| UN CASO NO REPORTADO.
‘¡Esa medicina es mala!’
765693José Mariano Borace Zicari
El pasado 4 de octubre del año que decurre, nuestra querida progenitora, María Zicari de Borace, apagó sus hermosos ojos verdes a la luz terrenal en la Sala de Cuidados Intermedios del Complejo Metropolitano Hospitalario Dr. Arnulfo Arias Madrid, después de un prolongado fin de semana de agonía (envenenamiento por no orinar).
Su hospitalización, desde el 11 de septiembre fue ordenada por su médico endocrinólogo, por una úlcera en el pie derecho. Luego de una primera complicación, la cual fue superada con un pronóstico en contra del 90%, según el endocrinólogo-funcionario, encargado de la sala de mujeres del IV piso, ella se recuperaba satisfactoriamente.
Al pie diabético se le curaba a diario in situ y algunas veces, en el V piso de la consulta externa. En dos ocasiones estuve personalmente en estas curaciones con dos excelentes enfermeras especializadas en dichos menesteres. En la primera de ellas, salí un poco preocupado porque sangraba poco, pero en la segunda, el jueves precedente al deceso, salí con mayor confianza al observar personalmente el trabajo de "Miss Centella" y ayudarle a sostener el pie derecho por más de una hora. En esta segunda ocasión, el sangrado fue mucho más profuso y, en consecuencia, con mejor expectativa en su curación.
Sin embargo, el domingo 1 de octubre, mamá se nos complicó, volviendo por segunda ocasión al salón de cuidados intermedios. En días previos había tenido vómitos y diarrea y se le había tratado de hacer un examen de orina de manera convencional y por medio de sonda, pero sin ningún resultado. Al mismo tiempo, se anunciaba en los medios la emergencia médica sobre la aparición del Síndrome de Insuficiencia Renal Agudo (SIRA), de cuyos síntomas, desde mi punto de vista personal, mamá demostraba tener casi todos, especialmente el de la parálisis renal, de la cual no salió hasta su desenlace fatal.
Uno de los galenos nos manifestó el día dos de octubre, que la señora María de ese lunes no era la misma que la señora María del viernes precedente... ¿Había sucedido algo?
Dadas sus condiciones y edad no se le podía hacer diálisis, esperando que sus riñones empezaran a funcionar por sí solos, milagro que no se nos concedió. Entendíamos que al no funcionar sus riñones, ella se estaba envenenando y por ello respiraba de una manera muy agitada el oxígeno conectado. Luego de las dos convulsiones del día martes, el día de San Francesco d´Assisi (miércoles), abrió sus ojos al mundo de la eterna luz.
El certificado de defunción estableció como las causas del deceso las siguientes: diabetes mellitus, insuficiencia renal aguda y bronconeumonía. Esa misma noche, un amigo doctor que había seguido el proceso, antes de viajar a un congreso científico en el exterior, pasó por la casa a mostrar su solidaridad con nosotros, confirmándonos que mamá no había muerto por el SIRA.
El 11 de octubre, una semana después del deceso de mi señora madre, en las frecuentes conferencias de prensa de las autoridades de Salud, anuncian cuatro causantes de las muertes por el SIRA, medicamentos producidos por la Caja de Seguro Social, entre ellos, el jarabe expectorante sin azúcar. Con ello nuestra intuición se convirtió en certeza: ¡Mamá sí murió por el SIRA! Esas declaraciones le echaron sal a la herida aún abierta por el deceso de mi querida madre, produciéndonos llanto, enojo y sentimientos de culpa a mi hermana por haberle ella misma suministrado dos de las veces el veneno en forma de jarabe, el viernes precedente a su deceso. Ese día expresó en sus últimas y poquísimas palabras, que "¡esa medicina es mala!", y no solo por la falta de azúcar…
La cicuta de marras se le dio desde el 27 de septiembre hasta el 1 de octubre, es decir, por cinco (5) días, siendo ésta la génesis de los síntomas referidos con antelación.
Los valores de creatinina, durante el período antes señalado pasaron de 0,3-0,5 (normales) los días 12, 13, 14, 20, 21 y 27 de septiembre de 2006, a 4,4, 5,0, 5,1 y 6,1 los días 1, 2 y 3 de octubre del 2006. Como es fácilmente observable, luego de ingerir el jarabe expectorante los valores de la creatinina saltaron a 780% - 1120%, produciéndose la parálisis renal.
En virtud de lo cual, con todo respeto y humildad, solicitamos se reconsidere el deceso de nuestra madre como otra defunción por el SIRA, generadas en las propias instalaciones de salud y que las investigaciones no sólo sean profundas, sino imparciales y todo lo que ello implica, que no se le vaya a dar protección a amigos, familiares, copartidarios, ¡ni a nadie!, y que la justicia impere prístina y transparentemente.
Llama poderosamente la atención que nuestra madre ponderó siempre en buenos términos nuestra seguridad social, pero resulta paradójico que en el otoño de su vida, la institución CSS le conculcase sus derechos a la vida, salud y seguridad social y que la misma deje de ser fuente de inspiración a los Dante Alighieri y su Divina Comedia.
Hace unos días nos tocó participar de un Foro Multidisciplinario sobre los Derechos Humanos, en el cual me referí al derecho a la salud, y a la vida, consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en nuestra propia Constitución Nacional.
A nuestros estudiantes y colegas de la Universidad de Panamá les señalé nuestra honda y sincera preocupación por hechos como el SIRA, el accidente del bus y el gran abstencionismo del referéndum sobre el Canal. Al parecer, no sólo los riñones y la ciudadanía se paralizan, sino la propia institucionalidad del Estado nacional, por lo cual imploramos a Dios Todopoderoso nos ilumine a todos y nos muestre el camino para salir de esta parálisis social general.
El autor es economista y docente universitario.
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