| DISCRIMINACIÓN.
Mujeres como víctimas de la violencia laboral
Haydée Méndez Illueca
La violencia se manifiesta en muchas formas en el ámbito laboral. Sus víctimas pueden ser hombres o mujeres, pero las mujeres son las víctimas principales de este flagelo, que puede llevar hasta el suicidio del trabajador o la trabajadora. La misma es violatoria de los derechos humanos y se puede manifestar de diversas formas, a saber: discriminación salarial, acoso sexual; hostigamiento (ambiente hostil de trabajo); favoritismo sexual; y acoso moral (mobbing). Todas tienen efectos graves sobre la salud física y mental de las víctimas, así como sobre su productividad y el rendimiento de la empresa o institución donde trabajan.
La discriminación salarial es la más extendida de todas las violencias, aunque pocas personas conocen las estadísticas que la comprueban. Resulta que, según el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer, en todos los países del mundo los salarios de las mujeres, en trabajos comparables, son entre 30% y 40% más bajos que los de los hombres. A pesar de tener un promedio de dos años más de estudio que los hombres, las mujeres en Panamá ganan menos del 60% de lo que ganan los hombres en trabajos comparables, lo que revela la persistencia de prácticas discriminatorias en su contra (PNUD / Unifem / UP).
El papel de las mujeres no siempre es visible ni reconocido. Cuando se contabiliza la población no económicamente activa (PNEA) no se toman en cuenta las innumerables responsabilidades que desempeñan las amas de casa, que conforman 64% de la PNEA; tampoco el trabajo de las mujeres rurales, que cultivan huertos caseros, crían animales, trasladan leña y agua a sus viviendas, siembran, cosechan y comercializan productos agrícolas y artesanías fabricadas por ellas mismas cerca de sus hogares. El 21% de la PEA labora como empleadas domésticas, con horarios de trabajo extendidos, pocas prestaciones y mucha inestabilidad (PNUD / Unifem / UP).
El acoso sexual es la violencia más conocida de todas, y consiste en una conducta de naturaleza sexual no deseada por la víctima, que puede ser física, verbal, gráfica, escrita o gestual. Puede darse de jefe hacia subalterna (acoso vertical), cuando un jefe amenaza con pérdida de beneficios laborales si la subalterna no le concede favores sexuales, o le promete beneficios laborales si lo hace. En estos casos es una manifestación de poder. No obstante, el acoso sexual también puede provenir de un compañero de trabajo, que aunque no tiene ningún poder sobre la víctima, sí la incomoda, la molesta, y puede afectar su desempeño en el trabajo o sus relaciones de pareja.
El hostigamiento o ambiente hostil de trabajo se refiere a las burlas o comentarios sobre la anatomía femenina; afiches o fotografías de mujeres desnudas en el sitio de trabajo; chistes obscenos; referencias indirectas a la incapacidad de la mujer; o cualquier conducta que se refiera al género de la víctima, que la incomode y le haga difícil la vida en el trabajo.
El favoritismo sexual consiste en los perjuicios que sufren otros empleados/as o estudiantes cuando un superior jerárquico o profesor mantiene relaciones sexuales con una empleada o estudiante, quien se convierte en su ‘favorita’ y goza de privilegios que no se le conceden a los otros u otras.
Por otro lado, el acoso moral o mobbing, aunque no relacionado con el género, lo sufren mayormente las mujeres. Se trata de ridiculizar, amenazar, aislar, humillar o desacreditar profesionalmente a la víctima, con la consiguiente degradación del clima laboral. Esta nueva forma de violencia laboral fue identificada en la década de los 80 y busca la destrucción moral de la víctima por celos profesionales, envidia o miedo a que la víctima le haga sombra. En el 70% de los casos se trata de superiores jerárquicos con personalidad psicopática, profesionales mediocres con complejo de inferioridad apoyados por el silencio de un grupo. Muchas veces las víctimas no son conscientes de serlo, pero su salud física y psíquica se afecta, se reduce su autoestima, tienen una sensación de vacío y desesperanza, sufren cambios de personalidad y pueden llegar hasta salir de la empresa o suicidarse.
La autora es abogada
Además en opinión
• La necesidad de la religión: I. Roberto Eisenmann, Jr. • Mujeres como víctimas de la violencia laboral: Haydée Méndez Illueca • Las lecciones de la historia: Patricia Pizzurno • Tamizaje neonatal: Gladys Cossio • Corrupción, pobreza, riqueza y desarrollo: Darío Suárez
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