Cada vez que se avecina el fin de año, alguno de mis amigos me pregunta de qué trata la fiesta que los judíos celebramos en diciembre y por qué encendemos ocho velas en un candelabro. Esta vez, ante "los antojos" del calendario hebraico lunar-solar que rige las festividades judías, la conmemoración se extiende desde el 25 de Kislev, hasta el 2 de Tevet, que no es más que del 15 al 22 de diciembre, de acuerdo con el calendario gregoriano.
La fiesta de Hanuka, vocablo hebreo que significa "Dedicación, Descanso y Educación" y que en español se escucharía algo así como Janucá, conmemora la victoria de los judíos contra los sirios griegos -el Imperio Helénico Seléucida- en el año 165 a.n.e. Sería conveniente que el presidente iraní tomara nota de esto, ya que se empeña en borrar del mapa no solo al actual Estado de Israel, sino al vínculo histórico del pueblo judío con el reino de Judea, donde ocurrió este episodio. Unos cinco siglos antes de que sus antecesores persas llegaran del sur de Asia para conquistar a los asirios y crear el reino donde hoy está Irán.
A la sazón, el poder del gran reino Seléucida lo alcanzó el emperador Antioco Epifanes y ordenó que en la provincia conquistada de Judea se prohibiera a sus habitantes la práctica de su religión. Al mismo tiempo, introdujeron cultos paganos e ídolos del panteón griego al Templo de Jerusalén. Un grupo de judíos, encabezado por una familia de cinco hermanos conocida como los Macabeos o Hasmoneos, se lanzó a la lucha sin detenerse a comparar el número de hombres y armas, ni sopesar las posibilidades de triunfar.
No solo consiguieron derrotar al poderoso ejército imperial, sino que también llegaron al templo y, tras sacar los objetos paganos, iniciaron el culto monoteísta en el recinto sagrado.
La proeza del pequeño ejército espontáneo de los Macabeos se recordó, con el tiempo, como una fiesta nacional y religiosa que los judíos festejamos hasta hoy día como símbolo de emancipación, en una concepción general, y de la libertad de profesar nuestra fe, en particular.
Cuenta la tradición que al retomar el templo y empezar de nuevo los servicios religiosos, solo había aceite para mantener encendido por un día el gran candelabro del recinto. Sin embargo, la llama se mantuvo por ocho días. Por eso, la festividad tiene esa duración y cada día se enciende una vela más hasta llegar a ocho; más la que se coloca en el brazo que sobresale en el candelabro y que se utiliza para encender las demás. Así, se rememora lo acontecido en aquella época.
El judaísmo ve la guerra como un mal necesario solo en situaciones extremas; por eso, los rabinos de la antigüedad decidieron que la victoria militar de "los pocos sobre los muchos" se festejara, sin pretensiones de gloria, en familia, enfatizando en el milagro de las luces.
Disfrutaremos de esta hermosa Fiesta de Hanuka. Encenderemos en casa el candelabro de ocho brazos o Hanukia. Una velita por cada día.
Los niños, según la costumbre, jugarán haciendo girar dreidels o también llamados "Toma Todos", que son una especie de trompos que se giran con los dedos; se comerán alimentos basados todos en aceite y se entregarán regalos y monedas de chocolate a los niños.
Es la época más especial para la familia, donde se llena de regalos la casa. Por cada noche que transcurre se comparten presentes, tanto a los niños como a la esposa. La tradición enseña que cada noche el padre (o la madre) se aparece con regalos para sus hijos y, así, por ocho días consecutivos.
¡Feliz Hanuka para todos!