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Reportaje especial
Panamá, domingo 26 de noviembre de 2006
 

LENGUAJE GESTUAL.

El arte de la mímica

Maritza Lowinger

Para aclarar desde un principio, la mímica es la expresión de pensamientos, sentimientos o acciones por medio de gestos o ademanes (RAE); o sea, estamos hablando del lenguaje gestual. Desde que oí por primera vez este término, he puesto especial atención al lenguaje gestual de "los demás" para así entender mejor lo que la otra persona está tratando de transmitirme y, de esa manera, recibir el mensaje correctamente. ¡Qué problema existe cuando lo que oímos no coincide con lo que vemos y mucho menos con lo que transmitimos! Eso me recuerda el refrán que dice: "No hay palabra mal dicha si no fuese mal entendida".

Los mimos son actores que utilizan única y exclusivamente la mímica para expresarse. Algunos mimos utilizan esta habilidad para representar burlonamente a otras personas, haciendo reír hasta al más escéptico. Cada rato escuchamos chistes sobre dos personas que, por no hablar el mismo idioma, utilizan la mímica para conversar dándose situaciones bastante ocurrentes. También conocemos de famosos mímicos que han ganado buena fama y fortuna haciendo sólo mímica. Con sus características caras blancas, nos hacen pasar un rato agradable tratando de descifrar qué nos están tratando de decir o a quién están tratando de imitar.

Desde niños aprendemos a usar la mímica para conseguir nuestros objetivos. Y de grande, la perfeccionamos. Algunos han trabajado arduamente en perfeccionarla, a tal punto de que nos es imposible distinguir si lo que dicen es verdad o es falso. Con sus caras cubiertas por una careta blanca que nos impide distinguir sus facciones, imitan a la perfección a sus ídolos. Entonces nos preguntamos: ¿son o no son? ¿Son reales o simplemente vivimos en una fantasía creada por ellos? Y como buenos espectadores que vemos al mimo parado en la tarima del teatro, simplemente gozamos el show y aplaudimos fuertemente su magnífica actuación al final del programa. Son actores, después de todo, deseosos de que su interpretación gestual les abra el camino a una verdad que sólo ellos pueden imaginar.

¿Podemos reconocer a un mimo cuando lo vemos? En un teatro, tal vez; pero en la vida real es muy difícil. Su interpretación es tan buena que difícilmente podemos reconocerlo. Por eso, caemos en su mundo irreal y falso sin darnos cuenta. Cuando descubrimos la verdad, es demasiado tarde. Sólo nos queda reírnos de ellos y felicitarlos por su magnífica actuación que de seguro les tomó muchos años perfeccionar.

La autora es comunicadora social

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