| CONFLICTO.
Otro asesinato en Líbano
Aún es muy pronto para saber quién ordenó el asesinato del ministro libanés Pierre Gemayel en esta semana, pero existen muchas razones para sospechar de Siria. Gemayel se oponía a la incesante campaña de Siria por dominar la frágil democracia de Líbano. Si el Gabinete ahora pierde incluso a un ministro más, sea mediante intimidación o algo peor, el gobierno prooccidental de Líbano se vendrá abajo; colapso que Hizbulá, el aliado y secuaz de Siria, ha estado buscando de manera pública.
En un Oriente Medio plagado por constantes tragedias y derrotas, la Revolución Cedro de Líbano y la expulsión de tropas sirias del año pasado fue una inusual y preciada victoria. Estados Unidos y la comunidad internacional ahora deben unirse para darle apoyo al Primer Ministro Fouad Siniora: a través de recursos económicos, asesores de seguridad y cualquier cosa que pudiera ayudarle a sobrevivir tanto a él como a su gobierno.
A Damasco también se le debe informar que pagará un alto precio en desprecio, aislamiento y sanciones si se descubre que ordenó la muerte de Gemayel, o las muertes o mutilaciones de media docena de otros políticos y periodistas opuestos a Siria. A Hizbulá hay que decirle que será proscrito si trata de hacerse del poder mediante actos ulteriores de violencia o intimidación.
La Organización de Naciones Unidas dio un importante paso esta semana, aprobando la creación de un tribunal para enjuiciar a los asesinos de Rafik Hariri, un ex primer ministro sirio. El único interrogante aquí radica en saber qué oficial sirio dio la orden.
Esta página cree que Estados Unidos necesita dar inicio a un diálogo con Siria, con respecto a Irak y la paz regional. Sin embargo, el Presidente Bashar Assad necesita comprender que ni el tribunal ni la independencia de Siria estarán alguna vez sobre la mesa de negociaciones. Europa, Rusia y la totalidad de los vecinos de Siria tienen que unirse a Washington para enviar ese mensaje.
Hizbulá ha estado insistiendo en tener poder de veto sobre todas las decisiones del gobierno, incluso en lo concerniente a si éste participará en un tribunal de la ONU. Si existe algún bien posible a partir de la muerte de Gemayel, es que Hizbulá ahora tendrá que posponer el plan que anunció para convocar a miles de manifestantes a las calles para derrocar al gobierno. Nosotros tenemos la esperanza de que Siniora pueda usar estos momentos para convocar a la mayoría de libaneses que aún cree en la reconciliación nacional y el espíritu de la Revolución del Cedro.
Nosotros exhortaríamos a la secretaria de Estado de Estados Unidos, Condoleezza Rice, a que viaje de inmediato a Beirut, aunque no estamos seguros de que ella sería bienvenida luego que el Presidente Bush fracasara el verano pasado para contener la desastrosa guerra por aire de Israel. Rice aún podría lograr algo positivo si llevara consigo a un grupo considerable de europeos y cancilleres árabes de tendencia moderada. Ese es un triste reconocimiento acerca de los límites de la influencia estadounidense. Empero, Siniora necesita toda la ayuda que pueda obtener.
Editorial de ayer de The New York Times
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