorbos.

No obstante, Ferrer también me dijo en mayo que las negociaciones podrían reiniciarse cuando Schwab se hubiera posesionado de su cargo, cosa que no ocurrió. Si eso fue por decisión del lado panameño, creo que fue un grave error. Mientras nosotros perdíamos tiempo, Colombia y Perú se nos adelantaron en la fila, el clima político en Washington cambió radicalmente, y el reloj siguió su marcha implacable hacia junio de 2007 (cuando se expira la llamada "vía rápida", que facilita la ratificación de estos acuerdos por el Congreso). Lo único bueno que se puede decir de esta demora es que la Embajada de Panamá en Washington aprovechó el tiempo para seguir haciendo cabildeo en pro del TLC, con visitas al Congreso y viajes de congresistas a Panamá. Incluso se tenía lista una delegación de congresistas que hubiera ido a Panamá en enero, pero el viaje se ha tenido que cancelar porque la nueva presidenta de la Cámara de Representantes –Nancy Pelosi, demócrata, y la primera mujer en el cargo– ha adoptado la idea innovadora de que la Cámara debe sesionar de lunes a viernes (antes solo trabajaban dos días a la semana, ¿pueden creerlo?). Claro que este cabildeo se ha hecho bajo la tutela de los cabilderos bajo contrato en Washington, que han seguido cobrando (hasta donde puedo deducir de los documentos en el Departamento de Justicia).

Mientras el lado panameño dejaba pasar el tiempo, del lado estadounidense hubo cambio de equipo; Bush sufrió un debilitamiento dramático y su partido perdió control del Congreso. Los demócratas (más ligados a los sindicatos y a la clase obrera que se ve amenazada por la fuga de empleos) prometen escepticismo (si no franca oposición) a los acuerdos de libre comercio. Recordemos que cuando los republicanos controlaban el Congreso, el acuerdo centroamericano (CAFTA) fue aprobado por margen de un solo voto; control demócrata seguramente dificultará las cosas.

Sin embargo, mis fuentes –notablemente Dan Griswold del Instituto Cato– insisten en que el TLC panameño no debiera tener problemas para obtener ratificación por el Congreso. Pero es esencial que el asunto marche velozmente, lo cual pondrá a Panamá entre la espada y la pared sobre los temas más difíciles y sensitivos, precisamente los que se dejaron para último.

La autora es corresponsal de La Prensa

Además en opinión

Haraquiri legislativo: Neftalí Jaén
Razón y fe: Xavier Sáez-Llorens
Antes de que nos deje el tren: Betty Brannan Jaén
‘Orden y disciplina’: Gabriel E. Zarak L.
La salud pública en Panamá: Javier Nieto Guevara



 
 
 
 
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