Antes de ocupar el cargo de director del Museo Antropológico, el arqueólogo Tomás Mendizábal, en la Dirección de Patrimonio Histórico, trabajaba en conjunto con la Autoridad Nacional del Ambiente para solicitar a todos los interesados en proyectos que incluyeran remoción de tierras, un estudio arqueológico del área. “Son muchos los lugares en los que pueden haber restos arqueológicos y si no se hacen estudios podríamos estar perdiendo valiosa información de nuestro pasado”.
A Mendizábal le apasiona el trabajo de campo. Pero el destino le tenía preparado un camino diferente. Hoy se encuentra al frente de la Dirección del Museo Antropológico Reina Torres de Araúz.
Con poco más de 30 años, el arqueólogo presenta una imagen muy distinta a la de cualquier director de un museo.
“Usualmente una posición como esta es la culminación de una carrera profesional, en mi caso, no fue así”, afirma Mendizábal.
Luego de varios años de contar con la figura de un administrador, mas no de un jefe de museo, se le ofreció la oportunidad a Mendizábal de ocupar la posición. “Íbamos a hacer ciertos cambios en la sede anterior y yo era el único arqueólogo que trabajaba en la Dirección de Patrimonio Histórico del Inac.
Pero esos cambios se vieron modificados cuando se presentó la mudanza a la nueva sede en Llanos de Curundu.
Los retos son grandes y los proyectos ambiciosos, sin embargo, Mendizábal los ha aceptado con seguridad y entusiasmo.
—¿Cómo te ha cambiado la existencia?
—Tenemos mucho más trabajo que antes porque estamos empezando de cero.
Allá, mal que bien teníamos unos espacios definidos, ya teníamos pensado qué hacer con los espacios, aquí el espacio es mucho más grande pero tiene mucho potencial. En este museo se podrán hacer muchas cosas más que en el anterior no se podían.
—Por ejemplo...
—Laboratorios, más espacio de bodegas, una biblioteca, se pueden atender más visitas, establecer una tienda de souvenirs, restaurantes, estamos al lado del Parque Metropolitano, tenemos 10 hectáreas de bosque, estamos cerca de Albrook Mall.
—Así que, ¿están conformes con la mudanza?
—El problema allá, además de que el edificio era más pequeño, es que toda el área de los alrededores estaba degradada.
No hay estacionamientos, es peligroso, la fachada del museo era el baño público. Ni siquiera los panameños querían ir. Hubiéramos tenido que hacer cosas como cercar el museo, pero hubiera parecido una cárcel.
—Igualmente aquí se reflejan algunas desventajas...
—Sí, el lugar no es tan céntrico como el anterior, el flujo podría ser menor, pero esto depende del atractivo del museo. Con la colección de Rodin aquí hubo 14 mil visitantes, inaudito, esto nunca había pasado. Llegaron unos 300 visitantes por día. Si hay algo lo suficientemente atractivo la gente va a llegar. Si no hay nada, aunque esté en el centro del pueblo nadie va a ir a verlo.
—¿Por qué no se había hecho antes?
—Porque el museo se había quedado sin contactos afuera. Uno de los planes que tenemos es el de resucitar todos esos contactos académicos y científicos que se tenían con otros museos. Además, en las condiciones en que estaba la otra sede no se hubieran podido traer. Ningún museo serio hubiera querido prestar nada. Cuando el espacio esté bien adecuado se va a prestar para eso y como se comprobó con Rodin, es un gran atractivo para el público que viene a conocer cosas que nunca había visto.
—Hay algún plan de establecer un calendario de exposiciones itinerantes?
—La planta baja la tenemos establecida para nuestra colección permanente. Pero parte de la planta alta queremos destinarla a presentar exhibiciones temporales. Estar siempre trayendo cosas de otros museos, nacionales y de fuera.
—¿Qué te gustaría presentar?
—Personalmente quisiera ver aquí una exhibición mexicana y una exhibición egipcia. Eso sería por mi gusto, pero se pueden traer algunas colecciones más cercanas, de países vecinos como Colombia y Costa Rica, empezar por allí.
—Se tiene una nueva estructura, pero más allá de esa estructura ¿cómo está funcionando el museo?
—Ahora mismo lo que se está planeando es la constitución de un patronato para el museo, tal como se administra Panamá Viejo y el Museo del Canal Interoceánico. La administración se hace mucho más sencilla.
—Hace algunos años se intentó establecer la figura de un patronato y se generó una polémica, ¿podría ocurrir en esta ocasión?
—Los patronatos, como otras instituciones no son infalibles, el propósito es que funcione tal como las que funcionan exitosamente en el país, con un modelo de administración mixta con recursos culturales que le pertenecen al Estado. Si se ha podido lograr en Panamá Viejo y en el Museo del Canal, no veo por qué no se pueda hacer aquí.
—Vamos para 30 años de fundación de un museo que fue violentado en 1989 durante la invasión de Estados Unidos y más adelante fue víctima de un gran hurto de piezas de las cuales la mayoría afortunadamente fue recuperada, ¿con que cuenta nuestro museo antropológico?
—Este museo cumplió realmente 100 años porque tiene las colecciones originales del Museo Nacional que se fundó en 1906. Tiene la colección arqueológica más grande y más variada del país.
Hoy día el 95% de su colección o más es de cerámica precolombina, pero hay orfebrería, piezas de madera, en piedra y en concha, restos humanos, en otros metales como hierro y bronce, cerámica colonial y hasta algunos trozos de tela antigua,
Son más de 15 mil artefactos, a ojo de buen cubero, pero ahora mismo estamos en el reembalaje de la colección, vamos a hacer un inventario digital que pueda ser consultado a través de internet y entonces sabremos exactamente cuántos artefactos son, porque hay muchas cajas que no se han revisado desde hace 50 años.
—No todo puede ser exhibido, ¿qué se hace con estas piezas?
—La colección no sirve de nada guardada en una bodega donde nadie la pueda ver. Lo sabroso es que uno pueda llegar a manosearla, verla, estudiarla, fotografiarla, la idea es que sea accesible, que puedan venir científicos, tanto panameños como extranjeros; se podrían hacer muchos proyectos de investigación.
En la planta alta queremos habilitar tanto una biblioteca de investigación como un laboratorio de conservación, y dependiendo del espacio, un laboratorio de arqueología.
El museo tiene que investigar, la colección debe crecer, sino, va a pasar lo mismo que en los últimos años, se va a convertir en un depósito de cosas viejas.
—En tus términos ideales, ¿qué debe ofrecer un museo como este?
—Un montón de cosas. Para los científicos debe ser una casa donde puedan investigar.
Para el público, un lugar donde puedan venir a aprender de su pasado, a repensarse, a ver la historia precolombina panameña de otro modo, pero también lo veo como un lugar donde se puede pasar la tarde en el jardín, leyendo, que sea un lugar de referencia para el público tanto local como visitante. Un lugar al que la gente quiera venir. Que sea un museo nacional como en otros países donde todo el mundo va y todo el mundo lo conoce.
—Muchas son las ganas, pero pocos los recursos. Cuáles son las prioridades en este momento?
—Ahora mismo, la colección. Terminar el desembalaje, terminar el traslado e inventariar. Es la prioridad número uno. La otra prioridad es establecer un patronato que facilite la administración del museo. Si no, va a ser más complicado lograr cualquier otro propósito.
—Si un visitante viene al museo el día de hoy, qué puede encontrar?
—Lo que va a ver es una exhibición temporal que es una muestra del acerbo que tiene el museo. Hay una exhibición en homenaje a Reina Torres de Araúz, la fundadora del museo y una pequeña muestra de orfebrería, cerámica, trabajos en piedra y una exhibición temporal de la pintora Sheila Lichacz. Nada más con la exhibición temporal nuestra hay más material exhibido en cualquier otro museo estatal.
—¿Qué va a ocurrir en 2007?
—Se va a establecer la estructura administrativa y en cuanto a la estructura de exhibición estamos diseñando con un equipo de expertos locales y extranjeros la museografía permanente para luego construirla. Pero esto tomará bastante tiempo.
Queremos ir abriendo salas poco a poco. No queremos ni podemos hacerlo todo de una sola vez. El museo tendría que cerrar.
—Por diversas razones, para trabajar para el Estado se requiere de mucha paciencia. ¿Qué es lo más complicado?
—La administración del dinero. Debe ser cuidadosa la forma en que se decide cómo utilizar el dinero de los contribuyentes pero a veces es un poquito demorado. No se ven los resultados tan pronto como uno quisiera, es difícil. Pero eso le pasa a todas las entidades gubernamentales
—¿Extrañas el trabajo de campo?
—Claro, yo preferiría estar en el campo, pero este es un reto bien interesante, distinto pero interesante, y cuando se logre lo que queremos aquí, creo que voy a poder volver a dedicarme a ir al campo a investigar.
El museo debe tener su propio departamento de investigaciones y por supuesto que me gustaría estar allí. Quiero regresar a excavar.
—¿Cuánto tiempo le pones a esto?
—Tienen que ser meses, no años, el proceso de la creación del patronato y que el museo pueda adquirir fondos, tanto privados como extranjeros, tiene que ser en meses. Si no van a estar muy difíciles las cosas. El museo no tiene ni siquiera su propia cuenta, no puede manejar su plata.
—¿Cuál es tu lugar favorito en el museo?
—Me gusta el exterior, es muy bonito, se pueden hacer unos jardines espectaculares allá, estamos sembrando árboles, queremos hacer actividades escolares, tenemos pensados unos senderos ecológicos, una exhibición de orquídeas, un mariposario. Adentro, la estructura industrial hace un contraste fuerte con el contenido de un museo antropológico.
—¿Le ha gustado al público la nueva sede?
—Al público y a museólogos e investigadores que lo han visitado les ha gustado mucho.
Es bonito, es agradable, tiene aire acondicionado, tiene buen estacionamiento, y sobre todo, lo que todo el mundo ve es el potencial que tiene. Si se maneja bien y si tiene una buena administración este puede ser el mejor museo de Centroamérica.
—Se tiene la idea de un director de un museo como una persona madura, ceremoniosa; digamos que tu imagen no es el prototipo de director de museo...
No pienso que tiene que ser ceremonioso y formal. En un museo se hace investigación seria, que se puede hacer por jóvenes, pero un museo debe ser un espacio de esparcimiento.. A mí me gustaría cambiar esa impresión de que un museo es un lugar donde nadie puede hablar y nada más mire y no toque. Un museo puede funcionar perfectamente sin tantos formalismos. Me encanta cuando esto se llena de chiquillos hablando, moviéndose, dibujando. La idea es que se diviertan, que no vengan a aburrirse.
—¿Cómo esperas que sea reconocido el Museo Reina Torres de Araúz en el futuro?
—El museo es nuestra cara, ante nosotros mismos y ante el resto del mundo. Espero que tanto el Estado como la sociedad panameña entiendan la relevancia de contar con un museo. Cuando vas a otro país y quieres conocer qué dice ese país de sí mismo vas a un museo. Esta va a ser la cara de Panamá frente a todos los turistas que nos visitan. Si queremos que sepan quiénes somos, de dónde venimos, nuestra historia y hacia dónde vamos, tenemos que presentar un gran museo, cuidarlo y mantener nuestra cara bien bonita.
Un aniversario más del Museo del Hombre Panameño Reina Torres de Araúz
El 15 de diciembre de 1976 abrió sus puertas a la ciudadanía panameña el Museo del Hombre Panameño. "Es el producto de muchos esfuerzos y es la objetivación de una antigua ambición: dotar a nuestra patria de un museo donde el panameño pudiese encontrarse a sí mismo, en la rica diversidad de razas y culturas que componen su nacionalidad", así no los explica la Dra. Reina Torres de Araúz, en su introducción, al inaugurar este museo, como gestora del proyecto, directora de la Dirección Nacional del Patrimonio Histórico, entidad encargada de la recuperación, protección, mantenimiento y difusión de los elementos que conforman nuestro patrimonio histórico.
Al tener en mis manos la publicación o catálogo, repartido en su inauguración, que explica todo lo relacionado con la conformación de este museo y las colecciones que custodia, me vienen a la memoria tantos recuerdos relacionados con los sucesos y personas que conformaron el equipo de profesionales que participó en esta recuperación, dando como resultado este espléndido museo.
Así pues podemos recordar desde cómo se pudo recuperar este edificio ya de carácter histórico y de un valor arquitectónico significativo, el cual estaba destinado a su demolición para en su lugar construir un moderno edificio, sin embargo, la Dra. Reina T. de Araúz hablo con el entonces jefe de Gobierno, el general Omar Torrijos, convenciéndolo de su recuperación para sede del museo.
Así pues comenzó la odisea, se preparó un proyecto de reconstrucción con sus planos arquitectónicos bajo la responsabilidad del Arq. Rodolfo Fogarty Herrera.
Se conformaron los equipos de profesionales que realizaron las investigaciones antropológicas, históricas, etc., necesarias de las colecciones que se exhibirían, las cuales se inventariaron, se fotografiaron, se consolidaron, se restauraron, se limpiaron etc., responsabilizándose en la asesoría arquitectónica al Arq. Demetrio Toral; en el cedulario y fotografías a la Prof. Aminta Núñez; en documentación y catastro al Prof. Oscar Velarde, Arcadio Arenas, Arsenio González, y en la recuperación y restauración de las piezas
Al Centro Sub-regional de Restauración de Cerámica (OEA-INAC), Marta de Ardito Barleta, Jaime Caballero, Jacinto Almendra, Antonio Rodríguez, René Delgado, y en cuanto a la museografía, con la asesoría técnica del museólogo Arq. Felipe Lacouture, director del Museo Virreinal de Chapultepec, México, y la participación de la Prof. Marcela Camargo , Arq. Marcela Toral, y el montaje fue dirigido por la Dra. Reina T. de Araúz, Dra. Marcia de Arosemena, Prof. Raúl González; en fin, fue un grupo de profesionales panameños y otros colaboradores el que hizo posible esta obra.
Las diferentes comunidades como la helénica, la china, la judía, la afroantillana, etc., aportaron elementos representativos de su cultura para ser expuestos en el conocimiento de las diversidades de razas que componen la identidad panameña, hasta los grupos indígenas participaron con elementos de su cultura y con ritos de sus religiones; así pues, los grupos indígenas chocoes hicieron una ceremonia en el lugar en donde estarían expuestos algunos elementos etnográficos de su cultura. En fin, tantas personas e instituciones nacionales como extranjeras se vieron involucradas en este proyecto, que realmente fue una oportunidad única, dejándole al país un gran museo. Con mucha emoción nos decía la Dra. Reina T. de Araúz su satisfacción porque solamente existían en el mundo tres museos dedicados al hombre: el de París, el de la República Dominicana y el nuestro.
Todavía me parece que fue ayer cuando la Dra. Reina T. de Araúz iba tocando puertas con los funcionarios del Estado para conseguir los fondos necesarios para el desarrollo de esta obra.
El proyecto del Museo del Hombre Panameño contemplaba la integración de la Plaza 5 de Mayo, en donde se eliminaba el tramo de pavimento de calle que pasa delante del edificio, y además la anexión del terreno posterior para su ampliación y normal desarrollo; sin embargo, parece ser que la protección y difusión de los elementos que conforman nuestro patrimonio histórico y nuestra identidad tienen menos significación que la instalación en el terreno posterior de un mercado de artesanías para resolver un conflicto político, así como la instalación de una parada de trasporte público frente a su fachada principal, desmejorando en su totalidad su calidad y funcionamiento.
Recuerdo que después de inaugurado el museo, se dieron muchos actos políticos y festivos en la plaza y la multitud que acudió siempre respeto el edificio y su entorno; los panameños se sentían orgullosos de tener un museo de esa calidad.
La restauración de un edificio histórico para su preservación conlleva a un nuevo uso o funcionamiento cónsono con los valores del edificio, así pues la habilitación de este edificio fue costosa, ya que debía reunir la seguridad, los espacios y ambientes requeridos para la exposición de las colecciones, ya que cada colección demanda un ambiente específico en donde además de la seguridad, se puedan resaltar los valores de cada pieza que la conforman. De repente no podemos comprender cómo todo lo que ha significado la realización de este museo sea totalmente indiferente para realizar, sin más ni más, el traslado a otra sede que habrá que reformar en su interior y adecuar para recibir las colecciones, lo cual será bastante costoso, ya que el sitio en donde se traslada el museo fue diseñado para desarrollar en él otro tipo de actividad. Por qué no recuperar el edificio antiguo de significación histórica y arquitectónica; por qué no recuperar el entorno y su localización estratégica, en el centro de la ciudad; por qué no realizar el proyecto cuya finalidad es realzar nuestro patrimonio histórico, nuestro entorno al mejoramiento de la calidad de vida y al conocimiento de nuestras raíces e identidad.
Sebastián E. Paniza Paredes
Arquitecto restaurador
Ex director de la Dirección Nacional de Patrimonio Histórico