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Reportaje especial
Panamá, domingo 26 de noviembre de 2006
 

SIN RENDICIÓN DE CUENTAS.

Tristeza en los días feriados

770445Betty Brannan Jaén

West Orange, New Jersey. -En Panamá, las fiestas de noviembre se han celebrado a la sombra de dos tragedias atribuibles a incompetencia o indiferencia gubernamental. Veo paralelos con la manera en que la guerra en Irak ensombreció la fiesta de Thanksgiving ("Acción de Gracias" o más comúnmente, "Día del Pavo") que los norteamericanos celebraron acá este fin de semana.

Comienzo por señalar, nuevamente, que como Estados Unidos tiene una población cien veces más grande que la panameña, los 60 muertos panameños en estas dos tragedias serían el equivalente --en escala-- de 6 mil muertes en Estados Unidos. La diferencia es que en Estados Unidos, hay mecanismos más eficaces para exigir la rendición de cuentas que debiera haber en una democracia y hay contrapesos institucionales que influyen sobre las decisiones del Ejecutivo; pero ni siquiera acá hay un sistema perfecto.

Aun así, quiero pensar que así como la enormidad de la tragedia entristeció las fiestas en Panamá este año, Irak ha entristecido el Thanksgiving aquí. De por sí, esta es una fiesta controversial porque si uno lo mira analíticamente, Thanksgiving celebra la masacre de los indígenas y el robo de sus tierras, crueldad que fue particularmente despiadada porque los primeros indígenas habían recibido gentilmente a los colonos ingleses. Pero en los casi 400 años desde el primer Thanksgiving (en 1621), las partes feas del cuento se han quedado por fuera y el Día de Pavo ha pasado a ser un día que sin pena celebra abundancia y glotonería junto al materialismo desenfrenado; en los baratillos del viernes después de Thanksgiving siempre hay estampida --literalmente-- en las tiendas.

Este año, sin embargo, quiero pensar que entre hartadas y compras hubo muchos norteamericanos que reflexionaron sobre las verdades crueles de una guerra equivocada que jamás debió lanzarse. Casi tres mil familias estadounidenses se sentaron a la mesa el jueves encarando el puesto vacío donde ha debido estar un hijo o una hija que ha muerto en la guerra de Irak. Otras 30 mil familias (quizás más) se sentaron a la mesa dando gracias por el hecho de que su hija o hijo se salvó de morir en Irak, aunque ha regresado con heridas muy, muy graves. Y unas 150 mil familias se sentaron a la mesa rezando por un hijo o una hija que está ahora mismo en Irak, donde su vida está en peligro cada minuto de cada día.

Si así fue la cena de Thanksgiving en todas partes de Estados Unidos este año, en Irak aquello de "dar gracias" habrá parecido un chiste cruel. Como si la violencia allí ya no fuera suficientemente horripilante, el mismo jueves hubo una serie de bombas en Bagdad que mataron a 215 personas. Hubo ataques que obligaron a cerrar el aeropuerto. Y el día siguiente, seis iraquíes fueron incinerados en vivo al salir de una mezquita. Associated Press comentó que lo escalofriante de este último incidente no es el número de muertos, sino el método brutal de su ejecución. Desde hace meses se han estado encontrando unos 50 cadáveres iraquíes al día, casi siempre víctimas de tortura y decapitación. Luego se agregó la novedad de bombas suicidas en los funerales de esas pobres personas. Y ahora surge la táctica de quemar gente en las plazas públicas. Nadie sabe si el número de muertos está por decenas de miles o cientos de miles. ¿Quién puede pensar en "acciones de gracias" en medio de una situación tan horrible?

George W. Bush puede. La Casa Blanca anunció el menú de Thanksgiving que fue servido este año en la casa de campo presidencial en Camp David, Maryland. La familia Bush --que no incluye un solo militar en Irak-- comió pavo asado con relleno de pan de maíz, salsa de arándanos, habichuelas salteadas, zapallo gratinado, puré de camote, papas majadas, pastel de calabaza [el tradicional pumpkin pie], mousse de calabaza, y pastel de manzana. Antes de sentarse a la mesa, Bush llamó por teléfono a diez familias con militares en Irak, pero no tuvo la valentía de llamar a familias que han perdido seres queridos allá o a soldados que han regresado discapacitados. Este es el mismo presidente que hace tres años se hizo fotografiar compartiendo la cena de Thanksgiving con las tropas en Irak; después se descubrió que el pavo era plástico.

Basta. Una genuina "acción de gracias" requiere que Bush reconozca el sufrimiento que ha causado y que le ponga fin.

La autora es corresponsal de La Prensa

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