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Reportaje especial
Panamá, viernes 15 de diciembre de 2006
 

DECISIONES.

Recordando el futuro

I. Roberto Eisenmann, Jr.

A veces es recomendable mirar hacia atrás para revisar las posiciones impopulares que uno ha tomado y compararlas con lo que ocurrió, para evaluar cuán acertadas o desacertadas pueden haber sido… tan solo para aprender de ellas.

Mis desaciertos han sido múltiples, sobre todo respecto a gente. Tengo la tendencia a ser optimista y creer en las virtudes manifiestas de la gente cuando operan en el ámbito privado, gremial o en la sociedad civil. Sin embargo, cuando ocupan un puesto de poder público pareciera como que son atacados por un virus que los infecta con ceguera, sordera, dogmatismos hasta entonces desconocidos y, lo que es peor, una demasiado fácil y hasta entonces desconocida mano rápida para servirse de los fondos públicos. ¿Qué he aprendido?... a ser más riguroso en mis apreciaciones, sí, pero a pesar de los desaciertos sufridos me niego a desconfiar de toda la humanidad. Ahora bien… no voy a detallar mis desaciertos ya que mis severos lectores me los recuerdan sin cesar.

Voy a cuadros más grandes. Primero: la dictadura o los que algunos llamaron "dictablanda" porque para ellos los derechos humanos se reducen a un juego de números. "Tantos muertos de Pinochet, de Fidel, realmente los nuestros fueron pocos", argumentaban, cuando para mí un torturado, un muerto, es inaceptable; no hay contabilidad posible. En esto no hay grises posibles... es o blanco o negro.

Me opuse a la dictadura desde el primer día –11 de octubre de 1968– mientras otros que me rodeaban hablaban de "compás de espera", de "vamos a darles tiempo" (fueron 21 años), mientras las izquierdas salían de las cárceles habiendo "visto la luz camino a Damasco", mientras respetados intelectuales se deslumbraban con el poder absoluto… mientras la mayoría de mi generación de jóvenes empresarios decidía "luchar desde adentro", dando pie al slogan "ni con la derecha ni con la izquierda…"; yo seguí luchando de frente con una minoría de panameños de principios, pagando altísimos precios personales.

Luego de 21 años de dictadura, y un país casi tomado por las mafias internacionales, tuvimos que pagar un horrible precio en destrucción de vidas y propiedad para liberarnos por no haber parado firme en nuestros principios – aquel 11 de octubre– cuando era lo que la nación democrática esperaba de sus hijos.

En ésta, me duele decirlo, no nos equivocamos… y valieron la pena todos los sacrificios.

Las bases militares norteamericanas: era normal ver a los revoltosos de la izquierda estudiantil objetando la presencia militar del imperio. Pero era rarísimo este empresario, fulito (cuando tuve pelo) y de ojos azules, amigo de EU… objetando con vehemencia la presencia, primero de la Escuela de las Américas y luego de las bases militares norteamericanas. Cuando para las finales el presidente Pérez Balladares quiso, con su invento creativo del CMA mantener una última base militar en Howard "porque la mayoría de los panameños la acepta", nuestra posición fue un firme ¡No! que motivó un intercambio fuerte de cartas con el Presidente. Un amigo con una posición contraria a la mía me describió en ese entonces como un bicho tan raro que parecía tener un tercer ojo en la frente (¡qué bien me serviría ahora, pues los dos que tengo se me van apagando!). En la mitad de la controversia pública donde me sentía bien solo pero con una convicción profundísima, un grupo de norteamericanos residentes en Panamá me invitó a exponer mi tesis anti-bases frente a ellos ante una audiencia totalmente hostil. Fue una sesión respetuosa, pero de un activo debate hostil que me pareció interminable. Bueno, por fortuna de nuestra nación, las bases se fueron. Meses después de haberse cerrado la última base militar, un oficial de la embajada norteamericana me trajo una bandera panameña en una bonita caja de madera pulida y me dijo "esta fue la bandera que ondeó en la última base militar norteamericana. Usted merece tenerla y sabrá dónde exhibirla". Me emocioné profundamente y la tengo guardada para izarla en el terminado Museo Gehry de la Biodiversidad. Ya en la Ciudad del Saber cambiamos armas por estudios; en el Gehry cambiaremos armas por cultura y educación.

Hablando con un norteamericano recién instalado permanentemente en nuestro país, le preguntaba "¿por qué escogiste Panamá?".... me dio una lista de virtudes conocidas de nuestra nación, pero una en especial me impactó: "por primera vez en la historia de EU nosotros los gringos nos sentimos más seguros fuera que dentro de EU. Yo me siento más seguro en Panamá que en la Florida"… ¡cómo ha cambiado el mundo! Un pequeño país desmilitarizado y neutral es hoy más seguro que el país con el organismo militar más poderoso del mundo.

Antes, los materialistas panameños se preocupaban porque con el cierre de las bases perderíamos la seguridad y lo que gastaban en Panamá 8 mil soldados norteamericanos; hoy tenemos 20, 30 ó 40 mil extranjeros (la mayoría norteamericanos) comprando aquí sus viviendas en un Panamá seguro… ¿cosa, no?

Hace una semana al asistir a un seminario con orador internacional, un norteamericano se me acercó, se presentó y me dijo: "en aquella sesión hostil en que usted expuso su tesis contra la permanencia de las bases militares, yo fui uno de los que más duro le debatí. He venido a estrecharle la mano y a decirle que usted tuvo la razón; yo me equivoqué. Panamá es hoy en día un país mucho mejor". Viví otro momento de profunda emoción por el honesto gesto de este gringo amigo.

Son aciertos de posiciones minoritarias y personalmente costosas, pero que comprueban una y otra vez aquel dicho; "cuando afloren dudas, recurre siempre – y con firmeza– a los principios".

El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana

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