Aprovechando un conocimiento intermedio de cartografía y las ansias de descubrir nuevos lugares para hacer aventura de la buena, con la certeza de que este sería un trip único, armé a un grupo de exploradores, quienes tendríamos la misión de recorrer la quebrada Campana, uno de los afluentes más importantes del río Sajalices, que se encuentra a unos 40 minutos de la ciudad de Panamá y que atraviesa la carretera Interamericana.
Desde temprano (7:00 a.m.) ya estábamos en el punto de partida, ubicado a unos 20 minutos de la entrada del Parque Nacional Altos de Campana, donde teníamos todos los equipos listos, sin dejar de lado el mapa y el siempre fiel GPS (sistema de posicionamiento global). La jornada se pintaba interesante, dadas las cercanas y repetidas curvas de nivel del mapa, que marcaban el rumbo del cauce de la quebrada que se limitaba a una franja de agua que de a milagro tenía pie y medio de profundidad, así como metro y medio de ancho en la mayoría de sus partes.
Recorrido
Lo primero que nos impactó fue lo fría que estaba el agua que caía de roca en roca, moldeándolas y dándoles su peculiar forma ovoide. Sumándoles el moho, hicieron que el caminar fuese como un ensayo del ballet con niños de primer grado. Las primeras dos cascadas nos dieron una rápida muestra de lo que sería el recorrido, tanto así que las sonrisas y gritos de emoción borraron el constante tiritar de nuestros dientes. Luego llegamos a una cascada de unos 60 m de alto con una espectacular belleza. Mientras que el vacío se sentía a unos metros del borde; una vez abajo, solo se percibía la grandeza de esta imponente caída de agua que nos tomaría una hora bajar.
Luego de un descansito, seguimos quebrada abajo, adentrándonos un poco más en un cañón que inicia a unos 750 m sobre el nivel del mar, en la misma orilla izquierda de la carretera que lleva al pueblo de Chicá o a las reconocidas antenas de Campana. Como todo cañón, sus bordes son empinados y cubiertos por una variada vegetación compuesta de flores multicolores, helechos y pequeños árboles, que nos servían de apoyo para hacer los anclajes y luego tirar las cuerdas que con el peso del agua se tornaban difíciles de manejar. El trabajo en equipo, nos permitió sobrellevar la carga para que así todos disfrutáramos del viaje.
Al pasar la quinta cascada, el hambre se hizo presente y nos detuvimos para reponer fuerzas. Aprovechamos el momento para tomar otra lectura con el GPS y así darnos cuenta de que estábamos a poco más de 6 km de la carretera Interamericana, en donde nos esperaría el personal de apoyo que había estado intentando comunicarse con nosotros desde tempranas horas de la mañana sin ningún resultado, dado lo espeso de la vegetación y la profundidad del mismo cañón, que en algunas partes alcanza alturas de casi 100 m.
Estando ya todos empapados, cualquier rayo de sol era bien recibido, así como un bocado de las barras de granola o de chocolate que reponen considerablemente el ánimo y las tan necesarias energías para seguir caminando por algunas horas más.
Habiendo pasado un par de cascadas pequeñas, pero muy técnicas, nos enfrentamos luego a dos cascadas más que por su formación e intensidad visual fueron el plato fuerte del día. Luego de resolver la forma más conveniente de anclar las cuerdas, así como de velar por la seguridad de todos, emprendimos el decenso. El esfuerzo valió la pena, a pesar de haber sido atacados por una bandada de aves, que bajo la intención de cuidar sus nidos, volaban amenazantes a nuestras espaldas. Fue una experiencia diferente que nos hizo reír (a los que estábamos arriba, claro está), dado lo poco común de la situación.
Ya cansados, luego de nueve horas de húmeda caminata, llegamos a lo que parecía otra cascada más, pero para nuestra sorpresa, resultó ser un canal por el cual podríamos deslizarnos. Todo un zurra zurra...
¿Quién quiere ser el primero? fue la obligada pregunta, dada la "altura" y declive de la roca. En fin, no pasó mucho tiempo cuando uno de los compañeros arrojó su mochila y ¡al agua pato! Al escuchar el chapuzón, nos quedamos todos en silencio y cuando salió a la superficie, solo escuchamos unas carcajadas y un “¡weeee! Esto está pritty!
Más rápido que ligero, el temor se convirtió en ansias de bajar por la roca y dar inicio a la caída, que resultó ser de unos 3 m desde el final de la roca al agua. Cuando por fin llegó mi turno, levanté los brazos para deslizarme y recibir un solo chapuzón tan energizante y divertido, que hasta el momento aun me hace reír.
"Gente, son las 5:10 p.m., aun no hemos salido del río, así que azoquen el paso". Estas fueron mis palabras y como por arte de magia encontramos un caminito que parecía la salida a un potrero. Esto nos animó a salir del agua y dar por terminada la parte húmeda del recorrido. No hicimos más que caminar unos 500 m y nos encontramos con otro río. Afortunadamente este estaba igual de seco que la quebrada y nos facilitó el cruce. Una vez del otro lado, tomamos una lectura más del GPS y pudimos ubicar una casita abandonada, que se puede divisar desde el mirador contiguo a la estación de guardaparques de la Anam.
Sin temor a la decisión, seguimos un caminito que estaba en dirección a la carretera Interamericana, el cual de un trillo pasó a ser sendero y luego camino de penetración.
Apretamos la marcha hasta el momento en que efectivamente nos cayó la noche y quedamos en compañía de las luciérnagas. Supimos que estábamos solo a minutos de llegar al final de la aventura cuando escuchamos el ruido de camiones y buses. Habíamos llegado a la carretera.
Luego de 12 horas exactas de iniciada nuestra expedición, unos choripanes calientitos del restaurante El Pampero nos dieron la bienvenida, así como el abrazo de apoyo del resto del equipo que nos esperaba con un suspiro de alivio, en una tiendita de Sajalices.
El equipo fue testigo de la apertura de una nueva ruta que bautizamos con el nombre de EL CAÑÓN DE CAMPANA, la cual tiene dentro de sus bellezas ocho cascadas que van desde los 4 a los 60 metros un deslizador súper divertido, 11 kilómetros de rocas, agua y ramas, la combinación exacta de adrenalina y riqueza natural que los aventureros buscamos explotar, así como un extenuante ejercicio que luego de varias visitas hemos logrado recortar a cuatro horas, para que aquellas personas que buscan algo diferente no pasen las penurias de un recorrido tan exigente y agotador como este. Recomendaría con los ojos cerrados esta ruta a cualquiera que quiera conocer el verdadero significado del canyoning (descenso de barrancos y cascadas) aquí mismo en Panamá.
Recomendaciones:
Antes de realizar cualquier actividad con cuerdas, ya sea rappel o canyoning, es primordial verificar la experiencia y certificación de los guías. Lleve barras energéticas, emparedados o comida liviana, así como suficiente hidratación. Recuerde que su almuerzo y otros efectos personales deben estar bien impermeabilizados.
Importante
Si el pronóstico del clima no es favorable, ni pensar en hacer actividades en ríos o cañones, dado que las inundaciones repentinas suelen pasar sin aviso y son sumamente peligrosas.
‘Canyoning’
En Panamá hay muy pocos lugares explotados comercialmente para esta actividad, pero de los mejores podemos mencionar: El cañón del río Indio (afluente del río Chagres), El cañón de Campana (afluente del río Sajalices) y el cañón del río Masambi (desemboca en el Canal de Panamá), este último no es tan impresionante, pero es un buen inicio.